La compra de la refinería Deer Park y la visión energética del Gobierno actual

Gildardo Cilia, Alberto Equihua, Guillermo Saldaña y Eduardo Esquivel.

Introducción

La compra de la refinería Deer Park es una operación que se circunscribe a una visión de gobierno. Celebrarla o condenarla resulta ocioso, si no se enmarca en esa visión estratégica que le da su real sentido. No se trata de una acción aislada, es un hecho articulado a un conjunto de medidas que tienen un propósito: la autonomía energética, por lo que merece una amplia reflexión.


La compra de Petróleos Mexicanos (Pemex) del 50.005% de la participación a Shell de la refinería Deer Park, ubicada en Houston, Texas, se politizó instantáneamente. Muchos comentarios pudieran ser razonables, pero también ha actuado la animadversión, en donde la razón pasa a un segundo plano. Se pierden de vista las ventajas, desventajas y el natural balance que debe tener cualquier operación de esa índole, necesarias para que cada uno pueda tener su propio juicio, pero informado. Tratemos de contribuir con elementos que deben estar a la vista de todos.


La sexta refinería más grande de los Estados Unidos originalmente fue adquirida en 49.995% por Pemex, en 1993, durante el gobierno del expresidente Carlos Salinas de Gortari, teniendo como socio a la compañía británica-holandesa Shell. Con esa primera operación se adquirió la mitad de la planta de refinación y el costo fue de 11 mil millones de pesos. Ahora con la nueva inversión, la empresa del Estado mexicano es dueña total de la planta. ¿La operación fue una decisión sustantiva? Analicemos.


Exportar crudo y no refinar

El análisis de los petrolíferos es sumamente complejo porque no se encuadra en la lógica del libre comercio y del libre mercado; lo que lleva a externalidades, particularmente políticas. Los derivados del petróleo son la principal fuente de energía del mundo. Desde luego, existen energías limpias alternativas, pero estas todavía no pueden soportar el funcionamiento de las actividades económicas y de la movilidad cotidiana. Todavía se antoja lejano el día en que estas desplacen en su totalidad a los combustibles, aun cuando sea la tendencia deseable y probable.


No se podría entender la compra de le refinería Deer Park, ni a la estrategia energética del gobierno mexicano, si no se hace referencia al contexto peculiar de la industria petrolera:


1) La historia del petróleo y sus derivados se explica más por fenómenos extraeconómicos: catástrofes, guerras, acuerdos, prácticas monopólicas (hay que recordar a Rockefeller y a las siete hermanas), cuotas de producción de los países petroleros fijadas por la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP), entre otros. Generalmente los precios se han mantenido o han repuntado mediante una regulación de la oferta, tal como sucedió en plena crisis pandémica cuando los países productores disminuyeron sus cuotas de producción para corregir la deflación de los precios del crudo que tendió a “0”. En algunos casos, brevemente, los precios llegaron a ser negativos.


2) El petróleo y los derivados tienen mercados particularmente especulativos y que pueden ser sumamente volátiles, al margen de que el menor uso del petróleo podría llevar a una menor cotización en el largo plazo. Véase, por ejemplo, la evolución de los precios diarios de la mezcla mexicana del 31 de diciembre de 2019 al 20 de mayo de 2021:

3) La política energética conviene instrumentarse en consideración del mejor de los escenarios: abasto suficiente con precios razonables y competitivos, que satisfagan el interés tanto de los consumidores como de los productores de cada una de las naciones. Pocos se acuerdan, pero la estanflación en los años setenta del siglo pasado tuvo su origen en una escalada de precios del petróleo y sus derivados.


4) El carácter estratégico en el futuro de la actividad petrolera debe reducirse a partir de la declinación de la producción en beneficio de las energías limpias; con ello, además deben terminar los conflictos que se derivan de la apropiación o control de los yacimientos petroleros. El exsecretario de Defensa y exdirector de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, James Schlesinger, en el XIV Congreso Mundial de Energía en 1990, se atrevió a decir: “Dominará el mundo, quien domine el petróleo en el Golfo Pérsico.”


