El Sur de México y Centroamérica: los equilibrios frágiles y el riesgo de un no mañana

Gildardo Cilia López



De ningún modo Centroamérica y México son vecinos distantes, nuestros problemas son comunes y el deterioro social y económico de la región se extiende cada vez más hacia el Centro del país (y aún más allá de esta zona de referencia) hasta abarcar media República Mexicana. El análisis del CONEVAL lleva a determinar que en el Sur y en el Centro Sur del país los niveles de pobreza son preocupantes, baste sólo señalar los siguientes datos:



El Estado más pobre de todos es Chiapas: tres de cada cuatro habitantes se encuentran en pobreza y tres de cada diez en pobreza extrema. Se pudiera concluir que la pobreza sea sólo un fiel reflejo de su contribución en el PIB (1.55%); sin embargo, con ese índice ocupa el décimo noveno lugar de los 32 Estados, por lo que la pobreza no obedecería únicamente a su baja aportación productiva. Debe decirse que los recursos naturales existentes en esa entidad son un importante aporte en la generación de energía eléctrica; mismo que aumentará en la medida que se amplíe el suministro con el mayor uso de la capacidad instalada y la modernización de la fuente más limpia y barata: la energía hidroeléctrica. Chiapas participa actualmente con más de 50% de la energía hidroeléctrica de todo el país y los datos nos hacen ver que, a cambio, existe una baja retribución para que alcance mejores niveles de desarrollo.


Aun cuando el ingreso per cápita no es el mejor indicador para determinar el nivel de pobreza, siete de los países más pobres de Latinoamérica se ubican en el área centroamericana y el Caribe: Nicaragua, Honduras, El Salvador, Belice y Guatemala; a los que habría añadir a un país cercano a Centroamérica, Venezuela; a dos del Caribe, Haití y Surinam y a otros dos más del Cono Sur, Bolivia y Paraguay:


Sorprendentemente dos de las entidades federativas con mayor índice de pobreza muestran un ingreso per cápita por arriba del promedio nacional (8,514 dólares americanos): Campeche (31,854 dólares) y Tabasco (11,372 dólares); todas las demás se encuentran por debajo del promedio nacional. Más lamentable es que cuatro de nuestras entidades federativas más pobres (Tlaxcala, Guerrero, Oaxaca y Chiapas) tengan un ingreso per cápita menor que el de Guatemala. La siguiente gráfica es ejemplar, sobre todo cuando se visualiza a Chiapas en el entorno centroamericano:



Hace muchos años en nuestra Facultad de Economía hubo un interesante debate con Gilberto Rincón Gallardo. El tema era que tanto se podían extender los conflictos armados (revoluciones o guerrillas) de Centroamérica a México. A muchos nos parecía casi imposible. Rincón Gallardo, con un conocimiento más profundo sobre Centroamérica, aducía que las probabilidades cada vez eran más altas. Su punto de partida era que las entidades del país no estaban en una situación distante de Centroamérica, no sólo en torno a la geopolítica, sino porque había problemas comunes.


En aquella época (1982) se hablaba de un frágil equilibrio político y de problemas sociales que iban a llevar a procesos de ruptura en varios puntos de la geografía centroamericana; desde luego, muy lejos pensábamos que pudiera haber insurgencia en Chiapas. La situación real hizo que lo hipotético se presentara en México en 1994, aun cuando queramos ver este conflicto en forma aislada.


Han pasado casi 40 años de aquella discusión con Rincón Gallardo y sin duda, prevalecen en términos de desarrollo una masiva pobreza, que se puede traducir en irritabilidad social. La mancha de la pobreza se sigue extendiendo hacia México, pero en forma más intensificada. Eventos, como las marchas migratorias desde Centroamérica o el desplazamiento de las familias hacia zonas menos violentas e inseguras, se han hecho cada vez más multitudinarios, existiendo un frágil equilibrio en los derechos humanos.


En realidad, sólo queremos ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro, en México los fenómenos que traen consigo la pobreza se manifestaron con la misma intensidad. La diáspora mexicana hacía Estados Unidos en los últimos cinco años fue de 6 millones 888 mil 490 personas (Censo de Población y Vivienda 2020) y al interior del país los desplazamientos son masivos por inseguridad o violencia; sin dejar de señalar que actividades ilícitas como el narcotráfico y más el huachicol, se extendieron por casi todo el Sur y el Centro del país. La situación no podía seguir así y se tenía que hacer algo.


Los grandes proyectos como la refinería en Dos Bocas, Tabasco; el Corredor Transístmico y el Tren Maya; así como otros programas relacionados con la reforestación o con la renovación de la infraestructura portuaria, de caminos, de telecomunicaciones o eléctrica, permiten contener y revertir mediante la generación de empleos e ingresos los daños que han resquebrajado continuamente nuestro estado de derecho. Pocos lo creen, pero el deterioro de los indicadores socioeconómicos en el Sur y en el Centro Sur del país lo que han puesto en duda es la continuidad histórica de nuestro país; no hacer nada desde el Gobierno significaba una gran frivolidad: ¡tener una actitud francamente irresponsable!


Pero todo va a ser insuficiente, si lo que ha iniciado en México en términos de inversión y combate a la pobreza no se replica en los países centroamericanos, específicamente en Guatemala, Honduras, Belice, El Salvador y Nicaragua. Nada se salvaría si no se hace nada, ni aún el capital natural (que tanto se quiere proteger) que se vería depredado por la mancha intensiva y extensiva de la pobreza. Tenía razón Gilberto Rincón Gallardo, lo que no se haga en la región centroamericana y en el Sur y Centro Sur de México, terminará siendo un riesgo para la estabilidad política y económica de los polos más desarrollados, incluyendo, desde luego, a los Estados Unidos.

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