Chiautla y Tlanichiautla: origen y construcción espiritual. Novena parte
- Gildardo Cilia López

- 4 mar
- 15 min de lectura
Actualizado: 7 mar
Gildardo Cilia López

Despoblamiento
El humanismo del siglo XVI buscó promover una sociedad más perfecta que la europea. La genialidad de sus grandes referentes los hizo concebir que las utopías planteadas por Erasmo de Roterdam y Tomás Moro eran factibles en las nuevas tierras del imperio español, haciendo prevalecer la razón y el derecho natural. Ese humanismo fue activo: defendió los derechos de los pueblos nativos y trato de influir en las decisiones de la corona española; de hecho, la abolición de las encomiendas y la promulgación de las nuevas leyes de indias se debió, en gran parte, a su tarea infatigable.
Es injusto considerar que el trabajo intelectual y, sobre todo, misionero se condense sólo en la obra de cinco titanes: Bernardino de Sahagún, Toribio de Benavente (“Motolinía”), Vasco de Quiroga (“Tata Vasco”), Bartolomé de la Casas y Alonso de la Vera Cruz. Al morirse cada uno de ellos el activismo a favor de los indios se fue apagando, aun cuando la obra de otros personajes ilustres prosiguió. Fray Juan de Torquemada muere en 1624; en tanto que el otro gran historiador del mundo prehispánico, Diego Durán, fallece también en el siglo XVI, en 1588.
El humanismo del siglo XVII fue más introspectivo, su enfoque era más académico y universitario. No deja de preocuparse por la mezquindad que se observa en el mundo; sin embargo, sustenta sus aportaciones en una intelectualidad profunda. Surge, así, un humanismo más conceptual, cuyo esplendor, incluso, rompió las fronteras del mundo novohispano con Sor Juana Inés de la Cruz.
Juan Ruiz de Alarcón, otro gran referente, estudió el Bachillerato en Cánones en la Real y Pontificia Universidad de México; luego continuó sus estudios en la Universidad de Salamanca. Regresó a México en 1607, trasladándose de nuevo a España, en 1611, como parte de la comitiva del Virrey Luis de Velasco y Castilla. Sus aportaciones literarias las realizó en España, en donde escribió “La verdad sospechosa”, una de las grandes obras del teatro barroco del siglo de oro de la literatura española.
El modelo del “mentiroso incorregible” que toca Ruiz de Alarcón es único en la literatura hispana y universal. Su capacidad creativa dejó claro que en la Nueva España se podía producir arte y conocimientos al mismo nivel que España. Con Sor Juana Inés de la Cruz esto se alcanzó con creces, existiendo en ella un culteranismo excelso.
El tercer referente es don Carlos de Sigüenza y Góngora más abocado al estudio de la arqueología, la astronomía, las matemáticas y la cosmografía; aunque también publicó en 1693 el primer periódico novohispano: “Mercurio volante”. Sigüenza relató el motín de 1692, entiende que este se debe a la escasez de alimentos, particularmente, de maíz; pero le preocupa más la incertidumbre y la anarquía generada en el centro histórico de la Ciudad de México. Su narrativa, da un claro indicio del sentimiento antiespañol que se había incubado después de casi dos siglos de coloniaje español:
“Abrí las ventanas a toda prisa y, viendo que corría hacia la plaza infinita gente a medio vestir, y casi corriendo…entre los que iban gritando: “¡Muera el Virrey y el Corregidor que tiene atravesado el maíz y nos mata de hambre!…Era en extremo tanta la gente, no sólo de indios, sino de todas las castas…”
“No se oía otra cosa en la plaza…: ¡Muera el Virrey! ¡Muera la Virreina!¡Muera el Corregidor!¡Mueran los españoles!¡Muera el mal Gobierno!... En este delito incurrieron todos, pero no en quemar las Casas del Ayuntamiento y Cabildo de la Ciudad y el Palacio, solos los indios”. (1)
La utopía de contar en el nuevo mundo con una sociedad o con una cristiandad perfecta se había desvanecido; por lo contrario, lo que se tenía era una sociedad profundamente imperfecta, diezmada por el hambre, la sobreexplotación, las terribles plagas y las enfermedades. Sherburne Cook y Lesley B. Simpson (2), a partir de diferentes referencias tributarias y supuestos estadísticos, en 1948, hicieron un cálculo de cómo había disminuido la población indígena del México central durante los tres siglos de la colonia española:
Año | Población | Variación respecto a 1519 |
1519 | 11,000,000 | -.- |
1540 | 6,427,466 | -41.6 |
1565 | 4,409,180 | -59.9 |
1597 | 2,500,000 | -77.3 |
1607 | 2,014,000 | -81.7 |
1650 | 1,500,000 | -86.4 |
1700 | 2,000,000 | -81.8 |
1793 | 3,700,000 | -66.4 |
Woodrow Borah y Sherburne F. Cook (3) hacen una nueva revisión, en 1959, llegando a resultados aún más desoladores. Durante el siglo XVI los datos rondan casi en la extinción de la población indígena, al registrarse una variación negativa de 94%.
