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Chiautla y Tlanichiautla: origen y construcción espiritual. Sexta parte.

Actualizado: 20 feb

Gildardo Cilia López


Chiautla de Tapia, 1895, imagen tomada de la revista de la "Sociedad Científica Antonio Alzate". Nótese que la plaza pública no contaba con las sillas de metal, que se colocaron años después
Chiautla de Tapia, 1895, imagen tomada de la revista de la "Sociedad Científica Antonio Alzate". Nótese que la plaza pública no contaba con las sillas de metal, que se colocaron años después

Tlaucingo y los pueblos salineros


No pasó inadvertida la enorme riqueza que originaba la explotación de las minas de plata en la creación literaria. El poeta Bernardo de Balbuena, en 1604, publicó el poema “Grandeza mexicana”, cuyos versos endecasílabos describen la belleza de la capital novohispana. El poema exalta con los recursos literarios ornamentales del barroco lo que se observa, pero no hay exageración (exaltar y exagerar no son sinónimos). Citemos sólo tres fragmentos del extenso poema lírico, relacionados con la plata:


“Recuas, carros, carretas, carretones, / de plata, oro, riquezas, bastimentos/ cargados salen, y entran a montones”.


“América sus minas desentraña, / y su plata y tesoros desentierra, / para darle los que ella a nuestra España”.


“y la casa enemiga de pobreza, / que acuña las medallas y blasones / que el mundo adora y pone en su cabeza”.


Las minas de Potosí y de la Nueva España generaron una riqueza sin precedentes en la historia del mundo, se extrajeron de sus vetas alrededor de 100 mil toneladas de plata durante los tres siglos de dominación española. Como es natural, tanto los procesos de producción como de comercialización se alinearon en torno a esa inmensa riqueza; siendo también cierto que en la Real Casa de Moneda de México se acuñaban metales, en lo particular, el “real de a ocho” o “piastra”, la primera moneda (divisa) de uso global en los mercados de Occidente y Oriente del planeta.


Vale la pena mencionar que el edificio de la Real Casa de Moneda de México aún subsiste, actualmente es la sede del Museo Nacional de las Culturas del Mundo. La calle de “Moneda”, a espaldas de Palacio Nacional, sólo rememora la ubicación del recinto colonial en donde se acuñó la mayor cantidad de plata del orbe durante los siglos XVII y XVIII.


Museo Nacional de las Culturas del Mundo (antes Real Casa de Moneda de México)
Museo Nacional de las Culturas del Mundo (antes Real Casa de Moneda de México)

La discusión entre la descripción poética y el coste humano que significó crear tanta riqueza y pudo levantar “palacios” resulta interminable; sin embargo, eso no demerita en modo alguno la creación literaria de Bernardo de Balbuena. Para Pedro Henriquez Ureña “Grandeza Mexicana” es una obra cumbre de la lírica-descriptiva novohispana que conjuga “las notas más tiernas, las descripciones más brillantes y los versos más bellos que pueden encontrarse en el idioma”.


El reto en este texto es describir el sacrificio que no se hace visible en el poema de Balbuena. De una manera profunda, tres siglos después, López Velarde versificó en “Suave Patria”:


“Tu barro suena a plata, y en tu puño/ su sonora miseria es alcancía”.


El barro, más que herencia, es historia viva, nuestros alfareros de generación en generación lo han moldeado y transformado. Parece pobre, pero el barro es la expresión más sencilla y tangible de nuestra riqueza creativa. Así, lo que parece sempiterna pobreza oculta un tesoro invaluable. La miseria de la patria pudiera ser material, pero no espiritual: es barro que "suena a plata", es lodo que muta a alcancía.


Cuando dio inicio la explotación intensiva en el periodo colonial, la plata se podía encontrar en depósitos epitermales, incluso, en la corteza de la tierra, eso en Zacatecas. En algunas minas del centro de México, sin embargo, esto no fue así: la ambición hizo que se abrieran socavones profundos y vetas con gran dureza.