Existen dos elementos más a considerar cuando se instrumenta una estrategia energética: el sentido de la oportunidad y la generación de valor agregado. La sustitución de hidrocarburos por energías limpias se está dando, pero no va a culminar en el corto plazo; se estima - de acuerdo con el perfil de desarrollo y la capacidad tecnológica de cada uno de los países – que el cambio, en plenitud, pudiera abarcar un periodo de 30 años o más. De modo que dejar de producir petróleo o más aún sus derivados, lleva inexorablemente a una exacerbada dependencia energética y a exponerse a la volatilidad de precios.


Lograr el equilibrio entre el corto plazo y los objetivos de largo plazo resulta sumamente complejo; es decir, se tiene que mantener la suficiencia energética, pero sin dejar de preparar el camino de la sustitución hacia energías limpias. Aun así, las tendencias a largo plazo no pueden dominar a las decisiones de corto plazo porque propician una menor autonomía o independencia. Dejar de producir o explorar campos potenciales de petróleo y abandonar la refinación llevó a México a asumir diferentes costos:


1. A una creciente dependencia externa que se refleja en una balanza comercial petrolífera en deterioro, hasta llegar a ser negativa:

2. A una disminución progresiva de las exportaciones de petróleo crudo:

3. A una excesiva dependencia de productos refinados, que se tradujo en un creciente déficit externo de diversos combustibles, como es el caso de las gasolinas:

4. Si bien en el precio de la gasolina influyen factores fiscales (impuestos y subsidios), la decisión preferente de importarlas ha traído consigo su encarecimiento en México, poniéndolo por arriba de nuestro principal socio comercial:

Otro aspecto relevante es el de la integración productiva, que posibilita la generación de un mayor valor agregado. México, claramente, es un productor de petróleo crudo y la política energética de 2006 a 2018 se encaminó a exportarlo y no a procesarlo. Convencionalmente se concibe que la integración de las cadenas de valor propicia mayores beneficios. No se puede entender del todo las causas del porqué durante esos años se optó por exportar la materia prima e importar derivados, particularmente, gasolina. Lo cierto es que el desbalance comercial provino de exportar crudo y de importar gasolinas. Esta estructura comercial de entrada genera un déficit por el diferencial de precios entre lo que es una materia prima y lo que son los productos procesados.


El margen de refinación

Lo primero que hay que aclarar es que el petróleo crudo no tiene un uso productivo directo; es decir, tiene que someterse a un proceso de conversión de energía primaria a secundaria denominada refinación. Así, el petróleo se somete a procesos para separar sus componentes útiles: gasolinas; diésel; gas natural, naftas y otros gases; turbosina; lubricantes; parafinas y asfaltos, entre otros. La refinería, en consecuencia, es un centro de trabajo donde el petróleo se transforma en sus derivados.


Los productos que se obtienen de la industria de la refinación tienen diferentes usos productivos: transporte, industria, generación eléctrica, petroquímica básica y uso doméstico. El amplio espectro productivo de la refinación resulta ser un factor estratégico para darle movilidad a la economía y la escasez o el encarecimiento de todos estos derivados afecta en forma inmediata a los hogares y a las empresas.


Las refinerías como todas las empresas deben tener utilidades e inicialmente estas se derivan del margen bruto de refinación, es decir, del valor de los productos menos el costo de la materia prima. El spread o diferencial entre los precios de los productos refinados y los precios de las materias primas es relevante; de modo que se requiere contar con un precio del crudo competitivo, más si se toma en cuenta que a nivel mundial los costos del crudo representan alrededor de 70% del costo total de una refinería.


Siendo productor de crudo, en apariencia, las refinerías de México tendrían un abasto seguro de materia prima y a bajo costo; lo que permite concebir que se mantendría un adecuado spread y que los precios de los derivados producidos podrían tener un nivel competitivo internacional.


Es importante hacer un paréntesis sólo para ratificar uno de los aspectos favorables de la integración productiva de las actividades prima