Año | Población | Variación respecto a 1519 |
1532 | 16,800,000 | -.- |
1548 | 6,300,000 | -62.5 |
1568 | 2,650,000 | -84.2 |
1580 | 1,900,000 | -88.7 |
1595 | 1,375,000 | -91.8 |
1605 | 1,075,000 | -93.6 |
La reducción de la población nativa - como se dijo - obedeció a cuatro flagelos: plagas, enfermedades, hambrunas y sobreexplotación. La interrogante es si se puede confirmar este declive desde la perspectiva de una provincia o desde una congregación novohispana, para de ahí llegar a connotaciones más profundas. Peter Gerhard ofrece los siguientes datos para Chiautla (de la Sal):
“Chiautla tenía posiblemente 6 000 tributarios antes de la gran epidemia de 1545-1548. En 1554 se hizo otro recuento, en momentos en que la provincia estaba “muy destruida por hambres y por haberles faltado aguas”, que dio un total de 3 800 tributarios. Ulteriores pérdidas debidas a muertes y emigraciones redujeron al número a 2 816 en 1571, 2 348 en 1588, 1 050 en 1610, y 525 en 1626. Para 1696 había 655 tributarios, en 1743 había 915 familias indias y el censo de 1800 registra 2 290 tributarios en esta región.
“El padrón de la parroquia de Chiautla muestra 768 familias de indios y 302 de no indios, en su mayoría, mulatos, en 1777”. (4)
Siguiendo el criterio metodológico de Sherburne Cook y Lesley B. Simpson, esto es, utilizando el factor 4 en el número de tributarios, mismo que contempla, “el marido y la mujer y los dos hijos necesarios para que la familia se prolongara hasta la siguiente generación” (5), para el caso de Chiautla se obtuvieron los siguientes registros poblacionales:
Años | Población | Variación respecto a 1544 |
1544 | 24,000 | -.- |
1554 | 15,200 | -36.7 |
1571 | 11,264 | -53.1 |
1588 | 9,392 | -60.9 |
1610 | 4,200 | -82.5 |
1626 | 2,100 | -91.3 |
1696 | 2,620 | -89.1 |
1743 | 3,660 | -84.8 |
1777 | 4,280 | -82.2 |
1800 | 9,160 | -61.8 |
Gerhard ofrece información valiosa; sin embargo, no se puede precisar lo que aconteció de 1525 a 1544: si la Viruela (Totomonaliztli) que afectó, en 1520, a Tenochtitlán y a poblaciones circundantes, matando entre 5 y 8 millones de personas, asoló también a Chiautla; y si hizo mella la epidemia de Sarampión (Zahuatl) acaecida en 1531. Asimismo, entre 1525 y 1540 pudo registrarse una reducción de la población por hambruna o por enfermedades ocasionadas por la explotaciones de placeres de oro, tal como las describió “Motolinía”.