En la sexta década del siglo XVI inició la explotación de la plata en Tlaucingo (“pequeño lugar con tierra color ocre o rojiza”, conforme a la etimología náhuatl). A partir de ese momento, las comunidades de la provincia de Chiautla entreveran su destino al beneficio de la plata, convirtiendo su recorrido histórico en infortunio.


La mina de Tlaucingo tuvo diversas etapas de repoblamiento y abandono, su periodo de mayor auge se dio en la primera mitad del siglo XVII, cerrándose la explotación de plata a principios del siglo XIX, tras dos siglos de continua decadencia. La mina se abrió sobre materiales de alta dureza, con la presencia de rocas volcánicas como la andesita; es decir, se trata de una minería subterránea compleja por su compacidad o macicez. La plata era de baja ley, estaba dispersa en las rocas o mezclada con otros metales; esto último se ha verificado en exploraciones geológicas recientes.


El método de patio permitió el beneficio de la plata utilizando tres sustancias reactivas: azogue (mercurio), sal y magistral (sulfato de cobre). El abasto eficiente de estos tres elementos era fundamental, más en aquellas minas con plata de poca ley que requerían de una mayor cantidad de mercurio en la mezcla. Para operar y hacerlas “rentables”, además, requerían de una fuerza de trabajo abundante, barata y sojuzgada para que se le obligara a laborar sobre la mezcolanza reactiva, inhalando también vapores tóxicos.


Las condiciones para obtener plata en minas como la de Tlaucingo eran, entonces, infrahumanas, lo que generó gran mortandad, tal como se verá cuando se hable del repartimiento de mano de obra o coatequitl. El suplicio no termino ahí, para desgracia de los macehuales y de la gente común el martirio continúo en la Sierra de Morelos, en el Real minero de Huautla.


El imperdible ensayo de Ernest Sánchez Santiró (“Plata y privilegios: el Real de minas de Huautla, 1709-1821”) ofrece un mapa que indica cuales eran las poblaciones dotadoras de sal y de mano de obra del Real minero de Huautla, sobresaliendo, entre ellos, Chiautla de la Sal (la actual Chiautla de Tapia).


Para fines cartográficos habría que decir que el mapa publicado por Sánchez Santiró presenta tres errores: 1) ubica a Tzicatlán en el suroriente de Chiautla, cuando se encuentra en el norponiente, muy cerca de Teotlalco; 2) localiza a Chila de la Sal después de Acatlán, casi en los límites o en el Estado de Oaxaca, cuando en realidad se encuentra a pocos kilómetros de San Pedro Ocotlán; y 3) no señaliza al pueblo de Xicotlán, un importante proveedor de sal durante el periodo prehispánico y colonial. Sin embargo, esto no altera el contenido sustantivo del artículo en torno al proceso de explotación y beneficio de la plata.



El mapa del Estado de Puebla elaborado por Antonio García Cubas, publicado en el Atlas Mexicano de 1886, ubica correctamente a los pueblos del Distrito de Chiautla de Tapia, llamado ya así, conforme al decreto de 1874:


  • En el suroriente ubica a los pueblos salineros de San Pedro Ocotlán, Chila de la Sal y Xicotlán, además de incluir a San Juan de los Ríos (inapropiadamente denominado como San Juan del Río en el mapa), a Acaxtlahuacán y a Tulcingo del Valle.


  • En el norponiente se observan los pueblos de Tzicatlán, Teotlalco, Tulcingo, Jolalpan, El Salado, Teutla, Mixtepec y Xochitepec.


  • En el occidente, más hacia el centro, se aprecian los pueblos de Ayoxuxtla, Pilcaya, Santa Mónica, Cohetzala, Coacalco e Ixcamilpa.


  • Hacia el norte de la cabecera, se observa el eje central del Distrito: Huehuetlán el Chico, Tlancualpicán y Chietla. El error visible es que localiza al pueblo de Santa Ana Tecolapa, arriba de Huehuetlán.


