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El pronóstico de crecimiento de la economía mexicana y el deseo inconfesable de fracaso

Actualizado: 11 abr 2021

Gildardo Cilia, Alberto Equihua, Guillermo Saldaña, Eduardo Esquivel y Arturo Urióstegui


Los Pre-criterios


Cada año, en el mes de marzo, conforme al Artículo 42, fracción I, de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) remite al Congreso de la Unión el documento denominado “Pre-criterios”, en el cual se destacan los aspectos relevantes del marco macroeconómico y de los objetivos de las finanzas públicas que se prevén en el ejercicio en curso y para el siguiente año; lo que da inicio al ejercicio presupuestario del ejercicio fiscal siguiente.


En los “Pre-criterios” se expone un resumen macroeconómico en el que se establecen los resultados a esperar de los principales indicadores económicos al cierre de cada año y lo que se prevé para el siguiente ejercicio . Entre ellos: la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB); la tasa de inflación; el tipo de cambio nominal; la tasa de interés (Cetes a 28 días); el saldo de la balanza de pagos en cuenta corriente y el precio de la mezcla mexicana del petróleo. También incluye la perspectiva internacional, a partir de tres variables más: la tasa de crecimiento del PIB, el crecimiento porcentual de la producción industrial y la tasa de inflación de los Estados Unidos.


En los “Pre-criterios 2022”, la SHCP subió su pronóstico de crecimiento económico de México para 2021 de 4.6% a 5.3%. Debe decirse que la primera tasa fue proyectada en septiembre de 2020, cuando se dio a conocer el Paquete Económico 2021; de modo que la pregunta obligada a hacer es ¿qué ha cambiado de septiembre de 2020 a marzo de 2021? La respuesta es que ahora se cuenta con mayor certidumbre respecto a tres aspectos nodales: el avance de los programas de vacunación en México y en el mundo; la evolución de la economía interna y global y la posición que guarda el precio internacional del petróleo.


La siguiente interrogante es si la visión de la SHCP es compartida por organismos externos e internos, porque de no ser así podría ser una utopía. Muy pronto se encuentra la respuesta si atendemos al pronóstico del Fondo Monetario Internacional, que mejoró la perspectiva de crecimiento tanto de la economía mundial de 5.5% a 6%, como de la de México de 4.3% a 5%, de enero a abril, en el presente año. Dicha mejora se sustenta en dos consideraciones básica: la aplicación masiva de vacunas contra el COVID-19 y las grandes sumas de apoyo gubernamental que acelerarán el crecimiento económico mundial; es decir se espera una potente recuperación tras la grave crisis sufrida por el virus en 2020.


Se podría cuestionar que el proceso de crecimiento económico es divergente, pero la trayectoria global depende en mucho del comportamiento de las economías desarrolladas; no debe olvidarse, que sólo Estados Unidos y China cubren el 40% del PIB global. Y sí, el FMI considera que México se va a beneficiar con la expansión de la economía estadounidense.


Se estaría alejado de la realidad si se concibiera que la evolución económica del país no estuviera vinculada al desenvolvimiento de la economía norteamericana. La política económica del país desde hace más de 40 años buscó esa articulación; de modo que es explícito que el dinamismo de Estados Unidos tiene un efecto de arrastre sobre los indicadores productivos del país. El efecto en cascada del plan de rescate del presidente de Biden por 1.9 billones de dólares y el repunte esperado de 6.4% (según el FMI) de la economía norteamericana claro que benefician a México. Hay quien interpreta este efecto como dependencia; pero dada la globalización de la economía seguramente es más apropiado hablar de interrelación e interdependencia. Ya hace mucho que los niveles de producción alcanzados en el mundo son posibles por el intercambio intenso y complejo no sólo de mercancías; sino también de personas, capitales, conocimientos y tecnología. Ahora mismo gran parte de los países sudamericanos están preocupados por la inercia de la economía brasileña (la quinta potencia del mundo) que aporta más de 60% del PIB de Sudamérica. Otro caso claro de interdependencia.