El análisis debe centrarse básicamente en la información que ofrece Gerhard que tiene como primera referencia el año precedente a la gran epidemia de 1545-1548. La epidemia de Cocoliztli (fiebre hemorrágica) se suscitó, en efecto, en esos años y en dos periodos más: 1576-1581 y 1631-1632. Otras epidemias que minaron a la población fueron: el Matlazáhuatl (tifo exantemático) en 1580-1581, 1595-1596, 1639-1640 y 1736-1739; y el sarampión en 1761-1762. Por el incremento observado de la población durante la segunda mitad del siglo XVIII podría pasar inadvertida la epidemia de viruela acontecida en el Centro de México de 1779-1780; sin embargo, si existe una referencia de la viruela 10 años más tarde:
“En poblaciones… como en Chiautla (Puebla), en noviembre de 1791, murieron varios indios tributarios por viruela, tabardillo y dolores pleuríticos” (6)

El declive de la población que se observa para Chiautla sigue el patrón estremecedor descrito por Woodrow Borah y Sherburne F. Cook para el centro de México. ¿Pudo haberse extinguido Chiautla, quedando sólo como vestigios los templos de San Agustín Obispo y el de nuestra Señora de la Asunción, en el Barrio de Tlanichiautla? De hecho, de los 81 barrios y pueblos (estancillas) que menciona el padre Prior de la Parroquia de San Agustín, Bartolomé de la Vera Cruz, en 1571, sólo sobreviven actualmente 16: Acaxtlahuacán, Ayoxuxtla, Centeocala, Coacalco, Santa María Cohetzala, Chila de la Sal, Huehuetlan, Ixcamilpa, Nahuituxco, Ocotlán, Pilcaya, Tlancualpican, Totolopan, Tulcingo, Tzicatlán y Xicotlán.
Conmueve la narración que hace el jesuita Francisco Florencia, S. J. sobre la peste de 1575, refiriéndose al Cocoliztli:
“Esta singularidad era, no Lander inginaria, cual suele ser el de las pestes de Europa, sino una calentura recia con vehemente dolor de estómago, que prorrumpía en copiosa sangre por las narices, de que al quinto o sexto día morían, sin que hallase remedio ni alivio las medicinas…”
(Florencia añade): “no hemos de creer que Dios envío un castigo…Lo que yo tengo por cierto es que aquí anduvo la mano justiciera de Dios…porque a los indios les quito las vidas…para llevarlos al descanso eterno y librarlos de la pobreza y miserias que por altísima providencia de Dios viven en su misma tierra. A los españoles sus encomenderos, les quito enormes tributos: a los no encomenderos el servicio corporal de tantos, como faltaron: al Rey, y a la Reyno más de dos millones de vasallos y otro tanto de rentas reales… lo más cierto es, que los juicios de Dios son un abismo incomprensible. ¿Quis confiliarius (consiliarius) eius fuit?” (7)
Castigo o justicia ¿Quién lo puede saber? El académico alemán Gunter Vollmer en la investigación que realizó en 1973: “La evolución cuantitativa de la población indígena en la región de Puebla (1570-1810)”, sostiene que el retroceso poblacional hasta 1650 se deriva más de procesos lentos que minaron la existencia de las personas debido a su situación diaria.
La dimensión de estos cambios - continúa Vollmer - sólo se comprende cuando, en el trasfondo, existe una confrontación global de distintas formas de vida y de distinta capacidad de funcionamiento en las estructuras sociales y económicas… (8) Así, conforme a sus estadísticas, en la región de Chiautla se presentó una despoblación de 88%; existiendo todavía un mayor impacto en Teotlalco, de 93%, en cuyo territorio se encuentran las minas de Tlaucingo.
Lo interesante es constatar con registros históricos lo que señaló Vollmer. En la octava entrega de este ensayo histórico señalamos las enfermedades que trajo la explotación de plata mediante el beneficio de patio: Hidrargirismo o envenenamiento por mercurio; Silicosis y enfermedades respiratorias; Neumonía y tuberculosis; Dermatitis y ulceraciones químicas.
Se debe estimar el número probable de personas entre 14 y 60 años que estaban obligadas a asistir a las minas de plata y que estaban propensas a padecer las terribles enfermedades. Para hacer estas estimaciones se cuenta con dos fichas del Archivo General de la Nación (AGN):
1589:
“Al alcalde mayor de Chiautla, para que los naturales de las estancias que están entre dicho pueblo y las minas de Tlautzingo sirvan en ellas dando el servicio de cuatro por ciento. Po Chiautla. (AGN/Instituciones Coloniales/Real Audiencia/Indios (058)/Contenedor 02/Volumen 4/Expediente 89)
1589:
“Para que los naturales de Chiautla y sus sujetos que acuden a dar servicio a las minas de Tlautzingo, no se les pida más de 77 indios de servicio, que es lo que cabe dar a razón de cuatro por ciento. Po. Chiautla. (AGN/Instituciones Coloniales/Real Audiencia/Indios (058) / Volumen 4/Expediente 113).