El trazo en el mapa de los ríos Atoyac, Mixteco, Tlapaneco y Cohetzala es admirable. En la cabecera, Chiautla, se aprecian dos herramientas cruzadas, lo cual indica la presencia en el Distrito de minas, canteras o de alguna prospección minera; no debe olvidarse que la sal es un mineral. El mapa incluye también a la pequeña estancia de Tlaucingo, donde se ubicaba la mina de la provincia de Chiautla en el periodo colonial.


Distrito de Chiautla, 1886, fotografia tomada de la página Xolalpan, Puebla. Esta es una extracción del Mapa del Estado de Puebla, elaborado por Antonio García Cubas, publicado en el Atlas Mexicano de 1886.
Distrito de Chiautla, 1886, fotografia tomada de la página Xolalpan, Puebla. Esta es una extracción del Mapa del Estado de Puebla, elaborado por Antonio García Cubas, publicado en el Atlas Mexicano de 1886.

Algunas referencias históricas también integran al enclave platero de Ayoteco (ubicado cerca de Olinalá, Guerrero) dentro de Chiautla de la Sal; otras lo mencionan como perteneciente a la provincia de Tlapa. Ello es indicio de que hubo disputas por la posesión de la mina entre los primeros encomenderos y las autoridades virreinales.


En el caso del Tlaucingo se desconoce quién fue el dueño, algunos autores sugieren que, por lo general, en los primeros reales del periodo virreinal los dueños eran sus encomenderos o los principales funcionarios de la Corona española. Se sabe que a finales del siglo XVIII la familia Pimentel mostró interés por la mina; en su caso, lo importante es que uno de sus miembros distinguidos, Luis García Pimentel, dejó un importante colección histórica y bibliográfica de los pueblos azucareros de Morelos, así como de Chiautla de la Sal, entre ellas, la “Relación de tributarios y estancias”, elaborada en 1571 por el Padre Prior del Templo de San Agustín Obispo, Bartolomé de la Vera Cruz.


En el enclave minero de Ayoteco (ubicado entre Chiautla de la Sal y Olinalá), el dueño fue Bernardino Vázquez de Tapia, primer encomendero de Tlapa. En el caso de la mina de Tlaucingo, muy probablemente el primer propietario fue Luis Ramírez de Vargas, a quien en el Archivo General de Indias (AGI), en dos diferentes fichas de 1545, lo denomina alcalde mayor de las minas de la provincia de Chiautla, incluyendo también dentro de su jurisdicción a las minas de Ayoteco. Esa concentración del poder económico y político en una persona o en una elite significó una terrible lápida para la población desvalida.


Abasto y comercio de sal


Los españoles le permitieron a los grandes señores y a la nobleza indígena (pipiltin) conservar sus propiedades y sus salinas; incluso, les permitió seguir manteniendo control sobre sus macehuales. La sal, en el periodo prehispánico, era la principal riqueza que poseían y el tributo recolectado se enviaba a México Tenochtitlan; además de abastecer a los diferentes pueblos nativos.


Debe decirse que hasta 1550 los volúmenes producidos de sal eran suficientes para atender la demanda de la población, hasta ese año su uso tenía fines alimenticios, de conservación, medicinales y, veladamente, rituales. Sin embargo, cuando se descubrió la masa reactiva (azogue, sal y magistral) se suscitó un aumento considerable en su demanda, generando su consecuente escasez. Ello obligó a que en enseguida se dictaran ordenanzas para regular su producción y garantizar el abasto a los reales mineros.


La producción de plata en el centro de México se ubicaba en las minas de Temascaltepec, Sultepec, Amatepec, Zacualpan, Tlalpujahua y Taxco, existiendo, además, un número importante de pequeñas minas u otras con baja productividad o producción intermitente, como las de Tlaucingo o Huautla. Los pueblos salineros de Puebla y los que se encontraban en torno a esos reales mineros como Tejupilco, El Salitre, Tonatico y Tlacotepec tenían la responsabilidad de abastecer la demanda de sal requerida por estas minas. La importancia productiva de los pueblos salineros de Puebla era relevante, producían la mayor parte de sal del Centro de México (1).