Los “Pre-criterios” antecedieron al informe de “Perspectivas de la Economía Mundial” del FMI y en ambos textos se reconoce como riesgo la posibilidad de confinamiento y de cierre por nuevas mutaciones del virus, aun cuando la cobertura de vacunas justifique cierto optimismo. Así las cosas, no deja de llamar la atención la crítica a estas prospectivas de crecimientos de la SHCP y calificarlas de “halagüeñas”. Quien así piensa, argumenta por ejemplo que es “incierto: el programa de vacunación del país”; que “las nuevas cepas no peguen tan duro” y que “(en efecto, se entre) al verano con bajas tasas de contagio y de mortalidad”. Es correcto que las tres premisas constituyen condiciones sine qua non para alcanzar cualquier meta de crecimiento; pero hasta ahora nadie lo ha negado: la propagación y prolongación del mal atenta contra el desarrollo económico; es decir, contra el bienestar y la salud de millones de personas de México y el mundo. El propio Secretario de Hacienda, desde antes de la publicación de los “Pre-criterios”, ha insistido en la necesidad de vacunar a más de 70 millones de mexicanos como condición para poder tener una mejor opción de crecimiento económico.


Entre buenos y malos deseos


Coinciden todos en los factores al evaluar fortalezas y debilidades o riesgos. Parece, sin embargo, que difieren en lo que desean: unos desean claramente que la meta de crecimiento se cumpla, incluso que se supere el 5.3%; los otros desean el fracaso. Obviamente sin pensar en las graves y destructivas consecuencias. Porque pasan por alto la desgracia que ello conllevaría para millones de hogares. Pues hay que pensar lo que significa en términos humanos cada punto de PIB perdido o sacrificado: empleos, ingresos, consumo, etc.


Estamos frente a la paradoja que tanto daño le ha hecho a México. Si la economía mexicana crece a buen ritmo y la prosperidad de los mexicanos se extiende en beneficio de más conciudadanos, naturalmente se percibe como un triunfo del gobierno en turno. Lo patológico del asunto está en que los detractores también en turno, en su afán por ver el fracaso del gobierno, efectivamente desean resultados económicos negativos e incluso el daño correspondiente en la vida de muchos ciudadanos. Es un fenómeno conocido en psicología. Nuestra capacidad para imponernos daños a nosotros mismos, con tal de ver el hundimiento de otro a quien se odia. Envidia a ultranza, llevada hasta sus últimas consecuencias. Como curiosidad psicológica puede ser interesante y con consecuencias limitadas a las dos o pocas personas involucradas. En la política, en cambio, el desear y peor aún, procurar activamente el fracaso de políticas económicas tiene consecuencias que alcanzan a muchos ciudadanos. El objetivo superior de la política es proveer las mejores decisiones para dirigir a la nación en una ruta de crecimiento y prosperidad. Desear y actuar en el sentido contrario es criminal. Los políticos que ignoran este objetivo superior, con tal de establecer y consolidar su poder, carecen de ética. Desafortunadamente, la historia de México ha estado plagado de ellos. Se les puede encontrar en todas las posiciones y en el espectro político completo.


A México le conviene crecer. Tanto acelerada como sosteniblemente. Es bueno para los mexicanos, que así tendremos las bases para vivir mejor: empleo, ingresos, así como productos y servicios para consumir. Al mundo también le conviene que México crezca con firmeza. Porque nuestro país se ha ganado una posición significativa en las cadenas globales de producción y en general, en los circuitos económicos globales. Quizás para desencanto de los políticos, la orientación del gobierno en turno no le importa a nadie. Sólo a los que tienen intereses especiales para estar en puestos clave, quizás con intenciones cuestionables. Lo que desean y quieren los mexicanos y la comunidad internacional es una economía mexicana sólida.