Con la tasación de 4% que significan 77 personas obligadas al trabajo forzoso o coatequitl, se pude estimar para 1589 una población masculina, entre 14 y 60 años, de 1 mil 940 personas. Debe recordarse que el trabajo en los reales de minas se extendía a cinco semanas (y no a dos como se suscitaba en las haciendas agrícolas y ganaderas) siendo rotativo. Sobre esta nueva base se puede señalar que 800 gentes del pueblo (macehuales) estaban expuestas al año a contraer enfermedades ocasionadas por el método de patio. Habría que imaginar los terribles síntomas que traían los macehuales de regreso a sus casas por el contacto con el azogue o mercurio: temblores incontrolables, encías sangrantes, ulceraciones en la boca, desubicación, irritación y otros trastornos neurológicos graves.
El trabajo histórico de Silvio Zavala confirma el declive poblacional: “no habiendo (en 1618) hoy más de 1 050 indios tributarios de más de 2 000 que había, ha bajado tanto el repartimiento del servicio personal” (9). Sobre la base del 4%, el Virrey Gaspar de Zúñiga Acevedo y Velasco, Conde de Monterrey, había ordenado desde dos décadas antes la reducción del repartimiento forzoso de 77 a una cuadrilla de 40 trabajadores, reasignándolos de Tlaucingo a Huautla.
Sobre los abusos cometidos por los jueces repartidores y los alcaldes mayores de las minas, tal vez con el consentimiento de los caciques indígenas, se transcriben las siguientes fichas:
1575:
“Oficios donde se da cuenta de la distribución de indios y sus actividades en minas como la de Tlahucingo donde son maltratados y no les pagan lo que corresponde” (AGN/Instituciones Coloniales/Indiferente Virreinal/Cajas 4000-4999/Caja 4101/Expediente 016 (Indios Caja (4101).
Octubre 26 de 1575:
“El Virrey don Martín Enríquez: para que se guarde la tasación del pueblo de Chiautla y la justicia no consienta que los indios trabajen sin gratificación. Ciudad de México. (AGN/Instituciones Coloniales/Gobierno Virreinal/General de Parte (051) /Volumen 1/ Expediente 239).
Septiembre 16 de 1576:
“El Virrey Don Martin Enríquez: al Alcalde Mayor de Teutlalco, sobre que se pague medio real por cada siete leguas de camino, además de su salario a los que van a trabajar desde Chiautla a las minas de Tlaucingo”
Noviembre 24 de 1628:
“Para que el juez repartidor de los barrios de Chiautla informe acerca de lo que piden los naturales de dichos barrios relativo a que no se cobre más servicio personal del que les cabe por tasación. Juris. Puebla, Po. Chiautla”. (AGN/Instituciones Coloniales/Real Audiencia/Indios (058) /Contenedor 06/Volumen 10/Expediente 30).
Junio 8 de 1641:
“Para que el juez repartidor de las minas de Huautla no pida más indios de los que tienen obligación de dar conforme a su tasación, a los naturales de Chiautla para las minas” (Registro 148801 del AGN. Indios. Expediente 255. Volumen 13).
A los abusos, le seguía la voracidad insaciable de los dueños de los reales mineros. Sobre la sobreexplotación en los trabajos mineros hay una cita invaluable que ofrece Silvio Zavala en su recopilación histórica sobre el servicio personal de los indios:
“Bajo la administración del virrey don Luis de Velasco, el segundo, los indios de Chiautla (Puebla) se quejan del excesivo trabajo de día y de noche en las minas de Chaucingo (Guerrero) (sic) Tlaucingo (Puebla). Se manda, el 13 de septiembre de 1590, que no trabajen dentro de las minas sino en la superficie, y sólo de sol a sol, so pena de pérdida del repartimiento”. (10)
El virrey prohíbe que los indios realicen los trabajos de los tenateros: acarreo de material de las diferentes profundidades de la mina a la superficie; y se conduele ordenando que sólo realicen “de sol a sol” labores de patio: trituración; mezcla y repaso de azogue, sal y sulfato de cobre; lavado de mezcolanzas; y evaporación del mercurio. Tal vez con ello impedía daños como las tuberculosos, pero exponía más a los macehuales a los males que adquirían los “azogados”.
