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Chiautla y Tlanichiautla: origen y construcción espiritual. Capítulo 18

Actualizado: 25 may

Gildardo Cilia López


La fotografía, tomada entre 1902 y 1903, es espléndida, véase al señor con su bicicleta (Fuente: Memorias y revista de la Sociedad Científica Antonio Álzate, Tomo 36, Primera parte, junio de 1917)
La fotografía, tomada entre 1902 y 1903, es espléndida, véase al señor con su bicicleta (Fuente: Memorias y revista de la Sociedad Científica Antonio Álzate, Tomo 36, Primera parte, junio de 1917)

Entre 1862 y 1867, la lucha armada tenía un cauce patriótico: se combatía en contra del ejército francés y de las fuerzas conservadoras que sostenían al imperio de Maximiliano de Habsburgo. El entorno cambió durante el periodo conocido como “República Restaurada”, en donde las causas de los que se rebelaban respondían más al propósito de alcanzar espacios de poder político; haciéndose presentes ambiciones personales, más que el de encauzar al país a una vida más democrática.


La revolución de Tuxtepec, encabezada por Porfirio Díaz, so pretexto de una efectiva democracia, derrocó al presidente Sebastián Lerdo de Tejada. La frase de Porfirio Díaz pronunciada por primera vez en el Plan de la Noria, al rebelarse contra Juárez: “Que ningún ciudadano se imponga y perpetúe en el ejercicio del poder, y ésta será la última revolución”, se hizo ridículamente mendaz cuando en la cúspide del poder se reeligió seis veces. Juárez pudo contener la ambición personal de Díaz, Lerdo ¡no!


Al proclamarse el Plan de Tuxtepec, en enero de 1876, se registraron diferentes batallas entre las fuerzas federales y los rebeldes porfiristas. El triunfo definitivo de los sediciosos se dio en la batalla de Tecoac, del 16 de noviembre de 1876, en Huamantla, Tlaxcala. Esto le permitió a Porfirio Díaz asumir por primera vez la presidencia de la República el 28 de noviembre de 1876.


No se podía concebir en 1876 que se estaban erigiendo los cimientos de una dictadura. Los hombres de buena fe - como los de Chiautla - que apoyaban a Díaz no podían darse cuenta de que el lema de la no reelección provenía de un líder que se iba a perpetuar en el poder durante más de 30 años.


¿La razón histórica la tenían Juárez y Lerdo y no Porfirio Díaz? Esa pregunta sólo se podría contestar si se analizan sus gobiernos. El sesgo antidemocrático de Juárez y Lerdo de Tejada se centraba en el hecho de que constitucionalmente podían reelegirse, siendo un obstáculo para que otros pudieran tener acceso al poder. Después de ocupar la presidencia y siendo la principal causa de su rebelión, por simple coherencia, Díaz tenía la obligación histórica de corregir lo que concebía como una irregularidad democrática.


La República Restaurada


La “Republica Restaurada” abarca un período de casi 10 años, de 1867 a 1876. Inició con la caída del Segundo Imperio Mexicano y concluyó con el ascenso de Porfirio Díaz a la presidencia de la República. Contempla, en consecuencia, tanto la presidencia de Benito Juárez (1867 a 1872) como la de Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876).


El Manifiesto proclamado por el presidente Benito Juárez en la Ciudad de México, el 15 de julio de 1867, se sustentaba básicamente en la restauración de la República, estableciendo que esta, en realidad, nunca había dejado de existir, que andaba itinerante por diferentes puntos del territorio nacional, volviendo ahora a su capital original. Es importante reproducir en forma más amplia el Manifiesto del que sólo se repite el apotegma inmortal:


“Mexicanos: El Gobierno nacional vuelve hoy a establecer su residencia en la ciudad de México, de la que salió hace cuatro años...


Después de cuatro años, vuelve el Gobierno á la ciudad de México, con la banda de la Constitución y con las mismas leyes, sin haber dejado de existir un solo instante dentro del territorio nacional…


Mexicanos: Encaminemos ahora todos nuestros esfuerzos á obtener y á consolidar los beneficios de la paz. Bajo sus auspicios, será eficaz la protección de las leyes y de las autoridades para los derechos de todos los habitantes de la República.


Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.


Confiemos en que todos los mexicanos… cooperaremos en lo de adelante al bienestar y á la prosperidad de la nación, que sólo pueden conseguirse con un inviolable respeto á las leyes, y con la obediencia á las autoridades elegidas por el pueblo.


En nuestras libres instituciones, el pueblo mexicano es el árbitro de su suerte. Con el único fin de sostener la causa del pueblo durante la guerra, mientras no podía elegir sus mandatarios, he debido, conforme al espíritu de la Constitución, conservar el poder que me había conferido. Terminada ya la lucha, mi deber es convocar desde luego al pueblo, para que sin ninguna presión de la fuerza y sin ninguna influencia legítima, elija con absoluta libertad á quien quiera confiar sus destinos”. (1)


Los dos últimos párrafos se tienen que leer con especial cuidado. Juárez, fiel a las leyes, nunca rompió con la legalidad constitucional. La legitimidad, ante todo. Había asumido el poder ejecutivo en forma interina en 1858, cuando estalló la “Guerra de Reforma”; y al concluir este conflicto, en 1861, había sido electo como presidente de la República, por lo que su presidencia concluía en 1865. Sin embargo, las condiciones de extrema inestabilidad, derivadas de la intervención francesa y del Segundo Imperio, obligaron a tomar una decisión metaconstitucional: la de ampliar su estadía en el gobierno por dos años más; ello, sufriendo la oposición y crítica de personajes como Jesús González Ortega o Guillermo Prieto, que no querían ver que era imposible llamar a elecciones en el entorno de guerra que se vivía en el territorio nacional. El presidente itinerante se encontraba en ese años en el Norte de país, en “Paso del Norte”, hoy Ciudad Juárez.


