Chiautla y Tlanichiautla, origen y construcción espiritual. Capítulo 24
Actualizado: 1 ago
Gildardo Cilia López
Con mi agradecimiento al Doctor Francisco Enríquez Vergara

La Baja Mixteca chiauteca
La Baja Mixteca chiauteca es una región de cerros, de hondonadas profundas y de innumerables barrancas; el sol da a plomo y parece que nunca se va, porque aún en las noches el calor es intenso, febril. El paisaje en el estiaje es de contrastes: en lo alto, en los cerros, los árboles caducifolios se liberan de sus hojas para soportar el estrés hídrico y las temperaturas candentes; en tanto que en las laderas de las barrancas los sabinos, los sauces, los huamúchiles y los amates extienden sus raíces para convertirse en soberbios viejos de agua. La lluvia impone un verdor que deslumbra, la resequedad se esfuma de los relieves serranos, y los mantos de clorofila resplandecen. En la percepción de lo aparente, lo que se veía casi en agonía se revela ahora como una explosión de vida.
Esa cíclica resiliencia, ha moldeado el carácter y la templanza de las gentes de la Mixteca chiauteca; prevalece en ellos los principios de lealtad y de solidaridad; los sentimientos de arraigo y de nostalgia; el uso del diminutivo para expresar cariño y amistad y el superlativo para mostrar asombro, mismo que surge de ese entorno de contrastes. Con un carácter indómito y sin perder la esperanza cada hombre de la región chiauteca ha sido históricamente un héroe cotidiano: su participación en la Revolución Zapatista corrobora su solidaridad ante el infortunio de los pueblos morelenses; también el respeto hacia un hombre que vindicaba sus aspiraciones inveteradas de libertad y de justicia; ello ante la expansión del peonaje en los campos azucareros, cuya explotación se sustentaba en el acasillamiento de la mano de obra desde finales del Siglo XVII.
En ese paisaje de la Baja Mixteca, de relieves accidentados, de murmullos de la naturaleza: en donde el espacio silente se conjuga con una sonoridad diáfana; en donde las palabras que se pronuncian adquieren la dimensión del eco; en donde si uno es atento, con la acústica se puede escuchar hasta los latidos del alma, Zapata encontró el remanso que necesitaba para darle a la lucha el contenido histórico que requería: ¡justicia para los pueblos!
En esa tierra que evoca a la eternidad, se dio un salto mayúsculo: la rebelión de los pueblos del sur se transformó fehacientemente en una revolución.

Metamorfosis y ultimátum
Francisco I. Madero triunfó abrumadoramente en las elecciones de octubre y asumió la presidencia de la República el 6 de noviembre de 1911. Para Zapata significaba una nueva etapa, después de haber sufrido el acoso del ejército federal durante el gobierno del presidente Francisco León de la Barra. Las esperanzas crecieron cuando Gabriel Robles Domínguez entró en contacto con él para señalarle que era el representante personal del presidente de la República para negociar el desarme en el Estado de Morelos.
Robles Domínguez era una persona conocida y respetada por el círculo zapatista, antes había acompañado a Madero en las negociaciones de junio y agosto de 1911. Zapata, tal vez lo conocía desde 1909, cuando ambos apoyaron la gobernatura de Patricio Leyva, en contra de Pablo Escandón. En febrero de ese año, en un mitin en Yautepec, Gabriel tomó la palabra para decir: “El pueblo está en su derecho de evitar que el señor Escandón cumpla con su amenaza de sembrar caña de azúcar hasta en el atrio de la iglesia de Yautepec”. Se oponía a la voracidad de los hacendados.
Conforme a la opinión de Gildardo Magaña, Robles Domínguez era un hombre recto, incapaz de realizar actos de simulación o engaño. Zapata sabía que había discrepancia en la forma que se debería llevar a cabo la reforma agraria, pero que Madero en ese afán de resolver los conflictos en forma pacífica le había hecho la siguiente promesa:
“…quiero que sepa que no he dado crédito a las calumnias que han lanzado contra usted sus enemigos; que lo considero un leal servidor mío; que aprecio debidamente los servicios que usted prestó a la Revolución, en atención a lo cual, cuando yo llegue al Poder le aseguro que le recompensaré debidamente sus servicios”. (1)
El integérrimo general le había aclarado que él no quería ningún tipo de recompensa personal; que lo único que quería era la devolución inmediata de tierras a los pueblos, tal como se había plasmado en el Plan de San Luis Potosí. Era el momento, entonces, de honrar la palabra, una de las cosas que más apreciaba el revolucionario del Sur. Gabriel Robles Domínguez creía haber llegado a un buen acuerdo; al menos, eso parecía. El 11 de noviembre se suscribió un convenio en el que destacaban las siguientes cláusulas:
"1a.―Se retirará del Gobierno del Estado al C. general Ambrosio Figueroa.
…
4a.―Se dará una ley agraria procurando mejorar la condición del trabajador del campo.