A los abusos y a la sobreexplotación, dentro de este cuadro apocalíptico, debe sumársele los episodios de hambruna, enfermedades y peste:
“Año 1609:
“Real provisión a pedimento de los naturales de este pueblo para que se vuelvan a contar sus habitantes, por haber disminuido en número considerablemente, y nombramiento que para este efecto se hace en Jacobo de Arigón y Zarate. Chiautla de la Sal” (Archivo General de la Nación (AGN)/ Instituciones Coloniales/Real Audiencia/Tierras (110) /Contenedor 1252/Expediente 127/Volumen 2964).
Julio 17 de 1632:
“Para que el juez repartidor de la minas de Huautla, informe a su excelencia lo que conviene se haga en la reserva que piden los naturales de Chiautla de la Sal por haber muertos muchos indios”. (Registro 147,558 del AGN. Indios. Expediente 45. Volumen 10).
Septiembre 14 de 1634:
“Para que la justicia y juez repartidor de Chiautla informe sobre lo que piden los naturales de ser reservados de ir al servicio, atento a las enfermedades y hambres que padecen. Chiautla”. (AGN/ Instituciones Coloniales/Real Audiencia/Indios (058) /Contenedor 07/Expediente 142/Volumen 12).
Silvio Zavala hace una cita que sintetiza el impacto de las hambrunas y de las enfermedades que se padecen:
“Los naturales de la provincia de Chiautla de la Sal y sus sujetos, hacen relación que de un mes a esta parte ha entrado grande enfermedad entre los naturales de la provincia, que cada día entierran de 14 a 15; y otros se van huyendo por las grandes hambres que padecen, que vale cada fanega de maíz 8 pesos y no lo hallan, con que apenas hay indio en dicha jurisdicción; y lo que más les aflige es dar 8 indios cada semana para el servicio personal, y piden reserva por el tiempo que al virrey pareciere.”(11)
El dato de 8 indios para reparto asombra, significa que de la población de macehuales de 14 a 60 años obligada al repartimiento forzoso sólo quedaban 200 personas, esto es, 90 por ciento menos que la observada en 1589. Se está hablando de 1634, año que es cercano al de 1626, que es el de menor registro de población observado en Chiautla durante el periodo colonial: 2,100 habitantes. El altépetl estaba a punto de la extinción, aun cuando había otro grupo de pobladores que se dedicaba a la producción de sal y que no iba a las minas de plata.
(Luego en la cita antes referida, Zavala añade:) Visto por éste, manda el 14 de septiembre de 1634 (LXIV), a la justicia de la jurisdicción de Chiautla y al juez repartidor de la parte donde van a trabajar los indios, (y) le informen lo que pasa… (12)
Existen otra ficha AGN que hace referencia a la huida de los nativos de la cabecera congregacional:
Año 1653
“Para que en razón de lo pedido por parte del Gobernador, alcaldes y oficiales de la República del pueblo de San Agustín Chiautla, las justicias de la Nueva España, les den todo favor y ayuda para que puedan cobrar de los naturales que se han ausentado de sus pueblos el tributo que deben y son (sean) obligados a pagar conforme a su última tasación (sin) que en ello se les ponga impedimento alguno, por persona alguna, a pedimento de los susodichos”. (AGN/Instituciones Coloniales/Real Audiencia/Tierras (110)/Contenedor 1265/Expediente 46/ Volumen 2990).
¿A dónde se iban los macehuales, que incluso los buscaban con oficiales? Dos tipos de eventos sucedían: o huían a otros pueblos o a otras regiones para evitar se les reclutara en el trabajo de minas, yendo preferentemente a las haciendas azucareras, convirtiéndose en “peones asalariados”; o bien, después de ir al servicio de trabajo forzoso en las minas ya no regresaban a las cabeceras congregacionales, engrosando el enorme ejército de “vagos” que existía en ciudades como México o Puebla. Muchos, ya azogados, se dedicaban básicamente a la mendicidad.