Al reelegirse Juárez, en 1867, había, tal vez, ambición personal, pero no una pretensión ilegal, la Constitución de 1857 no impedía la reelección. Más allá de lo que establecía la carta magna, debe pensarse en su conciencia crítica: su preocupación era encauzar a México por el sendero de la armonía política y de la normalidad constitucional. Esto no estaba garantizado, gran parte de la población se encontraba con fusil en mano y existían liderazgos militares que estimaba constituían un riesgo latente para el orden republicano.  


Su liderazgo, solvencia moral e inteligencia política le permitieron forjar un proyecto de nación, al mismo tiempo de convertirse en escudo para detener los impulsos de los lideres castrenses y debilitar el sesgo pretoriano que amenazaba a nuestra sufrida República. Cito textualmente a Francisco Zarco que predice la contribución del presidente de Guelatao en este periodo histórico:


“Creemos, sí, que si la mayoría de los mexicanos han honrado a Juárez con la suprema magistratura, ha sido porque los honrosos antecedentes de este ciudadano, su patriotismo, su constancia y su fe en la independencia y en las instituciones, lo hicieron digno de la confianza del pueblo…Sin profesar la teoría de los hombres necesarios, nadie puede negar los méritos indisputables del actual presidente de la República; y cuando Juárez descienda del poder, aun cuando no está libre de faltas ni de errores, será seguido de la estima y del reconocimiento de sus conciudadanos”. (2)


Daniel Cosío Villegas considera a la “República Restaurada” como una etapa cumbre en la historia política de México. El director intelectual y autor de cinco de los tomos de la monumental obra “Historia moderna de México” considera que Juárez emprendió una serie de acciones que le dieron un cariz único de libertad a la República; en eso coinciden autores de diferentes ideologías. Citemos a Álvaro Cepeda Neri:


“No ha tenido la nación a un conductor del Estado como el indio de Guelatao… Por eso es que Juárez sigue siendo nuestro punto de referencia histórica nacional y universal. Tirios y troyanos, al final, presumimos de Juárez para competir con los Estadistas universales que han conducido sus gestiones al liberalismo político, la democracia, el imperio de la ley, los derechos humanos y las libertades”. (3)


Hagamos una apretada síntesis de lo que expresa Cosío Villegas sobre el periodo de la República Restaurada y consecuentemente de Juárez y de Lerdo Tejada:


  • La honradez y austeridad republicana. Al respecto Cosío Villegas escribió que Juárez poseía “una honestidad personal tan natural, tan congénita, que parecía no costarle esfuerzo alguno mantenerse al margen de toda ganancia ilícita; y esa virtud, rara en cualquier tiempo y más en el suyo, le daba una autoridad moral incontrastable sobre sus colaboradores y enemigos". (4) Esto llevó a una decencia inalcanzable en el servicio público, misma que no se ha replicado con el paso del tiempo y que ahora debe replicarse efectivamente.

 

  • La vigencia auténtica de la Constitución de 1857 y la modernización del Estado mexicano. Se respetó el laicismo y el federalismo; además la desamortización de los bienes de la iglesia modificó la forma de la propiedad y generó usos productivos o nuevas edificaciones en sitios que parecían inmutables por estar en posesión de “manos muertas”; lo que le dio, a su vez, más recursos al gobierno al tomar una porción de las ventas de estos terrenos o por las contribuciones fiscales.  La Ley Orgánica de la Instrucción Pública (1867), por su parte, estableció que la educación básica debería ser laica, gratuita y obligatoria; y se fundó la Escuela Nacional Preparatoria, convirtiéndose también este espacio educativo en un contrapeso de la educación eclesiástica.

 

  • La libertad de crítica y el respeto irrestricto a la división de poderes. La sociedad contó con una verdadera libertad para disentir y debatir ideas cuando no se recurría a la violencia y se respetaban las leyes; la libertad de prensa se hizo irrestricta y el debate político genuino. Había una efectiva división de poderes, sin que hubiese interferencia alguna del ejecutivo en los poderes legislativo y judicial.


No en pocas ocasiones Juárez o Lerdo de Tejada recibían críticas que excedían el terreno de lo mordaz en la prensa; o el Congreso de la Unión frenaba iniciativas presidenciales. La Suprema Corte de Justicia funcionaba con magistrados independientes que eran designados mediante un sistema de elección indirecta.

 

  • Elecciones reales y competidas. Las elecciones no estaban decididas de antemano; asimismo, las disputas en los colegios electorales eran auténticas y las agrupaciones civiles en defensa del voto se constituían en fuerzas activas de la voluntad ciudadana. La manipulación electoral que reinició con el porfirismo sólo se pudo erradicar más de cien años después y con ciertos bemoles .