5a.―Las tropas federales se retirarán de las poblaciones del Estado que actualmente ocupan…
6a.―Mientras se retiran las fuerzas federales quedaran armados quinientos hombres de las fuerzas del general Zapata…
7a.―El jefe de estas fuerzas será designado por el señor Madero, pero el general Zapata por sí y en representación de sus segundos jefes, respetuosamente pide que la elección recaiga en la persona del señor don Raúl Madero o Eufemio Zapata
…
9a.―El general Zapata no intervendrá en los asuntos del gobierno del estado y procurará emplear su personal influencia para hacer respetar las autoridades constituidas.
10a.―El Gobierno Federal entregará, para pagar los préstamos que se han hecho en la revolución, la cantidad de diez mil pesos”. (2),
…
Lo que creía Robles Domínguez no coincidía con lo que pensaba realmente Madero, había una cláusula insalvable: la referida a la reforma agraria. Se dice que Madero no fue del todo honesto al proclamar la devolución de tierras en el Plan de San Luis Potosí; más bien lo que existió fue un vacío en la redacción: no se procedió a señalar la forma en que se iba a llevar a cabo la restitución de tierras. Hubo el propósito de ganar adeptos al momento de la proclamación, sin duda; lo importante fue que esa indefinición generó controversia cuando Zapata exigió conforme a la cita textual del Plan: “restituir a los antiguos poseedores, las tierras que se les despojó de un modo tan inmoral”.
Madero y el grupo de redactores del Plan de San Luis, entre ellos, Juan Sánchez Azcona y Roque Aguilar, pensaban que un reparto masivo demolería el pilar básico del sistema económico: el respeto a la propiedad privada. Concebían que se debería demostrar fehacientemente en los tribunales el despojo agrario; carentes de talento jurídico no concibieron que fuese necesario erradicar leyes injustas y crear un marco legal propicio que hiciese posible armonizar el contenido de la ley con la realidad social que se quería cambiar.
Se provocó un impasse con Zapata y en general con los grupos liberales radicales que consideraban impostergable modificar la estructura monopólica de las tierras. Gildardo Magaña argumentaba que el maderismo formal estaba ciego, que actuaba como un club de abogados y que no entendía el hambre de los campesinos y peones; Luis Cabrera en su discurso sobre la reconstitución de ejidos, en 1912, insistió que el problema no era legal, sino económico y social. Si las leyes eran injustas, oprobiosas para millones de mexicanos, se tenían que crear otras justas y proceder al reparto agrario; así de simple. Eso constituía la verdadera garantía de la paz social.
Más allá de la incompatibilidad ideológica, Madero hizo algo impensable: le remitió a Zapata un mensaje abrupto, amenazante, que hacía inviable cualquier tipo de negociación, incluyendo el acuerdo al que ya se había llegado el 11 de noviembre. Madero parecía haber mutado, no era el mismo a aquel que con el diálogo, la conciliación y la suscripción de acuerdos había tratado de evitar el levantamiento zapatista, provocado por el acoso de Victoriano Huerta y la estratagema hipócrita de Francisco León de la Barra. El 12 de noviembre de 1911, mediante misiva le hizo saber a Robles Domínguez lo siguiente:
"Suplico a usted haga saber a Zapata que lo único que puedo aceptar es que inmediatamente se rinda a discreción y que todos sus soldados depongan inmediatamente las armas. En este caso indultaré a sus soldados del delito de rebelión y a él se le darán pasaportes para que vaya a radicarse temporalmente fuera del Estado.
Manifiéstele que su actitud de rebeldía está perjudicando mucho a mi gobierno y que no puedo tolerar que se prolongue por ningún motivo; que si verdaderamente quiere servirme, es el único modo como puede hacerlo.
Hágale saber que no puede temer nada por su vida si depone inmediatamente las armas". (3)
Un ultimátum en toda la extensión de la palabra: o deponen las armas o se atienen a las consecuencias. Emiliano no iba aceptar esos términos, pero hacia adelante lo previsible era esperar actitudes francas, sin atisbos de traición.
Gabriel Robles Domínguez con la tenacidad propia de quien cree servir a la República con causas superiores, no dudaba de que todavía era posible convencer a Madero de llevar a cabo el reparto agrario en forma inmediata. Pensaba que era un acto de elemental justicia; en esencia, coincidía más con Zapata que con Madero, pero sin serle desleal a este último. Todas sus gestiones fueron prístinas, pese a que fuerzas retrogradas pervirtieron otra vez el proceso de pacificación.
Robles Domínguez pidió que durante el proceso de negociación las tropas federales se mantuvieran sin movimiento. Lo hizo antes y después del mensaje de ultimátum del presidente de la República. El 12 de noviembre Madero lo envío con el Secretario de Guerra, José González Garza, para decirle que se abstuviera de ordenar cualquier movilización del ejército federal contra Zapata, mientras acordaba con él.
Infatigable, regresó ese mismo día a Cuautla, con la misiva, pero con la idea de pedirle a Zapata que se contuviera; que era posible convencer a Madero de que iniciase el reparto agrario; tal vez considerando aquellos casos que ya estaban fundamentados jurídicamente. Como quiera que haya sido, al llegar al Estado de Morelos, el general Arnoldo Casso López, el sustituto de Huerta, lo interceptó, impidiéndole continuar hacia Villa Ayala para que pudiera acordar con el líder revolucionario del Sur.