De manera que, las perspectivas de crecimiento para nuestro país son buenas noticias. Más cuando los pronósticos hechos en México y en las instituciones internacionales coinciden en buena medida. Veamos algunos datos:

  • En marzo, la Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico (OCDE) elevó la perspectiva de crecimiento de 3.6 a 4.5%

  • El FMI anunció un incremento en su proyección de 4.3 a 5%.

  • Las dos principales encuestas entre analistas del sector privado dan cuenta también de mejores perspectivas:

  1. La encuesta mensual del Banco de México a los analistas privados aumentó el escenario de crecimiento de 3.74% en febrero a 4.53% en abril.

  2. La encuesta Citibanamex de expectativas modificó el escenario de 3.5% en enero a 4.6% en abril.

Desde luego, como lo señala el FMI, en la revisión hacia el alza de México juega un papel importante “el impacto positivo de la demanda externa, guiado por el mejor desempeño de Estados Unidos, así como el efecto económico de tener aseguradas suficientes vacunas para cubrir a la población”; pero igual de trascendente son los datos que hacen referencia a una mejor integración económica regional, a la reactivación de la economía interna y a la expansión de los indicadores de confianza:

  • En el primer bimestre del año, México volvió a ser el principal socio comercial de Estados Unidos con un comercio total (exportaciones más importaciones) de 98 mil 998 millones de dólares; con un superávit a favor del país de 15 mil 940 millones de dólares. Esto es, México representó el 14.9% del comercio total que realizó Estados Unidos con el mundo.

  • Se está reactivando el mercado interno y las señales de recuperación son evidentes. Los indicadores del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas se situaron en marzo por arriba de 50 puntos por primera vez desde el estallido de la pandemia; siendo para el sector manufacturero de 50.7 puntos y para el sector no manufacturero de 52.8 puntos. Ambos indicadores muestran una expansión en la demanda de productos y servicios o pedidos, producción y empleo.

  • La confianza del consumidor se situó en marzo en 40.4 puntos porcentuales, sólo 1.6 puntos porcentuales por debajo del existente en marzo de 2020, previo a la pandemia; es decir, se está recuperando la confianza sobre el porvenir de la economía mexicana.

Ciertamente, se puede decir que el incremento previsto para 2021 es un rebote estadístico después de la contracción sin parangón de la economía mexicana y que conforme a los previsto por la SHCP el ritmo de crecimiento se reducirá en 2022 con una tasa de crecimiento de 3.6%. De tal forma que el crecimiento en dos años apenas si va a ser suficiente para resarcir en términos absolutos el valor del PIB que se tenía antes de la pandemia. Pero también es verdad que debemos de encontrar el mayor impulso posible para alcanzar lo que antes se tenía y eso sólo puede ser factible con una conjunción de esfuerzos que posibilite una mayor expansión de las actividades productivas.


Se podría tener un mayor avance con la reconstitución del mercado interno. En este sentido apuntan claramente: la recuperación del salario real que debe aumentar la participación de la masa salarial dentro del ingreso nacional; la mejora de las pensiones de retiro y la reconfiguración del mercado laboral, que acota y hace menos depredador el funcionamiento del outsourcing. Desafortunadamente, la precariedad laboral persiste y serán necesarias políticas y medidas adicionales para revertir el rezago acumulado.


Hay otras cuestiones en donde la insuficiencia es notoria, sobre todo, en materia de fomento a las actividades y empresas que forman parte del sistema de abasto y proveeduría. La banca de desarrollo, por ejemplo, debe jugar un papel preponderante en la promoción de proyectos: debe pasar de ser una simple receptora a una hacedora de proyectos. Sólo el mayor dinamismo del mercado interno y la integración eficiente de la multitud de micros, pequeñas y medianas empresas formales hacia los sectores competitivos podrían llevar a una tasa de crecimiento sostenida de 6%; que es la que se requiere para hacer posible el pleno empleo.


¿Los pobres deben subsidiar a los ricos?