 

  • Modernización de la infraestructura. Se introdujo en el país la red ferroviaria y se expandió el sistema telegráfico. Debe reconocerse que esto se fortaleció en el porfiriato, incluyendo a la red telefónica y al servicio postal mexicano, convirtiéndose en uno de sus principales aciertos.


  • Desmilitarización del Estado. Juárez redujo drásticamente el ejército de 80 mil a 20 mil efectivos y desactivó las facultades extraordinarias de los jefes militares. La sobrevivencia de la Republica dependía en sumo grado de que el ejército fuese una institución subordinada al poder civil, para ello se tenía que debilitar su fuerza fáctica que podía extraviar el rumbo de la nación mediante amenazas o asoladas militares. El propio Porfirio Díaz mantenía una inmensa popularidad y contaba con tropas leales a él y no a la República. Para restar la concentración de ese poder Juárez reorganizó el ejército en cinco divisiones, otorgándoles a los principales referentes castrenses, Mariano Escobedo, la división del Norte y a Porfirio Díaz, la división del Oriente.

 

Desde el punto de visto económico y administrativo no reducir al ejército en forma significativa hubiera implicado entrar a una crisis fiscal. ¿Cómo sostener a un ejército de 80 mil personas con finanzas públicas deshechas?

 

Ese debilitamiento generó molestias en los comandantes militares, por supuesto, se les restaba poder. Las tropas licenciadas, por su parte, reaccionaban rebelándose en los pueblos y en las regiones.


Porfirio Díaz contendió en las elecciones presidenciales de 1871, pero no aceptó los resultados electorales. Con la promulgación del Plan de la Noria se rebeló, Sóstenes Rocha supo mantenerlo a raya, aunque no suprimió del todo la amenaza. Tal vez, Juárez no actuó con toda la fuerza del Estado, quizás por la condición de Díaz de ser héroe defensor de la República. Cinco años después mediante un golpe de estado arribaría al poder.


Entrada triunfal de Benito Juárez a la Ciudad de México, 15 de julio de 1857. (Fotografía tomada de "Memoria política de México, Edición perenne, 2025).
Entrada triunfal de Benito Juárez a la Ciudad de México, 15 de julio de 1857. (Fotografía tomada de "Memoria política de México, Edición perenne, 2025).

La fundación del Estado de Morelos


La fundación del Estado de Morelos durante la “República Restaurada” resulta ejemplar para explicar la insubordinación y el grado de violencia en la que vivían diferentes regiones del país. Conviene primero hacer referencia al conjunto de formas de agitación social:  

    

  • El bandolerismo, de lo que se está hablando es de personajes sin ideología que mediante el pillaje obtenían ganancias fáciles y que sabían acomodarse a los diferentes bandos políticos para facilitar sus atracos o para alcanzar cierto ascenso social. Su vínculo con los desposeídos es dudoso, con frecuencia arrasaban comunidades y pueblos.

 

  • Los caciques y jefes militares resentidos que formaban gavillas o fuerzas opositoras al régimen, que haciendo daño presionaban al gobierno para recuperar privilegios o canonjías.


  • Las tropas dadas de baja que se organizaban en grupos de bandoleros y que asolaban pueblos y regiones. Estas gavillas siempre estaban dispuestas a adherirse a rebeliones para mostrar fehacientemente su indignación contra Juárez y Lerdo.

 

  • También, como bien señala Friedrich Katz, la agitación se podía vincular a causas auténticas o legitimas por usurpaciones de tierras o enfrentamiento entre castas; o porque los pueblos se adherían a causas de líderes revolucionarios que buscaban cambiar la estructura de la propiedad o el orden social establecido.


El Estado de Morelos fue terreno fértil para el bandolerismo y la rebelión. Palidecía la ley, como si la justicia estuviera ahogada ¡Muerta! Muchos pueblos se identificaron con los bandidos, hasta idealizarlos; haciéndolos, paradójicamente, benefactores de los pueblos o los encumbraba como líderes liberales o republicanos.


En una larga extensión territorial de Morelos y Puebla, bandidos conocidos como los “Plateados”, se convirtieron en leyenda que aún pervive. La excesiva ponderación hacia ellos no sólo provenía del pueblo, sino de algunos intelectuales, que incluso los comparaban favorablemente con aquellos que encausaban verdaderas causas sociales. Con un dejo hasta de clasismo, el historiador y cronista Lamberto Popoca y Palacios señalaba lo siguiente:


“Los plateados fueron bandidos elegantes, republicanos y nobles, y los zapatistas eran <criminales excarcelados, exentos de todo sentimiento…son cafres salvajes y vergüenza para México en pleno siglo XX>"(5)


Carlos Barreto Zamudio ofrece datos que permiten relacionar a uno de los jefes históricos de los “Plateados”, Salomé Plascencia, con las causas liberales, uniéndose a destacados lideres como Juan Álvarez o poniéndose al servicio de los gobiernos liberales. Aunque así haya sido, tiempo más tarde Plascencia al mando de los “Plateados” se dedicó al bandidaje, convirtiéndose en una figura representativa de estos núcleos de rufianes.