Hombre de palabra, le había prometido a Zapata que le iba llevar personalmente el mensaje del Presidente de la República, cualquiera que fuese. Insistió en que se le explicara el porqué no podía continuar su viaje hasta Villa Ayala; hasta que el comandante militar le dijo: “que conforme a las instrucciones recibidas de México, había ya girado órdenes y dispuesto la movilización de fuerzas para cercar al general Zapata y lograr su captura, ese mismo día, si era posible”. (4)
¿Quién pudo haber dado esta instrucción? Madero era un hombre franco, que repudiaba la traición y la cobardía; lo más probable es que hubiese mutuo acuerdo entre el General Secretario y el Comandante militar de Morelos. Se había hecho a un lado, otra vez, la indicación de Madero; con la diferencia de que ahora era el presidente de la República.
En la mentalidad de los mandos militares Zapata no era más que un bandido; además buscaban saldar cuentas con este “Espartaco” que con huestes “milenarias” había resistido las estrategias brutales de Huerta y estremecido a la Ciudad de México, cuando con un brillante ardid llegó a Milpa Alta. Esto había puesto en entredicho la operatividad, inteligencia y eficacia del ejército federal. El rencor de los militares profesionales hacia él y a su pueblo armado se tornó infinito.
Robles Domínguez le dijo al general Casso López que le permitiera hablar por teléfono con Zapata, hasta que este accedió. Quería dejar a salvo su honor, que no estaba atrás de esta nueva felonía:
“―Licenciado, me están rodeando.
―Sí, general; aquí está el general Casso López.
―Pero se están movilizando fuerzas por distintos rumbos y esto no fue lo acordado.
―Sí, general; aquí está el general Casso López. El señor presidente está bien dispuesto para que se llegue a un entendimiento. Voy a escribir a usted y a enviarle la carta original del señor presidente”. (5)
El mensaje críptico que tal vez descifró Zapata fue el siguiente: sí lo están rodeando General Zapata; aquí tengo cerca al Comandante Casso López, no puedo explayarme; efectivamente, no se está cumpliendo con la inmovilidad de las fuerzas federales acordada; no pude ir personalmente a Villa Ayala para advertirle. Coincido con Gildardo Magaña respecto a la actitud honorable de Robles Domínguez.
Emiliano después de esa conversación ordenó que sus fuerzas ocuparan lugares estratégicos y que el grueso de ellas se hiciera fuerte en el cerro del Aguacate, que forma parte de la configuración geográfica de la Villa de Ayala. Enseguida con un subalterno mandó el siguiente mensaje:
“Diga usted al licenciado Robles Domínguez que le diga a Madero, que si no cumple con sus compromisos con el pueblo, no pierdo las esperanzas de verlo colgado en el árbol más alto de Chapultepec. Que me ha engañado”. (6)
Robles Domínguez le envió una misiva a Madero, el 20 de noviembre, con las mismas consideraciones que había utilizado este para recriminarle su actitud a Victoriano Huerta:
Anoche llegué de Cuautla y le ruego me excuse no vaya a verlo… porque regresé enfermo; pero cumplo con el deber de darle cuenta del resultado de mis últimas gestiones que, sin duda alguna, hubieran llegado a un resultado satisfactorio si usted hubiera dado la orden de suspender todo ataque en contra del general Zapata y sus fuerzas como tanto se lo supliqué, primero por telégrafo y después en la entrevista del domingo 12 del corriente cuando vine especialmente con ese objeto.
Al salir de esa entrevista me dirigí personalmente al Ministerio de Guerra, hablé con el señor Ministro, le mostré la carta que usted me dirigió sobre el asunto de Zapata y le comuniqué su recado de suspender todo ataque mientras este asunto se resolviera… (7)
Aun cuando en el contenido de su misiva insistió en que era necesario diera la instrucción de suspender los ataques contra Zapata para mantener la honorabilidad del gobierno, sabía que ya no iba a ser posible acordar con el revolucionario suriano, que no había siquiera una pizca de confianza. Comprendió que Madero estaba en una situación vulnerable frente a un ejército, cuyo mando estaba a cargo de pérfidos oficiales porfiristas. No lo obedecían, lo que no presupuso fue hasta dónde podían llegar; un año más tarde la nación entera se dio cuenta.
Zapata pudo sortear esta nueva felonía con sobresaltos y pérdidas humanas:
“A las tres, las fuerzas federales empezaron a calentar la artillería y comenzaron a disparar en el cerro. Zapata ordenó la retirada esparciéndose y mandando a sus hombres por diferentes direcciones y en unidades pequeñas. Él junto con su escolta de 50 hombres se encargaron de cubrir a los que estaban escapando, abrían fuego continuo con el objeto de parecer que había más soldados de los que en realidad eran… Para el atardecer, el ejército federal tenía el área acordonada… Zapata y su escolta, aún en el cerro… esperaban la oscuridad… A la hora indicada, escapan sin que se dieran cuenta, ya que el cerro … lo conocía como la palma de su mano.