Los analistas insisten en señalar que existe un clima de confianza adverso para la inversión, dados los riesgos de gobernanza, la intromisión en proyectos estratégicos, el riesgo de incumplimiento en los contratos, el manejo de las finanzas públicas y la implementación de programas sociales. Desde luego todos estos puntos son materia de debate, pero la gran pregunta es: ¿se han vulnerado las bases de la estabilidad macroeconómica?


Ninguna posición razonable podría estar en contra del equilibrio fiscal y financiero del sector público, al menos hasta 2018 no era así. No se ha hecho lo contrario, sigue prevaleciendo el objetivo de mantener finanzas públicas sanas y no se ha abandonado el principio de mantener un superávit primario, es decir, no se gasta por encima de los ingresos; no se ha recurrido a deuda, excepto a la que se programa y autoriza el Congreso de la Unión; las reservas internacionales se han incrementado, hasta alcanzar casi un máximo histórico de 196 mil millones de dólares; se ha respetado la autonomía del Banco de México y es normativamente imposible acudir a la emisión monetaria o al financiamiento directo del Instituto Central. Todos son principios prudenciales básicos a los que se han llegado después de construir el andamiaje institucional de pesos y contrapesos para establecer y mantener la estabilidad macroeconómica que hoy conocemos. Una historia que acumula apenas sus primeras décadas.


¿Es posible olvidar la estabilidad macroeconómica con tal de alcanzar tasas de crecimiento espectaculares? Algo que parece piensan algunas voces críticas. Revisar la experiencia de países desarrollados permite destacar las siguiente interrogantes:

  • ¿Por qué si el gasto deficitario en esos países es de 10, 15, 20% y más respecto al PIB, México sigue proyectando para 2021 un superávit primario de 0.1%?

  • ¿Por qué si los bancos centrales a nivel mundial trabajan con tasas de interés cercanas a cero, México continúa con una tasa de interés de referencia de 4% para 2021 y 2022?

  • ¿Sus convicciones keynesianas les hará pensar que al gastar menos para ahorrar se contrae la actividad económica, el ingreso nacional, la recaudación tributaria y el ahorro, por lo que no se logrará tener más recursos para gastar después, llevando a la economía a un largo periodo de estancamiento?

  • ¿Concluirán que para disminuir la deuda pública, el gobierno tiene que gastar más, para así aumentar el ingreso nacional y contar con una mayor recaudación y abonar a la deuda?

  • ¿El esfuerzo fiscal y monetario significa gasto público deficitario, mayor emisión y contratación de deuda y menores tasa de interés?

¿La crisis fiscal y financiera del Estado sería la solución para avanzar en el camino correcto? Maroma tras maroma: déficit para cubrir más déficit; deuda para pagar más deuda y desahorro en términos reales, sin importar el contexto de una economía abierta. Afortunadamente, no parece que estamos ante un gobierno que se deje seducir por ideas trasnochadas que llevan a la quiebra económica y financiera del país. Se dirá que la deuda pública ha aumentado con respecto al PIB, es cierto, pero como efecto de una disminución del denominador, en tanto que la deuda que se contrata sirve preferentemente para diferir las amortizaciones de corto plazo, garantizando la solvencia financiera inmediata del país.


Incluso, la idea de una reforma fiscal progresiva, también parece que se ha abandonado. Cuando hoy se habla de terrorismo fiscal es que se combate la evasión y la elusión fiscal; se eliminan las condonaciones y se cobran los adeudos no pagados de ejercicios anteriores. Se olvida que en materia tributaria existe un marco constitucional que indica “que los sujetos pasivos deben contribuir a los gastos públicos en función de su respectiva capacidad económica, debiendo aportar una parte justa y adecuada de sus ingresos, utilidades y rendimientos, lo que significa que los tributos deben establecerse de acuerdo con la capacidad económica de cada sujeto pasivo, de manera que las personas que obtengan ingresos elevados tributen más en forma cualitativa a las de medianos y reducidos ingresos". (Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, tomo XVII, mayo de 2003. Tomado del Texto de Jorge Luis Revilla de la Torre).