Los pueblos de la jurisdicción de Chiautla de la Sal, en lo particular, abastecieron a las minas de Tlaucingo; de Huautla, ubicada en la Sierra de Morelos; y de Taxco, en Guerrero. El Virrey Martín Enríquez comprendió la importancia del abasto de la sal para los reales mineros; por tal motivo emitió sus ordenanzas en 1580 que fueron expedidas “en lo particular, para los pueblos “de Ocotlán, Chiautla, Acatlán, Piaxtla, Tehuacán (Zapotitlán de Salinas) y Cuzcatlán y los demás pueblos de la comarca y distrito de minas de Taxco y Sultepec, haciéndose extensivas a toda la Nueva España.


En la exposición de motivo de las ordenanzas se resalta la prioridad de mantener un abastecimiento adecuado de la sal y del bajo costo que debía tener:


“Don Martín Enríquez, visorrey, gobernador y capitán general de esta Nueva España por Su Majestad, y presidente de su Real Audiencia que en ella reside, e por cuanto la sal para el beneficio de los metales de plata después del azogue es la más principal cosa que hay, y de un año a esta parte ha habido falta della y la dicha sal ha debido ser encarecida y valido a excesivos precios...y también haber regatones que tienen por granjería y trato de la comprar y volver (a vender) y de no poner en ello remedio será mucho el daño que seguiría (a) España…(2).


Describamos las ordenanzas del Virrey Enríquez:


  1. “Como la sal era monopolio de la corona, se otorgaron licencias para que las comunidades explotaran sus salinas y dispuso que dedicaran su producción a abastecer la minería.


  2. Para evitar el comercio de los regatones y rescatadores, que compraban sal y luego lo daban a un precio más alto a las minas, ordenó que ningún español, mestizo o indio en seis leguas alrededor de los pueblos productores podía comprar o vender sal.


  3. Prohibió que los rescatadores de la sal salieran a los caminos que comunicaban a los pueblos productores con los reales de minas.


  4. Estableció que los naturales tenían obligación de vender directamente la sal a los reales de minas.


  5. Determinó que ningún oficial real, ya fueses corregidor, alcalde mayor, teniente, escribano, interprete o alguacil, comprará sal para revenderla, ni en forma personal ni a través de sus criados,


  6. Estableció que todo minero que comprase sal lo hiciera directamente con los indígenas que la beneficiaban.


  7. Ordenó que los pobladores productores de sal no se integrarán al repartimiento de mano de obra para las labores mineras (3) (Subrayado mío).


Las ordenanzas del virrey Enríquez se mantuvieron a lo largo del periodo colonial y las comunidades productoras de sal estaban obligadas a acatarlas (al menos teóricamente). En esa visión de favorecer a la minería, el precio oficial de la sal se mantuvo fijo durante casi un siglo. Hasta la primera mitad del siglo XVII la fanega de sal valía cuatro reales. Debe señarse que la fanega era una medida de volumen y no de masa, por lo que dependiendo del producto podía variar el peso; en el caso de la sal una fanega equivalía aproximadamente a 52 kilogramos.