Batallas estallaron a lo largo de las rutas de escape por varios días. El ejército federal obtuvo victorias en cada una, matando docenas de zapatistas… La posibilidad de atrapar a Zapata en uno de estos tiroteos era buena. Estaba en fuga, una vez más, pero esta vez, Madero estaba en su contra. Zapata ahora no tenía a ninguna alta autoridad que lo respaldara. Todos quienes lo rodeaban corrían un gran riesgo”. (8)
Otra vez, como cuando lo perseguía Huerta, lo prudente era abandonar el Estado de Morelos; así se internó a la Mixteca chiauteca. Llevaba en su mente un propósito inconmensurable: sustentar en forma escrita las causas fehacientes de su revolución.

El Plan de Ayala y la lealtad sin limites
Gracias a las narraciones de los zapatistas de la Mixteca chiauteca se conoce la ruta que siguió Zapata después del ataque traidor de las fuerzas federales en Villa de Ayala. La ruta del Plan de Ayala tocó los siguientes puntos: Villa de Ayala, Chinameca, El Salado, Jolalpan, Tepoxmatla, Miquetzingo, Huehuetlán el Chico, El Platanar y Ayoxuxtla. Gran parte del recorrido se hizo por el antiguo camino que conectaba a Jolalpan con Huehuetlán el Chico para luego proseguir por Cascalote hasta llegar a la Villa de Chiautla; en su sentido inverso, era la pesadumbrosa ruta que seguían los macehuales sometidos a la explotación minera durante los siglos XVI y XVII.
Lo común en 1911 (y hasta ahora) era transitar por la ruta arriera o comercial que conectaba el Valle del Oriente del Estado de Morelos con la Mixteca chiauteca; teniendo como punto neurálgico el pueblo de Tlancualpicán, que históricamente ha sido la puerta de entrada o salida de la región. El tránsito a pie o sobre equinos se multiplicó con la terminal ferroviaria construida en Tlancualpicán, entre 1893 y 1895, misma que fue integrada a la red de vías del Ferrocarril Interoceánico. Con la línea ferroviaria creció la conectividad comercial y de transporte de los pueblos surianos del Distrito de Chiautla hacia Izúcar de Matamoros y Puebla o hacia Cuautla y la Ciudad de México. Seguir esa ruta, más con un grupo de hombres armados, no hubiera pasado inadvertido; lo que hubiera traído consigo una persecución feroz.
Zapata tuvo que ocultarse y emprender su marcha entre cerros, hondonadas, barrancas y montes agrestes; optando por la misma ruta que tomó José María Morelos y Pavón y su ejército insurgente en su avance de Jolalpan a Chiautla. Ese camino símbolo de opresión durante el auge minero, se convirtió en senda de libertad y de justicia; ahora apenas si quedan huellas visibles; el camino se ha perdido en medio del paisaje caducifolio y las laderas riparias.

En el trayecto Zapata le pidió a los hombres de su escolta que se distribuyeran por los pueblos; en tanto que él y el maestro rural Otilio Montaño, con unos cuantos hombres más, se dirigieron a un paraje para que en soledad pudieran pensar y discernir sobre un plan que enalteciera su causa e hiciera visible que su rebelión era una verdadera revolución. Tenía claro que más que la libertad abstracta, debía ahora expresar por escrito lo que de viva voz clamaba: justicia para los pueblos.
¿Un caporal y un profesor de escuela autores de un plan?, cuestionan incrédulos y en forma casi despectiva intelectuales de todas las tendencias y colores. Sí, por eso más que la luz que da el “buen escribir” y el estilo y los recursos literarios, el documento se convirtió en sustancia de humildad y honestidad. Existieron fuentes de inspiración liberales y anarquistas, no es de dudarse; pero esas ideas se plasmaron en forma llana, a partir de su propia inspiración; esto es, reflejaron lo que pensaban y sentían.
Zapata y Montaño se perdieron por varios días, entre el 15 y el 22 de noviembre. Se conocen los sucesos gracias a diferentes relatos, entre ellos, los que recopilaron, en 1973, en su investigación de campo Rosalind Rosoff y Anita Aguilar. En su ensayo histórico, “Así Firmaron el Plan de Ayala” (9), transcribieron los testimonios de tres viejos zapatistas de la Mixteca chiauteca.
Don Francisco Mercado Quiroz, un ilustre chiauteco que formaba parte del círculo de revolucionarios y de oficiales de confianza de Zapata les narró lo siguiente:
“En los ratos que platicaba el profesor Montaño con el jefe Zapata, éste quería que hubiera un Plan porque nos tenían por puros bandidos y comevacas y asesinos y que no peleábamos por una bandera, y ya don Emiliano quiso que se hiciera este Plan de Ayala para que fuera nuestra bandera. Pero no podemos aquí, compadre - le decía Montaño -. Cuatro o cinco veces nos atacan en el día. Zapata dijo: Pues, nos iremos para otro Estado donde podamos”. (10).
Los hombres de la mixteca chiauteca concibieron como su gran deber preservar la vida de Zapata; era más importante su vida que la de ellos mismos. Su lealtad no tuvo límites: “Bajamos al Salado, y del Salado a Jolalpa. Y llegamos a Jolalpa que allí quería el jefe que se hiciera el Plan, pero Manuel Vergara dijo: No, jefe, aquí nos embotellan, y puede usted morir, y lo debemos de cuidar. ¡Nosotros qué, pero usted no! No hay otro Emiliano...Debemos de cuidarlo. (11).