Los “Plateados”, conforme al escritor y cronista Pedro Robles, terminaron convirtiéndose en una opción adicional a los liberales y conservadores, es decir, en una tercera vía, pero con características indeseables:


Una tercera entidad saltó a la lid sin bandera, sin plan político, sin más fin que el robo, el incendió, el plagio y el asesinato proditorio. <Viva el hacha y su sano filo>…era la señal de luto y consternación para los indefensos pueblos…a quienes en conjunto y militarmente se les llamaba “Plata”. (6)


Fueron los pueblos afectados o las personas lastimadas los que organizados pudieron socavar a la horda plateada. Las fuerzas imperiales, entre 1862 y 1864, lograron cierta sofocación. Sin embargo, los grupos civiles originarios de Yecapixtla y Mapastlán le dieron muerte a Salomé Plascencia, desmembrando a los plateados entre 1863 y 1864. No deja de ser interesante mencionar que dentro este grupo de “justicieros” ante el crimen se encontraba Cristino Zapata, tío de Emiliano Zapata.


Existen quienes quieren hacer converger a Zapata con la vestimenta de los plateados. Según Robles estos vestían con una chaqueta de gamuza – piel de venado – todo adornada con espiguilla de plata y lentejuela. Un águila bordada de plata maciza abarcaba toda la espalda (y la) pantalonera tenía gruesos botones colgantes (de plata) … la hebilla también era de plata. Sombrero profusamente adornado con anchos galones bordados (de plata) … Los arneses de la silla de montar estaban todos bordados (de plata) y las riendas eran cadenas de plata. (7) ¿Elegancia?, más bien, ostentación extrema. ¡Mal gusto!


En una entrevista del periódico “El Imparcial”, efectuada por Luis G. Malváez, en mayo de 1911, se le preguntó a Zapata si se consideraba un “plateado”, tal como lo calificaban los hacendados. Al respecto respondió: “No señor, los plateados, eran ladones. Yo soy agricultor y defiendo lo que es nuestro. Si visto así es porque es el traje de mi tierra, pero no ando robando por los caminos”. (8) Y sí, habían pasado cincuenta años desde la moda de los plateados y vestía, cuando la ocasión lo ameritaba, como un elegante caporal, como un charro morelense. Regresemos a nuestra narración.


La violencia siguió siendo irrefrenable, la banda de los plateados parecía desmantelada, pero las gavillas reminiscentes se extendieron hacia Chiautla y al distrito vecino de Acatlán. Esta inquietante situación se hizo palpable en noviembre de 1868, cuando el gobernador de Puebla, Rafael J. García, le informó al presidente Benito Juárez lo siguiente:


(Para el bien general es necesario se expidan) “muchos de los decretos que he iniciado y son urgentísimos, como los de Reforma de la ley de ladrones, proyecto de fondos para el ferrocarril, ley orgánica para la administración política, formación de catastro, etc., pero muy principalmente la autorización que con insistencia he pedido para levantar fuerzas y dar seguridad al estado.


Tenía yo algunas fuerzas en la Sierra, en Matamoros y en Chiautla mientras se pacificaban completamente los distritos y podía purgarlos de los malhechores que los infestan…


Los de Chiautla, amedrentados por la fuerza de la federación, que la bondad de usted me permitió mandar a ese punto, se organizaron y dirigieron a Acatlán donde por sorpresa entraron al amanecer del 26, se apoderaron del armamento y parque, sacaron y armaron a los presos, rompieron el archivo del juzgado y saquearon las principales casas de la villa”. (9)


Entendiendo Juárez que la región requería de especial atención, el 17 de abril de 1869, emitió un decreto mediante el cual se fundaba el Estado de Morelos como Estado Libre y Soberano, separándolo del Estado de México. Esta entidad se constituyó con los distritos de Cuernavaca, Cuautla, Jonacatepec, Tetecala y Yautepec.


Con la creación del Estado de Morelos, las medidas en torno a la pacificación de la región se intensificaron. El primer gobernador de esa nueva entidad federativa, el provisional Pedro Baranda, mantuvo como su principal “eje político de acción el apaciguamiento de la región y derivado de una campaña por el suroriente de la entidad y su frontera con Puebla informó que en Chiautla fueron aprehendidos cinco individuos conocidos por ladrones y plagiarios. Estos fueron fusilados, y otro plagiario a quien se le marcó el alto y emprendió la fuga, fue muerto en el camino por la escolta”. (10)


Creación del Estado de Morelos (Fuente: Gobierno de México. Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, 17 de abril de 2017)
Creación del Estado de Morelos (Fuente: Gobierno de México. Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, 17 de abril de 2017)

El Plan de Jonacatepec


En 1870, ya en la etapa del primer gobernador constitucional del Estado de Morelos, Francisco Leyva Arciniegas, se registró una subversión que es antecedente del Plan de la Noria. En febrero de ese año un grupo de simpatizante de Díaz proclamó el “Plan de levantamiento de Jonacatepec”, que en sus partes sustantivas señalaba:


“No debe tolerar el pueblo mexicano que los individuos que actualmente manejan las riendas del gobierno abusen del puesto que la nación les ha confiado, y tiene derecho para derrocar a mano armada un poder que contraría su voluntad, puesto que la opinión pública libremente expresada no ha sido bastante para hacer que aquellos sean retirados de los negocios públicos.