El detrimento relativo de precios fue tal, que aun cuando en la segunda década del siglo XVIII el Virrey Fernando de Alencastre Noroña y Silva, Duque de Linares autorizó una nueva cotización para la sal (18 reales la fanega), las comunidades productoras de sal manifestaron su inconformidad y pidieron una mejor cotización. Los naturales de Ixtapan y Tejupilco, por ejemplo, de la jurisdicción de la mina de Temascaltepec hicieron el señalamiento de que “el dinero que recibían por la sal no les alcanzaba para cubrir todos sus gastos, ya que además de los tributos y las obvenciones, le daban al cura 12 pesos y un tomín para las fiestas del pueblo y otros 20 reales al principio de cada mes por las misas que celebraba. También daban semanalmente para el repartimiento de minas tres jóvenes que acudían a laborar en las haciendas de beneficio de Temascaltepec” (4)


El estancamiento del precio frente a los otros productos originó la existencia de mecanismos de mercado compensatorios:


  1. Comercio ilegal de la sal. Los propios indios propietarios (pipiltin) de manantiales o pozos trocaban directamente su producto por bienes de consumo, maíz, ropa, pan, jabón, panocha y tabaco. Este trueque ilegal tenía su sustento en el hecho de que la sal adquiría un valor más real, por encima del precio oficial determinado por la autoridad virreinal. La existencia de este mercado ilegal fue palpable en San Miguel Ixtapan, lo cual propició que el Alcalde de Temascaltepec prohibiera a través de un bando “que los indios trocaran sal, fijando como pena para los que desobedecieran, azotes, cárcel y una multa con dinero” (5).


  2. Acaparamiento de la sal por revendedores o por las propias autoridades españolas de las comunidades. Debe señalarse que los alcaldes mayores solían controlar la distribución y venta de la sal desviando suministros fuera del mercado minero para obtener mayores ganancias personales.


Además, durante el periodo colonial se mantuvo un sistema de repartimiento de mercancías, autorizado y legalizado por la Corona y las autoridades virreinales. Este sistema estaba a cargo de los corregidores o alcaldes mayores, convirtiéndose en un esquema forzoso mediante el cual se obligaba a los naturales a comprar productos que tal vez no necesitaban mediante un intercambio totalmente injusto: los alcaldes mayores compraban sal a precio fijo y a cambio "los pipiltin" recibían productos a precios de inflación. En este contexto debe entenderse la siguiente cita:


“Se sabe, por ejemplo, que el alcalde mayor de Chiautla repartía anualmente a los naturales de Acatlán y Piaxtla cien mulas y caballos con valor de 400 pesos y ropa con valor de 400 a 500 pesos, todo lo cual pagaban los naturales con sal” (6)


En el colmo, los corregidores o alcaldes mayores no necesariamente vendían la sal a las minas, sino que la colocaban en otros mercados en donde había una mayor cotización, generando un “mercado negro” o ilegal, o, incluso, colocaban la sal en las minas por encima del precio oficial, tal como se aprecia en las siguientes fichas del Archivo General de la Nación (AGN):


Año 1708

“El Virrey manda a los Alcaldes Mayores de Chiautla, Acatlán y Piastla no graven el precio de la sal con que abastecen a las minas de Taxco, y no se ponga otro precio a la misma” (Registro 156943. Indios. Volumen 37. Expediente 31).


Febrero 19 de 1709

“Vuestra excelencia con parecer de asesor manda a las justicias de los partidos de Chiautla y Piastla guarden, cumplan y ejecuten el despacho aquí inserto sobre las remisiones de sal a las minas de Taxco como se refiere. (Registro 118331. General de Parte. Volumen 19. Expediente 162).


A pesar del acaparamiento y del sistema de repartimiento forzoso de las mercancías, debe recordarse que conforme a las ordenanzas los “indios propietarios de los pozos de sal” si podían vender directamente sal a las minas, aunque también les resultaba redituable arriesgarse y venderlo en mercados alternativos, aun cuando resultaran ilegales:


1733

“Para que los indios vendan la sal a los mineros a peso de dos pesos y cuatro reales, la que se necesitare”. (AGN/Instituciones Coloniales/Gobierno Virreinal/General de Parte (051) /Volumen 29/Expediente 338).