Ya en Miquetzingo, en un lugar barranca abajo, Zapata encontró el sitio para discernir con Montaño y elaborar el Plan:
“Tío Manuel (se refiere al coronel Manuel Vergara) también mandó traer plumas, palillos y papel a Huehuetlán… Nosotros nos fuimos para El Platanar, para Pilcaya, Cohetzala y llegamos a Ayoxuxtla y anduvimos por allá y todas las tardes veníamos a Miquetzingo a ver lo que habían hecho. Y no le gustaba al jefe lo que habían escrito…No compadre, le falta éste y le falta el otro. Nomás sacudía la cabeza Montaño.
Ahora sí, compadre. Ahora sí me gustó, está bueno. Entonces que se vayan seis, ocho a avisarles. Que se rieguen para que inviten a todos los compañeros para que el día 28 sea la firma en Ayoxuxtla” (12).
Don Francisco Mercado relata que se juntaron tres o cuatro mil hombres en la región que rodea Ayoxuxtla, la mayoría de ellos subían por diferentes rancherías o estancias, como la de Tepomaxtla. Como es de suponer algunas partidas se ubicaron estratégicamente para evitar cualquier sorpresa y dar la voz de alerta sobre el avance hacia Ayoxuxtla de fuerzas contrarias: al sur en Cohetzala y al norte en los Linderos. Esto confirma la visión estratégica, se escogió Ayoxuxtla porque contaba únicamente con dos rutas de acceso: la de Linderos desde Chiautla y la de Cohetzala desde Jolalpan.
Montaño le dio lectura al Plan de Ayala el día 28 de noviembre de 1911. De acuerdo con el testimonio de los tres veteranos testigos del Plan de Ayala, Emiliano interrumpía su lectura preguntando: ¿Están conforme señores?
Cuando término la lectura Zapata les dijo a sus oficiales asistentes:
“Todos los jefes pasen a firmar. ¡Los que no tengan miedo!”
Los que firmaron eran en su gran mayoría del Estado de Morelos y de la Mixteca Poblana. Don Cristóbal Domínguez, otro zapatista de la región entrevistado por Rosalind Rosoff y Anita Díaz, refirió: “Nosotros estábamos allí, cerca, nosotros firmamos. Nosotros somos del Estado de Puebla, y nosotros somos los que defendíamos legítimamente al general Zapata, nuestro general…” (13)
Poca importancia se le da al origen de las personas que firmaron el Plan de Ayala. En la edición facsimilar publicada por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INHERM) se observan 40 firmantes, de los cuales veinticinco son oriundos de los pueblos del Estado de Morelos, diez de diferentes municipios de la Baja Mixteca poblana; y cuatro, en forma unitaria, son de los Estados de México, Tlaxcala, Guerrero y de la comunidad de Milpa Alta. En el uno faltante no se puede determinar su origen, su firma es su única huella histórica.
Los firmantes son fiel indicio de la extensión del vórtice de la revolución del sur y de que su intensidad se sintió más en los pueblos de los Estados de Morelos y Puebla. Esto no significa que no haya habido presencia zapatista o insurgencia en otros Estados. En Guerrero - sobre todo en Huitzuco y en los pueblos de la Montaña - los principales líderes rebeldes, Ambrosio Figueroa y Juan Andreu Almazán, fueron cooptados por el huertismo, haciendo confuso el sentido de esa rebelión armada. En los pueblos del Estado de México y de la Ciudad de México, ubicados en el trayecto del altiplano, se formó un corredor valioso, que mantuvo en alerta al ejército federal ante el miedo y reclamo de grupos conservadores. Poco se menciona a Oaxaca, ahí hubo influencia zapatista en los pueblos limítrofes entre las Mixtecas, particularmente en Huajuapan de León; además Francisco López Bárcenas hace ver que hubo insurrecciones magonistas y vazquiztas que, desde luego, no alcanzaron la dimensión del movimiento zapatista. (14)
Hay otra lista publicada por Memoria Política de México que incluye un total de 58 firmantes, aumentando la lista de poblanos a 24, la mayoría de ellos de Petlalcingo, lo que hace pensar que formaban parte de las huestes del Jesús, “El Tuerto”, Morales. En ambas listas, hay seis signantes oriundos del viejo Distrito de Chiautla de Tapia: de los municipios de Acaxtlahuacán, Huachinantla, Huehuetlán el Chico, Tlancualpicán y Chiautla. Hubo otros allegados a Zapata que no firmaron el Plan por no saber leer y escribir, como el capitán Zeferino Vergara Cuacuamoxtla (“Chelino”, como le decía Emiliano).
Sobre “Chelino” el destacado cronista chiauteco, Francisco Enríquez Vergara, señala: “mi abuelo nació en 1885, por su arrojo y valor en los combates obtuvo el grado de capitán. Su lealtad hacia Zapata fue incondicional, sólo abandonó al Ejército Libertador del Sur después de su muerte, ocurrida en un acto felón en la Hacienda de Chinameca, el 10 de abril de 1919.