De verdad, ¿ya no hace falta contar con una política fiscal progresiva en el mundo? Hace pocos días la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen propuso una tasa impositiva corporativa aplicable a los países del G-20, que agrupa a las principales economías del mundo. Dijo: “Juntos podemos utilizar un impuesto mínimo global para asegurarnos de que la economía mundial prospere sobre la base de un campo de juego más nivelado en la tributación de las corporaciones multinacionales y estimule la innovación, el crecimiento y la prosperidad”. Esto mueve de nuevo a la economía al plano real, a la necesidad de contar con recursos fiscales para hacer crecer a las economías desarrolladas. La norteamericana requiere casi 2 billones de dólares para invertir en infraestructura. En estricto sentido, esta iniciativa constituye una política progresiva sustentada en gravar grandes fortunas.


En México no se han elevado ni instaurado nuevos impuestos, pero no se debe dejar de pensar que es necesaria contar con fortaleza fiscal, no ampliando impuestos hacia las clases medias o impactados el IVA en alimentos o medicinas, sino haciendo contribuir más a los que deben y pueden aportar más.


Quedaría por discutir hacia dónde se deben dirigir los ingresos fiscales y ese es otro tema polémico. Las prioridades en un país como el nuestro son diversas, pero no podemos dejar de lado a la inversión de obras públicas que tengan un efecto multiplicador en la actividad privada y en la generación de empleo; también debe de dirigirse el gasto hacia los servicios relacionados con la educación, la salud y la vivienda que generan valor en la calidad de vida y en el bienestar de la población y por qué no, a tratar de nivelar las diferencias económicas del país, lo que pone al gasto como un mecanismo redistributivo del ingreso.


En ese antagonismo que caracteriza a nuestro tiempo es triste escuchar que se afecta a las decisiones de inversión cuando se tratan de eliminar subsidios a las grandes corporaciones o a los que más tienen. Asombrados hemos leído que no se debe subsidiar a los pobres destruyendo las fortunas de los ricos. Luego, entonces, ¿los pobres deben subsidiar a los ricos?


La respuesta llegó muy temprano, durante la semana pasada FMI publicó que en plena crisis pandémica los 500 hombres más ricos del mundo acrecentaron su patrimonio neto en 31% (1.8 billones de dólares); en tanto que la revista Forbes publicó que los 13 hombres más ricos de México acrecentaron su fortuna en casi 35 mil millones de dólares. La fortuna de esos multimillonarios del país “es más del triple de las remesas familiares a México el año pasado, 40 mil millones de dólares, y supera el saldo de la deuda externa del gobierno federal, que en diciembre pasado fue de 111 mil millones de dólares, según datos oficiales”.


Colegas economistas en diferentes chats han compartido publicaciones que a la luz de los anteriores datos son ridículas. En una de ellas un pobre pide que no le regalen dinero porque lo hacen más flojo. Más grave es que profesionistas universitarios que estudiaron en escuelas públicas no se apunten a sí mismos: estudiamos en esas escuelas casi sin costo alguno; y muchos sin ese esquema subsidiado jamás hubiéramos pisado un aula universitaria ¡Increíble!


¿Cuando se subsidian a la grandes corporaciones no se generan ineficiencias? ¿No se inhibe la productividad de las empresas y se hace ficticia su rentabilidad? ¿Cómo es posible aceptar que los subsidios sean un componente de la tasa de ganancia de las grandes empresas en México, algunas, por cierto, transnacionales?


No es posible retroceder al pasado y pensar que es necesario subsidiar a las grandes empresas para que estas inviertan. De hecho, la estrategia de condonar impuestos y de subsidiar a las corporaciones surgió en México en el periodo de sustitución de importaciones, dentro de un enfoque claramente proteccionista. Este enfoque nunca se ha ido y grandes empresas, además de prebendas han recibido enormes beneficios. Se les condonan impuestos y reciben subsidios.