El crecimiento del mercado “informal” de la sal naturalmente afectaba a los intereses "voraces" de los dueños de los reales mineros. Así, durante el periodo de reactivación del Real de minas de Huautla, durante la segunda mitad del siglo XVIII, José Mariano Samper (dueño y diputado de esta minería) denunció que se estaba infringiendo la normatividad sobre el comercio promulgada por el Virrey Enríquez. El virrey Mayorga ordena al administrador de tabacos (hacienda) de Chiautla la investigación sobre esta denuncia y queda completamente confirmada el 17 de octubre de 1779:


“Por tal motivo se ordena al Alcalde Mayor de Chiautla de la Sal el repartimiento de sal y el cobro de los dos reales por cada carga que saliese de la jurisdicción, así como la suspensión de las licencias de venta, además de declarar la venta franca y libre para los mineros” (7).


Lo anterior, conforme a la disposición ordenada por la Real Audiencia:


“(Que la sal) solamente la pueden comprar los mismos que benefician metales... y los arrieros y carreteros que tiene por trato (la de) comprar, para llevar a las dichas minas, los cuales no la pueden vender fuera de ella” (8).


Extracto del mapa ilustrado de San Juan Teotlalco, obtenido del Repositorio documental y digital del AGN. A 12 kilómetros de Teotlalco se ubica Tlaucingo e indica el camino antiguo al Real de  minas  de Huautla
Extracto del mapa ilustrado de San Juan Teotlalco, obtenido del Repositorio documental y digital del AGN. A 12 kilómetros de Teotlalco se ubica Tlaucingo e indica el camino antiguo al Real de minas de Huautla

En resumen, los nobles indígenas de los pueblos salineros resintieron medidas contrarias a sus intereses mediante tres vías: el acaparamiento de los alcaldes mayores, el sistema forzoso de repartimiento de mercancías y el control de precios de la sal, frente a la natural inflación de otros productos, sobre todo, alimenticios. Esto provocó una pobreza generalizada en los pueblos salineros; es decir, los macehuales tuvieron siempre una vida miserable; en tanto que gran parte de los pipiltin terminaron siendo pobres.


Tal como lo observó Bartolomé de la Vera Cruz, en 1571, al describir a Chiautla de la Sal y sus estancias: “Granjerías hay pocas, si no es sal”, siendo, en consecuencia, una fuente de ingresos, si no de riquezas. Conservar los pozos de sal significaba, asimismo, mantener el estatus social, de pipiltin, que permitía (tanto a los poseedores como a su descendencia) conservar ciertos privilegios y no integrase al trabajo forzoso. Esto contexto provocó disputas por los pozos y tierras con los funcionarios virreinales, los representantes eclesiásticos y entre los mismos nativos de la población:


Junio 16 de 1640

“A la Justicia de Chiautla de la Sal, a fin de que ampare a los naturales contenidos en el expediente en sus tierras y de que el español de quien se quejan no los agravie” (Registro 148520 del AGN, Indios, Expediente 125).


Noviembre 14 de 1640

“A la justicia de Chiautla de la Sal a fin de que ampare a Ana Agustina y a su hija, naturales de dicho pueblo en las tierras, aguas y casas de su propiedad” (Registro 148603 del AGN, Indios).


1734

“Para que se remitan las diligencias hechas sobre el precio de la sal y posesión de las salinas de Chiautla y Piaztla. (Registro 121297 del AGN, General de Parte)”.


Año 1797

“Diligencias realizadas por Nicolás Antonio García, Principal de este pueblo (Chiautla de la Sal), contra Pedro Antonio Cuaguamoxtla (Cuacuamoxta), sobre el despojo de unos pozos de sal que se encuentran en el paraje llamado Cuahuixcatlan” (Registro 348236 del AGN. Tierras, Expediente 2. Volumen 2685).