La mayoría de los rebeldes de la Mixteca chiauteca poseían tierras, diferentes tipos de ganado y otras fuentes patrimoniales, sea porque eran descendientes de nativos que supieron conservar sus tierras mediante la intercesión de la “República de Indios”; o por ser descendientes de gente avecindada en Chiautla desde el último tercio del Siglo XVIII dedicada a la arriería o al comercio, que invirtieron en terrenos para ampliar y diversificar sus negocios en forma exitosa.
Francisco Mercado les comentó a Rosoff y a Aguilar lo siguiente: “La vida de mi padre no fue de trabajador. No era intelectual, no sabía ni leer, pero tenía muchos centavitos. Teníamos muchitos animales; había más de mil cabezas de ganado y doscientos, trescientos becerros anuales. Había muchito de todo. Todo compraba él por mayor; bultos de cacao, bultos de manteca y bultos de todo…Tenía más de cien yuntas…Trabajaban desde el Teruel, Tetetla, Rijo y Matlala; a esas cuatro haciendas iba toda la yuntería de mi padre a trabajar” … además tenía muy buenos caballos. (15).
El coronel Manuel Vergara tenía tierras entre Huehuetlán el Chico y Tepomaxtla, en uno de los terrenos de él o de su familia en Miquetzingo se escribió el Plan de Ayala; en tanto que “Chelino” tenía extensas propiedades en Cuajinicuila por el rumbo de Pilcaya. Agustín Quiroz, el tío de Gilberto Bosques, también era un ranchero prominente. No eran, pues, pobres o desposeídos de tierras para su sustento.
No debo pasar por alto que Agustín Quiroz, quien firmó, en septiembre, el manifiesto o memorial de San Juan de los Ríos ya no firmó el Plan de Ayala. Según el testimonio de los tres zapatistas entrevistados, ello se debió a que Eufemio Zapata lo agredió en forma violenta en Pilcaya, durante el sagaz regreso de Emiliano a Morelos; eso lo hizo retirarse del zapatismo para incorporarse al maderismo y más tarde a las filas del constitucionalismo, siguiendo la huella política de Bosques. “Eufemio era muy valiente como general, pero una mala persona”, en eso coincidieron los tres.
¿Por qué se unieron a la revolución zapatista los rancheros de Chiautla? En sus palabras se pueden encontrar dos razones:
Por adhesión ideológica, “me gustó la idea de Zapata que se oía, que iba a repartir las tierras y que iba a defender a los pobres”.
Era la mejor forma de salvaguardar la vida y la de la familia, así como las propiedades: “tuve que tomar las armas para defenderme”. Andar con Zapata imponía respeto y alejaba a los bandidos, más a los que se arropaban en el zapatismo para saquear y hacer pillaje;
Había empatía en gustos, como buenos rancheros, los de Chiautla compartían las mismas habilidades y destrezas que tenía el caporal: jaripeo, doma de caballos y arreó de ganado y caballadas. Lo más importante es que el líder de Anenecuilco los apreciaba de una manera especial por ser gente leal y sincera. Narra don Francisco Mercado:
Zapata me quiso harto y como nunca le dejaba yo, pues no crea usted que de valiente, de miedo. “- Me conviene que tú te vengas al Estado Mayor. - Ay, jefe, no puedo. - ¿Por qué? … - (me dan miedo las balas) y voy a descomponer a su estado mayor. - No los quiero muy hombres, nomás que se paren bien”. (16).
Ese aprecio también le tuvo a Manuel Vergara, a Cristóbal Domínguez y a Chelino, conservándose con el paso de las generaciones. Aún ahora los nietos de Zapata buscan a los descendientes de los zapatistas de Chiautla, Huehuetlán el Chico, Tlancualpicán y de otros pueblos de la región mixteca para conmemorar el Plan de Ayala, ya sea en Ayoxuxtla o Miquetzingo. Increíble que se conserve en la mente la memoria histórica después de más de cien años.

Vale la pena exponer otro dato trascendente: De Ayoxuxtla regresamos a Morelos otra vez, y allá en el rancho de la hacienda Chinameca cerca de Villa de Ayala, Zapata mandó traer un cura de San Vicente, cerca de Huautla, para que pasara el manifiesto en máquina de escribir, y ya se extendió en varias copias. Lo mandó traer, y le dijo a Marmolejo que si no quería venir, que lo obligara a venir a pie cargando en la cabeza la máquina de escribir… Y no se opuso el señor cura, fue, y lo llevó a caballo, y le llevó la máquina, y allí hizo las copias. (17)
Al terminar la ardua labor el señor cura, frente a Zapata y la gente que lo rodeaba expresó: - General, esto está muy bien; era lo que ustedes necesitaban. Por algo le decía yo a Huerta cuando me aseguró enfáticamente que pronto acabaría con ustedes, que a Zapata no le cogería más que… (y dijo una palabrota). (18).