Por tal motivo:


1º. Se desconoce a don Benito Juárez en su carácter público y a los individuos que forman su gabinete (y)


2º. Se nombra Presidente interino de los Estados Unidos Mexicanos, al benemérito y cumplido Gral. C. Porfirio Díaz…” (11)


Entre los alzados se encontraba el coronel Rosario Aragón, de quién se decía había tenido nexos con los plateados. Su historial delincuencial era amplio: “lo persiguieron en la época pasada como ladrón, asesino y plagiario, como lo prueban las desfavorables informaciones que se tienen de Matamoros y Atlixco, pues allí cometió robos, estupros y asesinatos en unión de Silvestre Rojas, Salomé Plascencia y Pablo Rodríguez”.


Estos rebeldes golpistas incursionaban frecuentemente al Sur de Puebla, cuando su posición era insostenible en Morelos o cuando resentían la persecución de las fuerzas estatales y federales.


El comandante Visoso, también se había alzado contra Juárez. Antes de la revuelta de Jonacatepec, en enero de 1870, se había apoderado de Cuautla, proclamando presidente a Porfirio Díaz.


De modo que una importante avalancha de rebeldes merodeaba por el Distrito de Chiautla de Tapia. Ante esto, el 28 de mayo de 1870, el jefe político de Chiautla pide a Gobernación mandar una excitativa a los gobernadores de los Estados de Morelos, Guerrero y Oaxaca para que cooperen en la destrucción de las gavillas que merodean en los distritos colindantes con el de Chiautla, para Morelos los de Cuautla y Jonacatepec, ya que no consideraba justo que los vecinos de su jurisdicción tuvieran que sufrir la negligencia de las autoridades vecinas en la persecución de los bandidos”. (12) El gobierno federal le hizo caso.


La rebelión que se había trasladado más allá de las fronteras de Morelos, en Chiautla se extinguió con el triunfo de las fuerzas federales. Tal como se puede comprobar con la parte del Coronel Jesús Lalanne, del 23 de enero de 1871:


“Ayer 22 del corriente, a las 6 de la mañana, ataqué en esta plaza a las fuerzas sublevadas que acaudillaba el titulado General Vicente Visoso (¿Vicente o Jesús María?), compuesta de unos 300 hombres de Chiautla, Chietla y Jonacatepec. Después de 4 horas de fuego fueron completamente dispersas, dejando en el campo 18 muertos y en nuestro poder al cabecilla de Jonacatepec, C. Antonio Rojas. Visoso huyó con rumbo a Teotlalco. La población me recibió con entusiasmo”. (13)


Las fechas resultan interesantes, el pronunciamiento de “La Noria” se dio el 8 de noviembre de 1871, pero desde dos años antes existía una subversión contra Juárez en el Estado de Morelos, en el que se proclamaba como presidente a Porfirio Díaz.  La “revolución” de la Noria no fue afortunada, Porfirio Díaz anduvo a salto de mata durante seis meses, tras la rápida respuesta y diferentes reveses ante las fuerzas juaristas.


La rebelión de Díaz no se sofocó a través de la acción militar. La muerte del Benemérito Juárez el 18 de julio de julio de 1872 y la amnistía general ofrecida por Sebastián Lerdo de Tejada dirimieron el conflicto; eso le dio el tiempo suficiente a Díaz para recapacitar sobre sus errores y preparar una nueva asolada: el Plan de Tuxtepec.


Porfirio Díaz, Plan de Tuxtepec, 10 de enero de 1876, (Fuente @scribd/Wikipedia)
Porfirio Díaz, Plan de Tuxtepec, 10 de enero de 1876, (Fuente @scribd/Wikipedia)

Tragedia y milagro en San Juan Epatlán


Existen episodios que no nos gusta relatar porque se presentan desventuras y tragedias, sin embargo, la objetividad requiere de describir los hechos tal como la narran las fuentes históricas. En el caso de la participación de tropas chiautecas en la revolución tuxtepecana, las fuentes son escasas y se omite frecuentemente lo que aconteció en la batalla de San Juan Epatlán, cerca de Izúcar de Matamoros; llevando a la falsa conclusión de que lo que aquí se narra sucedió en la definitiva batalla de Tecoac.


En el ámbito de la historia de Chiautla es necesaria consultar la “Génesis de la revolución de Tuxtepec en el Estado de Puebla.  Apuntes, memorias y recuerdos” (14) (en lo sucesivo “Apuntes”), quien la escribe utiliza un seudónimo (X X), no obstante, se considera que el autor fue el “Coronel Javier Rojas, jefe del Cuerpo Irregular Auxiliar del Ejército, quien fue testigo activo de la campaña del General José María Couttolenc Cruz en el Estado de Puebla.


Estos “Apuntes” señalan que Couttolenc recorrió varios pueblos de la Mixteca poblana en 1876: “El veintiuno (de abril) llegamos a Jolalpa, el veintidós a Chiautla, el veintitrés a Tejalpa, el veinticuatro a Piaxtla y finalmente el veinticinco a Acatlán”. Es previsible que se estuviera buscando adhesión o reclutar gente en los pueblos; de ahí se puede suponer que se entabló contacto con importantes personajes de Chiautla que estaban dispuestos a luchar por la causa de Díaz.


Luego Couttolenc se dirigió hacia Matamoros, en tanto que al autor de los “Apuntes” se le envío a Tochimilco a encontrarse “con los jefes Jesús Quiroz, Ceferino Saldívar y el coronel Guadalupe Tlapale”. Sobre los resultados de esa comisión señala lo siguiente:


Todas las fuerzas que comandaban los jefes antedichos harían un total de ochocientos hombres.