Conforme al artículo 28 constitucional es facultad del Estado vigilar la aplicación de los subsidios y los mismos deben tener un carácter temporal y no afectar sustancialmente las finanzas de la Nación. No debería haber discusión, porque los subsidios atentan contra el interés público; horadan las finanzas públicas y son inequitativos, claramente cuando se dirigen a corporaciones o a sectores de altos ingresos que no los necesitan y que pervierten la distribución del ingreso, y la hacen aún más inequitativa.


A manera de conclusión


Toda economía debe crecer, es necesario generar riqueza para ampliar potencialmente los ingresos de la sociedad. El crecimiento, sin embargo, no sólo debe analizarse cuantitativamente, sino también cualitativamente.


No se puede obviar que frente a esto hay miles de millones de personas en situación de pobreza y que ahora mismo se debe vacunar al 70% de los 7,700 millones de habitantes del planeta. Ese mismo porcentaje hay que aplicarlo a alrededor de 127 millones de mexicanos.


La gran interrogante es: ¿sólo se puede crecer concentrando la riqueza; haciendo más desigual al mundo? Habrá quien piense que sí y que incluso las arcas del Estado deban vaciarse a favor de las grandes empresas y de las grandes fortunas para alcanzar las metas cuantitativas de crecimiento económico. Bajo esta perspectiva retrograda poco sentido tendría la ciencia económica, sería simplemente una secuencia de fórmulas con la predominancia de una sola variable: la inversión.


Más allá de estas apreciaciones, si debe preocupar la tasa de crecimiento económico, México y el mundo acelerarán su tasa de crecimiento económico este año y es una buena noticia. Mientras las poblaciones de los países crezcan, es imperativo que su producción de bienes y servicios hagan también lo propio. Visto así, una tasa mínima de expansión del PIB sería igual a la de la población, 1.1% anual para el caso de México. Si la economía crece sólo a esa tasa, entonces es posible suponer que las condiciones de vida permanezcan sin alteración.


Si el objetivo es mejorar la calidad de vida, entonces la economía tiene que expandirse a una tasa mayor; lo que sea por arriba de 1.1%. Entonces es más posible que el acceso al consumo alcance a más mexicanos y al mismo tiempo pueda ser mayor. Más personas que pueden comprar más bienes y servicios para mejorar su calidad de vida. Con tasas por arriba de este umbral no es necesario en principio que nadie pierda riqueza para que otro salga de la pobreza. Lo que sí es indispensable asegurar es que la producción adicional alcance preferentemente a los más pobres.


En todo caso, lo importante es establecer que las tasas de crecimiento que ahora estamos esperando para México están definitivamente por arriba del umbral de 1.1%. De manera que este año muchos mexicanos podrán experimentar una mejora en su nivel de vida. Cuantos y quienes depende no sólo de las fuerzas del mercado y las políticas públicas que se pongan en práctica. Como se indicó, la estabilidad macroeconómica con certidumbre se mantendrá en 2021. Que así sea asegura que todos en México pueden planear y tomar decisiones económicas y financieras con confianza. Porque podemos descartar movimientos bruscos y erráticos del valor del peso; algo que sucede cuando hay en marcha procesos inflacionarios o devaluatorios fuera de control. Con la economía estable, los mercados pueden funcionar con normalidad, para cumplir su papel en la asignación de los recursos a los fines o propósitos más provechosos para la sociedad.


El México próspero, justo y cohesionado al que seguramente aspiramos la mayoría de los mexicanos es imposible si lo que producimos para nuestra vida cotidiana es tan poco que nos orille como individuos a procurarnos nuestro sustento por cualquier medio que tengamos a la mano. La humanidad sabe por su historia el caos, la violencia, la injusticia que la escasez es capaz de desatar en nuestras sociedades, entre nosotros. Es la abundancia la que nos permite la vida en comunidad con armonía y paz. Es entonces cuando como sociedad florecemos como cultura, con las expresiones humanas más nobles como el arte, la ciencia, el deporte.


El desarrollo requiere de abundancia y de generosidad.













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