El contenido del Plan de Ayala
Cuatro puntos trascendentes hay que destacar del Plan de Ayala, los cuales conviene desglosar; para ello se reproducirán partes de la versión facsimilar transcrita por el INHERM, como prueba palpable de la autenticidad de la autoría compartida entre Emiliano Zapata y Otilio Montaño; insistiendo en que esto no debe dejar lugar a dudas:
1.- El desconocimiento de Madero como Jefe de la Revolución y como presidente de la República, con base en estas consideraciones:
“…dejó en pié la mayoría de poderes gobernativos y elementos corrompidos de oprecion del Gobierno dictatorial de Porfirio Díaz, que no son ni pueden ser en manera alguna la legítima representación de la soberanía nacional, y que por ser adversarios nuestros y de los principios que hasta hoy defendemos estan provocando el malestar del país y abriendo nuevas heridas al seno de la Patria…
·… Francisco I. Madero, actual presidente de la Republica, trata de eludirse del cumplimiento de las promesas que hizo á la nación en el Plan de San Luis Potosí… ya nulificando, persiguiendo ó matando á los elementos revolucionarios que le ayudaron á que venciera para el alto puesto de Presidente de la Republica por medio de sus falsas promesas … e intrigas á la Nación; teniendo en consideracion que … á tratado de ocultar con la fuerza bruta de las bayonetas y de ahogar en sangre á los pueblos que le piden, solicitan, ó exigen el cumplimiento de sus promesas en la revolución llamandolos bandidos y rebeldes, condenando á una guerra de exterminio sin conceder ni otorgar ninguna de las garantías que prescriben la razón, la justicia y la ley…
… declaramos al susodicho Francisco I. Madero inepto para realizar las promesas de la revolución de que fué autor, incapaz para gobernante por no tener ningún respeto á la ley y á la justicia de los pueblos y traidor á la Patria por estar á sangre y fuego humillando á los mexicanos que desean sus libertades, por complacer á los científicos, hacendados y caciques que nos esclavizan, y desde hoy comenzamos á continuar la revolución, principiada por él hasta conseguir el derrocamiento de los poderes dictatoriales que existen".
2.- La devolución de terrenos, montes y aguas a los pueblos:
"… hacemos constar que los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados científicos ó caciques á la sombra de la tiranía y de la injusticia actual; entrarán en posesión de estos bienes inmuebles desde luego, los pueblos ó los ciudadanos que tengan sus titulos correspondientes de esas propiedades, de las cuales han sido despojados, por la mala fé de nuestros opresores, manteniendo á todo trance con las armas en la mano la mencionada posesión…"
3.- Expropiación de tierras previa indemnización:
"En virtud de que la inmensa mayoria de los pueblos y ciudadanos mexicanos, no son mas dueños que del terreno que pisan, sufriendo los horrores de la miseria sin poder mejorar su condición social ni poder dedicarse á la industria ó la agricultura por estar monopolizados en unas cuantas manos las tierras, montes y aguas, por esta causa se expropiarán previa indemnización de la tercera parte de esos monopoli[os] de los poderosos propietarios de ellos, á fin de que los pueblos y ciudadanos de México, obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos ó campos de sembradura ó de labor y se mejore en todo y para todo la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos".
4.- Nacionalización de bienes cuando los hacendados se opongan al Plan de Ayala:
"Los hacendados, científicos, ó casiques que se opongan directa ó indirectamente al presente Plan, se nacionalizaran sus bienes y las dos terceras partes que á ellos les correspondan, se destinaran para indemnizaciones de guerra, pensiones de viudas y huerfanos de las victimas que sucumban en la lucha del presente plan".
Hay otros puntos importantes como la designación de Pascual Orozco como jefe de la revolución, la elección del presidente provisional a través de una Junta Revolucionaria y el llamado a nuevas elecciones para la elección del nuevo Congreso de la Unión, quien convocaría a su vez, a elecciones para constituir los demás poderes federales. Sin embargo, desde la perspectiva social, los puntos antes referidos fueron tomados en cuenta como parte de los procesos a seguir para defender la soberanía nacional e impartir la justicia agraria en el artículo 27 constitucional; además de constituir la base profunda de la reforma agraria emprendida por el presidente Lázaro Cárdenas a partir de 1934.
Pasaron más de 20 años después de la suscripción del Plan de Ayala para que diese inició el reparto generalizado de tierras a la población campesina. Como antecedente debe decirse que el primer reparto agrario lo hizo el propio movimiento zapatista en Ixcamilpa de Guerrero, en el Distrito de Chiautla, el 30 de abril de 1912; luego con la muerte de Emiliano todo quedó a la deriva, hasta que un verdadero presidente revolucionario procedió a llevar a la práctica la demanda zapatista. Incluso, en los Distritos azucareros de Puebla, después de la revolución, se dio la concentración de tierras jamás vista en esa entidad: un solo hombre de nacionalidad estadounidense, William O. Jenkins, acaparó 123 mil hectáreas fértiles con alta dotación de agua. ¿Tenía o no razón Zapata cuando demandaba que se procediera inmediatamente al reparto agrario?
Queda claro que el Plan de Ayala no fue escrito por los apreciables, dignos y destacadisimos intelectuales que después se adhirieron a Zapata o que en ese momento estaban físicamente distantes, como Antonio Díaz Soto y Gama o Gildardo Magaña. Eso le da un valor inapreciable: es la fiel expresión de la ideología de dos revolucionarios surgidos de las raíces del pueblo.
