Las campañas contra las vacunas y la nueva duda: ¿Vale la pena seguir utilizando la vacuna Sinovac?


Eduardo Esquivel González (*)

Foto: Guillermo Saldaña Caballero


La crisis de salud provocada por la expansión de la pandemia de covid-19 ha ocasionado una depresión económica severa en México y en casi todos los países del orbe; esto por el cierre de diversas actividades económicas, así como por las medidas de confinamiento y aislamiento social que se tomaron para detener el avance del virus. La alternativa que se ha buscado en el mundo para llegar lo más pronto posible a la normalidad anterior a la pandemia y reactivar la economía es mediante la vacunación masiva.


Científicos del mundo se han abocado a encontrar un biológico efectivo para crear inmunidad frente al coronavirus y se han patentado varias marcas. Estos fármacos no han estado exentos de polémicas sobre su efectividad, de conspiraciones políticas y de acaparamiento por parte de las grandes potencias. La vacuna de origen chino Sinovac ha sido de las más cuestionadas.


El Secretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, declaró hace unos días que entre junio y julio estarán vacunados alrededor de 70 millones de mexicanos contra la enfermedad de coronavirus. Para cumplir con esta meta se está echando mano de varios biológicos, entre ellos, el fármaco chino. No se debe sembrar la incertidumbre, por lo que se tiene que abordar con seriedad las características de este fármaco y aclarar las dudas que se tienen. La idea es frenar el caos generado por apreciaciones subjetivas o conspiratorias.


En días previos, Federico Arreola puso sobre la mesa un tema interesante y que nos compete a todos los mexicanos. Los principales puntos de dicha columna eran en relación con la efectividad de la vacuna de Sinovac (que ha estado aplicándose en nuestro país de forma constante y a gran escala) y la crisis que está viviendo Chile, que ha tenido cifras altas de contagios en las últimas semanas aun cuando es uno de los países que más vacunas ha aplicado y que utiliza, sobre todo, esta vacuna.


Para ponernos en contexto, primero, hay que decir que Chile es uno de los países que más rápido avanza en su programa de vacunación. Sólo Israel (que compró millones de dosis a Pfizer muy tempranamente, a sobreprecio y cediendo a las condiciones leoninas que la farmacéutica estadounidense impuso) y los Emiratos Árabes Unidos (que utilizan otra vacuna china, pero estatal, de la empresa Sinopharm, y que han anunciado que empezaran a producir en su territorio a partir de abril) pueden presumir mejores porcentajes de vacunados entre su población. Al día de hoy, más de 6 millones de chilenos han recibido al menos una dosis de alguna vacuna (un tercio de su población).

Pese a estos números alentadores, los casos reportados de infecciones por Covid-19 en Chile han ido en aumento, y la semana pasada, en un solo día, se reportaron 7,626 casos, un récord, y el número de casos se ha duplicado en el último mes. La crisis es tal, que uno de los principales hospitales de Valparaíso tuvo que crear un espacio adicional, ya que la morgue con la que contaban no era ya suficiente. Recientemente, la presidenta del Colegio Médico de Santiago, informó que entre un 20 y un 30% de los médicos chilenos han pedido licencia durante la pandemia. Están agotados, con síntomas típicos de lo que conocemos en Psiquiatría como “síndrome de burnout”, que se da sobre todo después de sufrir situaciones de estrés crónico, como las que obviamente se han presentado durante el último año.


¿Qué pasa realmente en Chile?


En su columna, Federico Arreola plantea que los chilenos se confiaron, y estoy totalmente de acuerdo. Durante los últimos meses gran parte de las actividades no esenciales fueron reabiertas, se comenzó a permitir una movilidad excesiva alrededor del país araucano, se estima que hasta 4 millones de chilenos han viajado a otras regiones (sin ser necesario, muchas veces para vacacionar) e incluso al extranjero. ¿Era esperable que todo mejorara únicamente con las dosis aplicadas, relajando las medidas para evitar los contagios? Por supuesto, no.


Federico Arreola también plantea que otro de los factores que ha contribuido a la crisis en Chile es que están usando “la peor vacuna”, y ese argumento me parece mucho más debatible, por las siguientes razones:

  1. El reporte inicial que se dio acerca de su efectividad para casos sintomáticos (50.4%) surgió de la Fase III que se realizó en Brasil. El mismo estudio reportó que su efectividad para casos leves que necesitaban tratamiento era del 78% (ya suena mejor) y que la efectividad para prevenir la muerte después de la segunda dosis era del 100% (el dato más importante cuando hablamos de vacunas contra el Covid-19, en mi opinión). También hay que decir que los resultados de Fase III para la misma vacuna en otros países fue incluso mejor, por ejemplo en Turquía, donde encontraron que era 83.5% efectiva para casos sintomáticos (apenas por debajo de Sputnik-V y mejor que Astra/Zeneca). En resumen, la vacuna de Sinovac, a diferencia de la de Pfizer, por ejemplo, puede que no evite tan bien que te contagies, pero es bastante segura cuando la infección es leve y si tienes las dos dosis, lo más seguro es que no necesites que te hospitalicen ni que te intuben.