El espíritu religioso declinó también sin enfrentarse a los agravios e injusticias; y empezó aceptar con mansedumbre el nuevo orden de las cosas.  La labor de los siete primeros misioneros agustinos en la Nueva España perdió su vitalidad original y al finalizar el siglo XVI los frailes de la orden cometían abusos y entraron a la disputa de tierras y pozos. Véase sólo algunos ejemplos:


1.    Abusos


Años 1589-1591

“Chiautla, Po.- Los indios de los pueblos de Huehuetlan, Patoalan, Itzuntehuittzco, Atzinco, Yoyuhuitzinco, Tzumatlac, Amilacatlan y Cuetzalan, sujetos al de Chiautla, se quejan (de) que la justicia y religiosos los obligan a darles bastimentos y prestarles servicios personales” (AGN/Instituciones Coloniales/Real Audiencia/Tierras (110) /Contenedor 1229/Volumen 2913/Expediente 10)


Octubre 29 de 1675

“Que el alcalde mayor de la jurisdicción de Chiautla, el Gobernador y el doctrinero de dicho pueblo, no obliguen a los naturales del mismo a pescar en el río ni a ningún servicio solo el que voluntariamente quieran hacer pagándoles su trabajo, so pena de 500 pesos. Po. Tlancuaypican o Tlantlaquipac, Sta. Ma. Asunción. Juris. Puebla” (AGN/Instituciones Coloniales/Real Audiencia/Indios (058) /Contenedor 15/Volumen 25/Expediente 104).


2.    Propiedades y disputas


29 de agosto de 1593

“Y los dichos frailes agustinos tienen una labranza en términos del pueblo de San Salvador, con un molino; y en términos del pueblo de Cuatlauaca tienen dos sitios de estancia poblada de cabras; y en Chiautla tienen muchas partes de Cajetes y salinas” (9)


Años 1580-1726. 1756-1826

“Chiautla, Po.- Los naturales del pueblo de San Pedro Ocotlan, contra los religiosos agustinos, sobre posesión y usufructo de unos pozos de sal”. (Registro No. 343596 del AGN, Tierras, Expediente 1).  

    

1776

“Se manda al alcalde mayor informe que generó las salinas, si se arriendan o son arrendadas, que cantidad de sal producen al año y cuál es su calidad, su precio regularmente, que pertenecen a los padres agustinos” (AGN/Instituciones Coloniales/Gobierno Virreinal/ General de Parte (051) /Volumen 56/ Expediente 22). 


Años 1735-61

“Chiautla, Po.- Los naturales del pueblo de San Marcos Ayoxuxtla, contra el convento de San Agustín, dueño del rancho de Tepoxmatla, sobre propiedad de tierras. Juris. Pueble. (AGN/Real Audiencia/ Tierras (110) /Contenedor 0366/Volumen 777/ Expediente 5).


Dejemos el relato aquí, para abordar ampliamente en la próxima entrega el tema del coatequitl o trabajo forzado.

 

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De antemano una disculpa, pero no pude resistir la tentación de publicar el soneto "Perdido ando, señora, entre la gente", atribuido a Bernardo de Balbuena, considerado una de las piezas liricas más bellas del periodo novohispano:



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(1)  Margarita Menegus Borneman. “Las comunidades productoras de sal y los mercados mineros: los casos de Taxco y Temascaltepec, en Minería Regional Mexicana (Dolores Ávila, Inés Herrera y Rina Ortiz Compiladores). Serie Historia INAH.

(2)  Rodrigo Martínez Barac. “Documentos en nahuatl de Oztuma, Guerrero, 1574-1692”. en Cuadernos de Etnohistoria 2 . página 24.

(3)  Margarita Menegus Borneman. Op. Cit. p. 24.

(4)  Ibidem. p. 27.

(5)  Ibidem. p. 28.

(6)  Ibidem. p. 30.

(7)  Ernest Sánchez Santiró.  “Plata y Privilegios: El Real de Minas de Huautla, 1709-1821”. p.103.

(8)  Ibidem. p. 103.

(9)  Hortensia Carmen Rosquillas Quiles. La apropiación de la tierra en los señoríos de Huatlatlauca y Huehuetlán en el estado de puebla (1520-1650). Tesis UNAM.





 

 
 
 

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