Desahogué mi comisión, manifestándoles que el general Couttolenc deseaba que permanecieran unidos a fin de que en el momento oportuno se le incorporaran; dijéronme que cumplirían con lo dispuesto, pero que antes tenían dispuesto atacar la plaza de Izúcar, aprovechando la oportunidad de que aún no habían recibido refuerzos los que ocupaban esta plaza…”


Sobre la incursión de las tropas de Chiautla y de Izúcar, días después informó:


“…cerca del pueblo de San Felipe de la Laguna (me encontré) a dos individuos que de "correos" mandaba el coronel Tlapale al general Couttolenc, dándole parte de la toma de la plaza de Izúcar…


Llegué yo a Matamoros encontrándome con que después del ataque a la plaza, se habían rendido los del Gobierno... Ya con datos precisos y detalles minuciosos, puse correo al general Couttolenc, el que… llegó por fin a Izúcar de Matamoros, el sábado veintisiete de mayo a las ocho de la mañana”.


No debo omitir algo que llama la atención: en estos “Apuntes” no se vuelve a mencionar al tío abuelo materno de Gilberto Bosques, Ceferino Saldívar Quiroz. ¿Habrá muerto en la bravía toma de Izúcar de Matamoros? A quien si se vuelve a mencionar es a Jesús Quiroz, quien muy probablemente también forme parte del ramo materno de la familia de don Gilberto.


Luego en los “Apuntes” se narra la “gran batalla” de San Juan Epatlán, sin que exista exageración en el adjetivo “gran”, en razón a los acontecimientos que se describen. Conforme a la memoria del autor del documento, la batalla se registró el domingo 28 de mayo de 1876. Se enfrentaron en este episodio histórico las tropas de la República al mando del general Ignacio R. Alatorre Riva contra las de los rebeldes porfiristas dirigidas por los generales Fidencio Hernández y José María Couttolenc. Vale la pena reiterar lo que señala quien escribió estos “Apuntes”:


“Frescos y palpitantes viven en mi memoria y en mi corazón los múltiples detalles y las heroicas fases de aquella notabilísima función de armas.


Quiso mi buena suerte que fuese actor humilde y presencial testigo de aquel famoso combate, que necesitaría para ser regiamente descrito, la broncínea lira de un Píndaro o el verbo robusto. y relampagueante de un Víctor Hugo…empero, quédeme al menos la legítima satisfacción de detallar con una minuciosidad, que estoy seguro de que hasta hoy nadie ha empleado, los épicos incidentes. que concurrieron en aquel día de justas y enorgullecedoras remembranzas para nuestra causa”.


El ejército pro-porfirista estaba compuesto de la siguiente forma:

 

Primera división al mando del general don Fidencio Hernández

Fuerzas de Oaxaca

Brigada de Caballería al mando del coronel don Tiburcio Montiel

Nombre de la unidad

Jefe a cargo

Número de efectivos

Cuerpo de Lanceros

Coronel Francisco Villaseñor

220

Cuerpo de Lanceros

Coronel Ignacio Vázquez

230

Lanceros de Yanhuitlán

N. Higareda

60

 

Total

510

 

Brigada de Infantería

Nombre de la unidad

Jefe a cargo

Número de efectivos

1° de Libres

Coronel Antonio Pacheco

430

2° de Libres

Coronel José María Olivera

511

Mixto de Oaxaca

N.N.

480

 

Total

1,421

 Segunda división al mando del general don José María Couttolenc

Fuerzas de Puebla

Brigada de Caballería a las órdenes del coronel don Mucio Martínez

Nombre de la unidad

Jefe a cargo

Número de efectivos

Fuerzas de tierra caliente

Coronel Manuel Medel

150

Fuerzas de tierra caliente

Coronel N. Menchaca

110

Escuadrón Acultzingo

Teniente coronel Higinio Aguilar

150

Escuadrón Chiautla

Coronel Jesús Quiroz

70

Escuadrón Morelos

Comandante Modesto Reyes

55

Escuadrón Guerrero

Comandante Jesús Ricardo

75

Escuadrón Izúcar

Comandante Bonifacio García

50

 

Total

660

Brigada de infantería a las órdenes del coronel Ramón Ríos

Nombre de la unidad

Jefe a cargo

Número de efectivos

Batallón Porfirio Díaz

Teniente coronel Manuel Zamacona y Mayor General Mauro Vázquez

360

Cazadores

Rafael Gasca

290

Guerrero de Tecamachalco

Coronel Joaquín de la Barreda y teniente coronel Rafael Rodríguez

190

Chiautla

Teniente Coronel Ramón Díaz

260

Izúcar

Coronel Manuel Tlapale

90

Batallón Tepexi

Teniente Coronel Antonio Camarillo

170

 

Total

1,360

 Artillería de Oaxaca al mando del teniente coronel Isidoro Díaz 


  • Nueve cañones rayados de 7 centímetros (con dotación de artilleros).

  • Dos obuses de montaña (con dotación de artilleros).

  • Quinientas cincuenta cargas de parque, sobre poco más o menos.