Era tal la cantidad de vagos en los siglos XVII y XVIII que se dictaron diferentes ordenanzas, cédulas y bandos, mediante los cuales se les infligía castigos (azotes), o se les concentraba para la obra pública o bien se les reclutaba para el ejército. Su crecimiento, sin embargo, fue incontenible. El fraile capuchino Francisco de Ajofrín, que visitó la Nueva España entre 1763 y 1764, escribió lo siguiente:
“Pero no obstante que hay tanta grandeza en México, caballeros tan ilustres, personas ricas, coches, carrozas, galas y extremada profusión, es el vulgo en tan crecido número, tan despilfarrado y andrajoso, que lo afea y mancha todo, causando espanto a los recién llegados de Europa; pues si de toda España se pintasen cuantos pobres e infelices hay en ella, no se hallarían tantos y tan desnudos como solo en México, y a proporción, en la Puebla de los Ángeles, como dije, y demás ciudades del reino. De cien personas que encuentra en la calle, apenas hallarás una vestida y calzada. Ven a verlo. De suerte que en esta ciudad, se ven dos extremos diametralmente opuestos: mucha riqueza y máxima pobreza; muchas galas y máxima desnudez; gran limpieza y gran porquería”. (13)

Pese a los números que lindaban al ocaso, en Chiautla se registró un incremento poblacional durante la segunda mitad del siglo XVIII. Es difícil establecer las causas precisas, pero se pueden aventurar varias hipótesis: la recuperación inmunológica, es decir, la población adquirió mayores defensas ante las enfermedades epidémicas y aun cuando se presentaron brotes de Totomonaliztli y de Matlazáhuatl, los efectos no fueron devastadores; el repoblamiento con castas, principalmente con mestizos y mulatos, tal como lo señala Gerhard; la defensa activa de las comunidades y el menor número de macehuales que asistían al trabajo forzoso; y el crecimiento de actividades alternativas como la agricultura, la ganadería y sobre todo, de la arriería y del comercio.
Dejemos aquí esta entrega.
------------------
Revisando algunas fuentes me encontré que dos grandes hitos de nuestra historia, la Malintzin y Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana murieron por epidemias. La Malintzin muy probablemente murió en 1529 por Totomonaliztli o Zahuatl y Sor Juana Inés de la Cruz por Matlazáhuatl (tifus).
La profundidad conceptual y el excelso culteranismos de Sor Juana Inés de la Cruz van más allá de cualquier consideración ideológica; es una activista intelectual y pionera del pensamiento crítico e incluyente, así como una artífice de la construcción poética barroca; de ahí su dimensión universal.
Comparto este magnífico soneto:

____________________________
(1) Carlos Sigüenza y Góngora. “El motín de 1692”, en Antología de lecturas, historia de México, Conmemoración 500 años. INHERM. pp. 195 y 198.
(2) Woodrow Borah y Sherburne F. Cook. “La despoblación del México central en el siglo XVI”, en Antología de lecturas, historia de México, Conmemoración 500 años”. INHERM. p. 170.
(3) Ibidem. p. 172.
(4) Peter Gerhard. “Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821”. UNAM. p.111.
(5) Woodrow Borah y Sherburne F. Cook. op. cit. p. 170.
(6) América Molina del Villar. “Contra una pandemia del Nuevo Mundo: las viruelas de la década de 1790 en México y las campañas de vacunación de Balmis y Salvanay de 1803-1804 en los dominios coloniales. P.4 documento en Internet.
(7) Francisco Florencia, S.J. “La peste de 1575”. en Antología de lecturas, historia de México, Conmemoración 500 años”. INHERM. pp. 185 y 186.
(8) Jhonatan Suriano Solano. “Un acercamiento al concepto de paisaje: Tlaucingo, Puebla. Entre la minería y la emigración. UAM. Unidad Iztapalapa. p. 98
(9) Silvio Zavala. “El servicio personal de los indios en la Nueva España, tomo V. Primera parte”. El Colegio de México. p. 257.
(10) Silvio Zavala. “El servicio personal de los indios en la Nueva España, tomo III. El Colegio de México. p. 373.
(11) Silvio Zavala. “El servicio personal de los indios en la Nueva España, tomo V. Primera parte”. El Colegio de México. p. 324.
(12) Silvio Zavala. “El servicio personal de los indios en la Nueva España, tomo V. Primera parte”. El Colegio de México. pp. 324.
(13) Francisco de Ajofrín. Diario del viaje a la Nueva España. México. SEP. Cultura, 1986. p. 65.

Comentarios