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La buena marcha de la economía mexicana y los datos inobjetables

Gildardo Cilia López


De verdad, da gusto cuando alguien como Raúl Feliz reconoce que la economía mexicana pasa por un buen momento. El economista, inesperadamente, expuso datos sólidos en el programa televisivo “Es la hora de opinar”.


Leo Zuckermann asintió, aun cuando parecía no agradarle escuchar las cifras positivas. En general, los comentaristas opositores al gobierno del presidente López Obrador prefieren no hablar de las cosas buenas que están pasando en el país; algunos, incluso, insisten en vislumbrar panoramas sombríos.


Los datos sólidos están a la vista. La economía mexicana a marzo de 2023 creció a una tasa anual de 3.9% y las perspectivas siguen siendo favorables, pese a la desaceleración que se sigue previendo para Estados Unidos. Tan es así, que casi la totalidad de los organismos e instituciones nacionales e internacionales han mejorado sus estimaciones de crecimiento para 2023, elevándolas por arriba de 2%.


Lo más importante es que México ha mostrado resiliencia ante los embates de la economía mundial y que ha recuperado el nivel del Producto Interno Bruto (PIB) que tenía antes de la terrible parálisis económica provocada por el Covid-19. Hay quien tendenciosamente señala que durante el presente sexenio apenas si se ha crecido a una tasa promedio anual de 0.2%; no obstante, lo relevante es que la economía mexicana muestra bases sólidas para su desenvolvimiento futuro. Un análisis más objetivo pondría especial énfasis que a partir del colapso económico del segundo trimestre de 2020 la economía ha crecido a una tasa promedio de 8.3%; lo que ha permitido recuperar los casi 4 billones de pesos en términos reales perdidos súbitamente en el PIB.



Fuente: Banco de México.

El impacto positivo del crecimiento económico se refleja en la evolución del mercado de trabajo, que es el mercado más importante en cualquier economía. Al primer trimestre de 2023, la población ocupada con respecto a la Población Económica Activa (PEA) fue de 97.6%; es decir, se situó a 2.4 puntos porcentuales del pleno empleo. Lo impresionante es que este porcentaje de ocupación se ha dado con una generación de empleos nunca antes vista. Las cifras indican que a partir del debacle del segundo trimestre de 2020 se han creado 14.6 millones de empleos; además de que el dato de la población ocupada de casi 60 millones no tiene precedente histórico. Se podría aducir que la tasa de informalidad laboral se mantiene alta, pero se ha contenido en 55%. Desde luego, lo importante seguirá siendo crear empleos de buena calidad y bien remunerados, lo que sería imposible sin una economía en expansión.



Fuente: Elaboración propia con cifras del INEGI.

La tasa de ocupación observada en marzo más el incremento de las remuneraciones salariales reales (91.5% de 2018 a 2023) hacen concebir una disminución significativa de la pobreza laboral para el primer trimestre de 2023. El efecto conjunto de estos factores ya propició que la pobreza laboral disminuyera de 46% en el segundo trimestre de 2020 a 38.5% en el último trimestre de 2022. México está creciendo con más empleos y con empleos mejor remunerados. Esa es una verdad inobjetable.


Existen otros datos que muestran la buena marcha de la economía mexicana. El año pasado ante el incremento del índice general de precios y la creencia de que la economía se estaba desacelerando, no dejó de existir quien planteara, en un plano catastrofista, que se iba a presentar el peor de los escenarios: estancamiento con inflación. Poco observaron que la generación de empleos nos alejaba de la recesión y que la vitalidad del consumo privado iba a llevar a una tasa de crecimiento de 3.1% en 2022, pese a la incertidumbre de la inflación.


Contener y reducir la inflación es trascendente porque permite contar con los equilibrios básicos para propiciar un crecimiento sustentable; además de evitar el deterioro de los ingresos de las familias, sobre todo de las de menores ingresos. El hecho de que la inflación muestre disminución es una excelente noticia: en abril se situó en 6.25%, 2.45 puntos porcentuales menos con respecto a los meses de mayor inflación, agosto y septiembre de 2022.



Fuente: INEGI.