No estoy de acuerdo con las expresiones despectivas hacia Otilio Montaño de algunos intelectuales o historiadores, aun cuando en 1913 se haya desviado hacia el huertismo. Womack, por ejemplo, opina:
“La fantasía un tanto barata de la retórica del plan era sin duda obra de Montaño. Maestro de escuela mal pagado, que había estudiado en los libros de texto producidos por el sistema educativo de Porfirio Díaz, en los cuales basaba ahora sus enseñanzas”. (20)
No es de dudarse que su formación se derivó del sistema educativo porfirista; pero la enseñanza oficial – como ahora – no es una limitante para avanzar hacia la lectura de otro tipo de literatura, en este caso política. Es factible que tanto Montaño como Zapata hayan leído a los Flores Magón y a otros anarquistas que publicaban en la revista Regeneración o que le hubieran dado lectura al programa político del Partido Liberal Mexicano o al Plan de Tacubaya promulgado por los hermanos Vázquez Gómez el 31 de octubre de 1911. También - y esa es mi percepción – es muy probable que conocieran los manifiestos anarquistas promulgados entre la séptima y novena década del siglo XIX. Veamos un extracto fundamental del “Manifiesto República y Patria Mexicana” publicado en 1867 por Julio Chávez López:
(Se solicita a Juárez) “sirva mandar decretar que en todos los pueblos de la República… se reconozcan sus derechos de propiedad terrenal, aguas y montes por medio de la razón y la justicia, según sus títulos y desde luego, poniéndolos en posesión… (21)
El uso de la palabra “hermanos” en el Plan de Ayala también es un claro indicio de que se adoptó la tradición literaria anarquista de Julio Chávez López, Francisco Zalacosta, Alberto Santa Fe y de los Flores Magón, así como de otros anarquistas de las primeras dos décadas del siglo XX para indicar la igualdad entre todos los desposeídos y explotados; la fraternidad en la libertad; y la abolición de jerarquías en el modelo social que se aspiraba con un orden social superior. ¡No había en Zapata y Montaño ignorancia política!; había, sí, en noviembre de 1911, ansiedad por la justicia y la visión humilde de construir un mundo mejor.
En diciembre de 1911, Zapata le remitió el Plan de Ayala a Gildardo Magaña que fungía como su emisario en la Ciudad de México para que se publicase en la Prensa Nacional. Sólo “El Diario del Hogar” aceptó publicarlo, luego de que su editor preguntó a Madero si lo podía hacer, a lo que el líder de la Revolución le habría contestado que sí, para que la gente pudiera conocer al loco de Zapata” (22). Nunca entendió a Zapata, ese loco fue el primero en decirle que él era el jefe de la revolución, que no se entregara a sus enemigos, que ponía en peligro a la revolución y a su vida misma. En efecto, revivió al chacal: lo acercó, lo hizo crecer hasta que lo victimó. La buena fe hacia los demás de Francisco I, Madero no tuvo limites, desoyó al propio Gustavo A. Madero, su hermano.

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(1) Gildardo Magaña. “Emiliano Zapata y el agrarismo en México. Tomo II”. INHERM, Colección Clásicos del zapatismo, México 2019, p. 101.
(2) Ibidem, p. 104.
(3) Ibidem, p. 106.
(4) Ibidem, p. 111.
(5) Ibidem, p. 113
(6) Ibidem, p. 118
(7) Ibidem, p. 120
(8) Paul Hart. “Emiliano Zapata: El revolucionario social mexicano. Traductor José Manuel González Izquirdo. Poder Judicial del Estado de México (tirant to blanch), Ciudad de México, 2023, p. 90
(9) Rosalind Rosoff y Anita Aguilar. “Así firmaron el Plan de Ayala, Colección SepSetentas, México, 1976.
(10) Rosalind Rosoff y Anita Aguilar. “Así firmaron el Plan de Ayala, cita tomada de “Biografía ampliada de Emiliano Zapata”, Morelos, México, Democracia México, 23 de enero de 2014 (Documento en internet).
(11) Ibidem.
(12) Ibidem
(13) Ibidem.
(14) Francisco López Bárcenas. “Rebeldes solitarios, el magonismo entre los pueblos mixtecos. Desinformémonos, Periodismo de abajo, 2013.
(15) Rosalind Rosoff y Anita Aguilar en Biografía ampliada de Emiliano Zapata. Op. Cit.
(16) Ibidem.
(17) Cita combinada entre lo que narra Francisco Mercado y el relato del general Carlos Reyes Avilés. Este relato se puede encontrar en Porfirio Palacios. “El Plan de Ayala sus orígenes y su promulgación. INHERM, Colección Clásicos del zapatismo, México 2019, p. 55.
(18) Porfirio Palacio. Op. Citt, p. 55.
(19) “Facsímil y transcripción del Plan de Ayala”, en “El Plan de Ayala”, INHERM, México 2019, pp. 21 a 33.
(20) John Womack Jr. “El Plan de Ayala, en “El Plan de Ayala”, INHERM, México 2019, p. 19.
(21) Doralicia Carmona Dávila. “Es fusilado Julio López, calificado de comunista, asesino y gavillero”, Memoria Política de México, Edición Perenne, 2026.
(22) John Womack Jr. Op. Cit. p. 8.


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