Artillería de Puebla: Jefes: capitán Carlos Mangín, capitán Francisco Mateos y subteniente Domínguez.


  • Dos cañones de siete centímetros, sin tornear (con dotación de artilleros).

  • Un cañón chico, verde, llamado la Iguana" (con dotación de artilleros).

  • Cuatrocientas cargas de parque.


En total, el ejército tuxtepecano estaba formado por 3 mil 951 elementos, 1 mil 170 correspondientes a cuerpos de caballería y 2 mil 781 a cuerpos de infantería.


La tablas también indican que 330 hombres del distrito de Chiautla combatieron en San Juan Epatlán, 70 a caballo y 260 a pie. El aspecto dramático de la batalla se presentó más en el batallón de infantería por las bajas sufridas. Cito la narración épica del autor de los “Apuntes”:


“En un punto denominado "Las Bocas" se había dispuesto una emboscada, A la derecha de la misma, se colocaron los dos batallones de Libres; a la izquierda el resto del batallón Porfirio Díaz y el de Cazadores a la retaguardia, sobre el camino de Matamoros, se apostaron el Mixto de Oaxaca y los batallones Guerrero y Tepexi. Finalmente, en la cordillera de la izquierda se situó el parque al cuidado del batallón Chiautla, protegido por un cañón rayado. (Nota importante: La posición del batallón de Chiautla es la misma que narran algunos autores cuando hacen referencia a la batalla de Tecoac).


Entonces se desarrolló la verdadera batalla de aquel día, haciéndose general el combate por todas partes. Nuestra artillería y la contraria emprendieron un duelo a muerte formidable; las descargas de fusilería eran tan nutridas, que sólo pueden compararse al ruido que produce una banda tocando marcha a tambor batiente; compañeros que segundos antes nos dirigían una frase amistosa o un consejo caían a diestra y siniestra para no levantarse más; algunos sucumbían. apretando entre los dientes el cartucho virgen que debió servirles para una nueva descarga …


Esta grandiosa epopéyica escena duró desde el medio día hasta poco antes de las cinco de la tarde: hora en que la cólera de Dios, no queriendo conceder la victoria ni a propios ni a contrarios, desató un formidable aguacero, con descargas eléctricas y granizo, y · aplacó así el fuego y la rabia de las dos facciones contendientes ...


La cuarta y última fase del combate merece, por los épicos sucesos en ella ocurridos, descripción con puntos suspensivos y aparte ...


Eran las cinco y media de la tarde: el agua encharcando el extenso campo de batalla había lavado en parte la sangre de los muertos; el fuego de cañón y fusilería, lento al principio, se activaba momento a momento, adquiriendo la potencia ensordecedora que antes tenía; sin embargo notamos que nuestra batería no contestaba tan enérgicamente como lo había hecho siempre a las bocas de fuego del contrario.


Entonces el general Couttolenc, deseoso de aclarar el porqué de aquella lentitud de nuestras artillerías, se dirigió al sitio en el que estaban. emplazadas nuestras baterías…


Al llegar a aquel punto un espectáculo sublime sobrecogió de admiración nuestros espíritus…


De la dotación de cincuenta hombres heroicos sólo quedaban tres, ennegrecidos par la pólvora, y dos valientes oficiales: Francisco Mateos y Carlos Mangín exhaustos de fatiga… Al pie de las cureñas destrozadas, en actitudes heroicas, agonizantes unos y muertos los demás, yacían aquellos bravos a quienes la inmortalidad había hecho su postrer caricia…Y de aquel confuso hacinamiento de cadáveres…sobre un montón de cadáveres, el valiente coronel Ramón Ríos dejó oír su entusiasta y robusta voz, que a Couttolenc decía:


< ¡Mi general, el parte que pudiera rendir a usted lo está mirando!>…Mientras que con la diestra señalaba la tupida, la trágica, la espantable alfombra de cadáveres tendida sobre el mojado campo de combate… "


La batalla de San Juan Epatlán fue extremadamente violenta. Según el narrador de los “Apuntes” murieron 2 mil 400 personas, alrededor de la tercera parte de los que ahí se confrontaron:


“Tres días después, cuando personalmente recorrí el sitio de la acción, había, calculo, mil doscientos muertos de ambos bandos en el glorioso campo de batalla”


No existen datos precisos de muertos para el batallón de Chiautla, sólo recuérdese que estaba integrada a la brigada de infantería comandada por el temerario y vehemente coronel Ramón Ríos. Con el mismo porcentaje de muertes globales, se puede estimar que el número de caídos del batallón de infantería Chiautla pudo haber sido de alrededor de 80 hombres.


No se tiene total certeza si el batallón de Chiautla combatió seis meses después en la batalla de Tecoac; me parece que por la magnitud de bajas pudo haberse desmembrado. Lo que sí parece un hecho es que el escuadrón de caballería, que se integró a la brigada de Mucio Martínez en la batalla de Epatlán, continuó su marcha hasta enfrentar a las tropas comandadas por Alatorre, en Tecoac, el 16 de noviembre de 1876. Durante esta batalla, el que redactó estos “Apuntes” se aboca a describir más las hazañas del que forjó la victoria de los porfiristas en los relieves de Huamantla, el general Manuel González; más si se toma en cuenta que herido, perdió el brazo derecho, De ahí el sobrenombre de “manco de Tecoac”.