La menor inflación puede flexibilizar la política restrictiva del Banco de México. Por lo pronto, el ciclo alcista en la tasa de interés parece haber concluido; lo que amortigua el aumento del costo financiero para todos los deudores: consumidores, empresarios y gobierno.


Se discute sobre las causas de la baja generalizada de precios, dándole importancia al incremento de la tasa de interés o al Paquete Contra la Inflación y la Carestía instrumentado en mayo de 2022 y reforzado en octubre con el Acuerdo de Apertura Contra la Inflación y la Carestía. Ambos factores, seguramente, incidieron para contener la inflación, pero todo hubiera sido imposible si no se contara con el siempre indispensable equilibrio fiscal.


A efecto de arremeter contra la existencia de ese equilibrio fiscal, hay quien toma como punto de referencia el balance presupuestario, que incluye el gasto no programable; esto es, el gasto destinado a cubrir intereses, comisiones y otros conceptos relacionados con la deuda pública. El incremento de las tasas de interés ha tenido el efecto de abultar los servicios de la deuda pública; sin embargo, lo realmente trascendente es el balance primario que muestra la postura fiscal sin incluir el costo financiero de la deuda pública y otros pasivos garantizados por el Gobierno Federal.


Conservar un balance primario con déficits muy bajos o con superávits resulta elemental, ya que si el gasto programable excede los ingresos presupuestales; lo que sigue es recurrir a una mayor contratación de deuda y a expandir inadecuadamente la liquidez en el mercado. En plena crisis pandémica se decidió mantenerlo, evitando la evasión y la simulación fiscales y cobrando adeudos cuantiosos a las grandes empresas, con la consecuente prudencia en el gasto. Hay quien piensa que el gasto público debió haberse expandido para atenuar el detrimento en el PIB, sigo pensando que el impacto anticíclico hubiera sido poco significativo dada la parálisis económica que se dio con el confinamiento. Lo trascendente es que el equilibrio fiscal ha sido un puntal básico para alcanzar los buenos resultados obtenidos hasta ahora.



Fuente: Banco de México.

La cereza en el pastel ha sido la apreciación del tipo de cambio, como resultado de diferentes factores, entre ellos: del equilibrio fiscal; de mantener adecuadas relaciones de intercambio con Estados Unidos, nuestro principal socio comercial; de reducir el déficit entre el ingreso y egreso de divisas, de 2% del PIB de 2010 a 2019 a 0.9%; de la entrada de divisas por remesas que se estima rondará en 60 mil millones de dólares para 2023 y del crecimiento de la inversión extranjera directa (IED), que se prevé oscilará entre 35 y 40 mil millones de dólares para el presente ejercicio fiscal.


Pocos se acuerdan de que, durante los meses de marzo y abril de 2020, el tipo de cambio se situó en un nivel insospechado (por arriba de 25 pesos por dólar) ante el embate de las crisis de los precios del petróleo. La estabilidad macroeconómica, junto con la fortaleza de las reservas internacionales, revirtieron esta presión que parecía caótica.


Nuestra moneda se ha venido apreciando y ha resistido otros embates especulativos, como los originados por el derrumbe de bancos en Estados Unidos y en Europa; a tal punto que el tipo de cambio a la fecha es menor en 10.5% en relación con el observado al finalizar el sexenio anterior.



Fuente: Banco de México.

Estamos, en resumen, ante una economía resiliente que presenta un crecimiento por arriba de lo esperado; con índices de ocupación cercanos al pleno empleo; con un mercado interno que parece reconstituirse a partir del consumo privado; que registra un alto equilibrio en el flujo de divisas; que es una gran receptora de remesas y de inversión extranjera directa; además de que mantiene equilibrios fiscales y comerciales básicos que posibilitan el descenso de la tasa de inflación y la apreciación del tipo de cambio.


Los críticos del gobierno del presidente López Obrador no deben enojarse; por el contrario, deben reconocer los méritos que se han tenido en la conducción de la economía y desear que la buena marcha continúe en los próximos años, ello en beneficio de millones de mexicanos. Eso es lo sano y lo correcto.

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