Existe, por otra parte, correspondencia del Coronel Jesús Quiroz, el jefe del “Escuadrón Chiautla”, de fecha 20 de noviembre de 1876, en donde felicita a Porfirio Díaz por el triunfo de la batalla de Tecoac, pero no da elementos que nos permitan confirmar su participación; lo que importa, en dado caso, es que ese cuerpo de caballería aún continuaba estructurado.


Nadie puede saltar su propia historia, en su tiempo se apoyó a quien se creía un adalid de la libertad y de la democracia; tiempo después en plena paz porfiriana, con sus mátelos en caliente, y ante una sofocante dictadura, los pueblos nobles de Morelos y de la Baja Mixteca chiauteca, quienes detestan el engaño, se rebelaron, hasta encauzar una auténtica revolución social.


Fuente: Archivo del general Porfirio Díaz. Memorias y documentos.  UNAM. Instituto de Historia/Elede
Fuente: Archivo del general Porfirio Díaz. Memorias y documentos. UNAM. Instituto de Historia/Elede

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En esa textura intelectual que tienen nuestros pueblos, entre mágica y religiosa, encontré una columna reveladora:


"Los corresponsales de guerra de los periódicos de la época Siglo Diez y Nueve y el Monitor Republicano, difundían las noticias de la revolución de Tuxtepec, con las cartas de soldados que participaron en la guerra (de San Juan Epatlán).


(Así uno de los corresponsales señalaba): “Las cartas recibidas están escritas con horror, por la sangre que ha corrido y dicen que el choque fue tan rudo, que pareciera que ambos ejércitos no eran hijos de una misma patria”. 


En San Juan Epatlán un relato oral religioso se refiere sobre esta batalla:


<Cada 28 de mayo en San Juan Epatlán se venera la aparición de la Virgen de la Luz. En esta celebración se hace mención que la Virgen de La Luz se representó en forma de una nube que provocó el gran aguacero que concluyó con la sangrienta batalla. El aguacero fue una tormenta de rayos y lluvia que hizo se dispersaran los tropas de ambos ejércitos> 


Cada año, el 28 de mayo en San Juan Epatlán, se celebra la feria del pueblo y se venera a la Virgen de la Luz, como la hacedora de la lluvia que detuvo la sangrienta batalla entre Lerdistas y Porfiristas". (15)


Exvoto de un excombatiente de San Juan Epatlán que resultó herido (Fuente: la Zafra Noticias, 31 de mayo de  2022)
Exvoto de un excombatiente de San Juan Epatlán que resultó herido (Fuente: la Zafra Noticias, 31 de mayo de 2022)
Virgen de la Luz de San Juan Epatlán (Fuente: la Zafra Noticias, 31 de mayo de 2022)
Virgen de la Luz de San Juan Epatlán (Fuente: la Zafra Noticias, 31 de mayo de 2022)

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(1)  Benito Juárez García. “Manifiesto del Presidente de la República al ocupar la capital, 15 de julio de 1867”, tomado de la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

(2)  Álvaro Cepeda Neri. “Honradez, uno de los tres valores del gobernante: Juárez”. Revista Contralínea, 15 de octubre de 2018

(3)  Ibidem.

(4)  Daniel Cosío Villegas. “Historia Moderna de México. La República Restaurada. La vida política (Vol. 3)”. Editorial Hermes, México, 1955, p. 123.

(5)  Carlos Barreto Zamudio. “Rebeldes y bandoleros en el Morelos del siglo XIX (1856-1876)”. Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Estudios Regionales, 2018, p.16.

(6)  Ibidem, p. 260.

(7)  Ibidem, p. 257.

(8)  Luis G. Malváez. “El jefe de la revolución del Sur habla para el Imparcial”. Periódico “El Imparcial, 29 de mayo de 1911. Hemeroteca Nacional de México.

(9)  “El gobernador de Puebla (Rafael J. García) informa a Juárez sobre la inquietante situación en el Estado”, en 500 años de México en documentos (documento en Internet).

(10)              Carlos Barreto Zamudio. “El Plan de Jonacatepec (1870). La rebelión de los porfiristas en el nacimiento del estado de Morelos”, en la “Revolución por escrito”, p. 69.

(11)              Carlos Barreto Zamudio. “Rebeldes y bandoleros en el Morelos del siglo XIX (1856-1876)”. Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Estudios Regionales, 2018, pp. 368 y 369.

(12)              Archivo General de la Nación. “Oficio del Jefe Político de Chiautla al Ministerio de Gobernación, 28 de mayo de 1870”.

(13)              Parte del Coronel Jesús Lalanne, Chiautla 23 de enero de 1871 SEDENA XI/481.4/6143, foja 8.

(14)              Archivo del general Porfirio Díaz. Memorias y Documentos. Tomo XIII, Albero María Carreño (prólogo y notas). UNAM, Instituto de Historia/ Elede. 1952, Publicado en línea: 3 de noviembre de 2017. Apéndice: “Genesis de la revolución de Tuxtepec en el Estado de Puebla. Apuntes, memorias y recuerdos”. Nota: todas la citas de la batalla de San Juan Epatlán se tomaron de este texto.

(15)              Alfonso Torres Badillo. “La Batalla de San Juan Epatlán entre Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz”. La Zafra. Com, 31 de mayo de 2022.

 

 
 
 

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