  2. La vacuna de Sinovac es una de las más accesibles por el momento. Las entregas, hasta ahora, las han hecho en tiempo y forma (ya han llegado millones de dosis y están por llegar más a varios países de AL, incluido México) y parece que China no tiene los graves problemas de producción que han tenido otras vacunas y que han causado retrasos y problemas geopolíticos importantes, como en los casos de Astra/Zeneca, Sputnik-V, Novavax, Moderna.

  3. Es una vacuna fácil de transportar (no requiere ultracongelación) y utiliza una tecnología clásica para vacunas, que conocemos y que hemos usado por mucho tiempo, muy parecida a la que anualmente empleamos en la vacuna de Influenza. En términos muy simples, lo que hacen los chinos es manipular el virus del Covid-19 para inactivarlo, que ya no sea infeccioso, e inocularlo, para que el cuerpo reconozca ciertas características del virus original y produzca anticuerpos que te protejan si llegas a tener contacto con el virus posteriormente. A diferencia de las nuevas vacunas basadas en ARNm (más complejas tecnológicamente y que nunca antes se habían utilizado, como las de Pfizer y Moderna, y que sólo el tiempo dirá si causan algún efecto adverso importante), sabemos que las que se basan en virus inactivados son bastante seguras, en general

  4. Un virus, conforme pasa el tiempo, va teniendo variaciones en su estructura, que muchas veces los hacen más contagiosos, más letales y más difíciles de controlar. Dichas variaciones ya están surgiendo, y a una velocidad bastante alarmante. Hace unos días Ángela Merkel, la canciller de Alemania, comentó que en estos momentos ya estábamos luchando contra otro virus muy diferente al del año pasado, y creo que tiene razón. Las variantes que hasta ahora se han identificado como más riesgosas son las siguientes: B.1.1.7 (variante británica), B.1.351 (variante sudafricana) y P1 (variante brasileña, que probablemente predomine en estos momentos en Chile y sea parte fundamental del problema). La visión más lineal sería que si vacunamos al 70-80% de la población, lograremos inmunidad de rebaño y nos libraremos por fin del Covid-19 y retornaremos a nuestras vidas normales. El problema es que nuestras vacunas están diseñadas para la variante inicial que surgió en China, no para las que han surgido después. Afortunadamente, hay cierta evidencia de que las vacunas de Pfizer, Modera, Sputnik-V, por ejemplo, son eficaces contra las principales nuevas variantes. No sabemos a ciencia cierta si Sinovac es eficaz para las variantes, pero la divergencia que hay entre casos nuevos y muertes en Chile nos hace pensar que sí (y es una gran noticia). Digamos que en Chile están enfermándose muchas personas, pero parece que las defunciones no escalan a la par, eso tal vez quiera decir que la vacuna de Sinovac previene la muerte también para la tan temida variante brasileña, que muy probablemente predomine ahora en Chile, y que en los próximos meses lo haga en otras regiones del mundo. La siguiente tabla que presenta la Universidad John Hopkins nos hace pensar eso:

Como conclusión creo que la evidencia que tenemos hasta el momento confirma varias cosas que debemos tener presentes:

  • Cualquier vacuna es mejor que ninguna, y es un privilegio tenerlas, ya que en el mundo hay más de 60 países que no han podido aplicar ni una sola dosis a su población, debido al acaparamiento de vacunas por los países ricos, que la OMS ha calificado recientemente como “grotesco”.

  • Todas las vacunas, incluida la de Sinovac, han demostrado tener una efectividad cercana al 100% después de las dos dosis para evitar que una persona fallezca a causa de una infección por Covid-19. El 31 de marzo de este año, Londres reportó “cero” fallecimientos a causa del virus, y esto gracias a que se está vacunando masivamente con la tan atacada vacuna de Oxford/Aztra-Zeneca, que de forma inexplicable se ha suspendido en otros países de Europa.

  • Si hacemos una analogía con los automóviles, las vacunas de Pfizer y Moderna son como un Ferrari (caras, poco accesibles, tecnológicas). Las vacunas de Sinovac, Sinopharm, Sputnik-V y Astra/Zeneca son como un Toyota (más accesibles, seguras, y lo que es más importante, te llevan a donde necesitas), así que no hay motivo para no utilizar las que tengamos a la mano.

  • No podemos caer en la falsa sensación de protección. Si no te han puesto las dos dosis, no estás bien protegido y no deberías ponerte en situaciones de riesgo.

  • En algún punto, las naciones ricas van a tener que crear un plan de distribución de vacunas al resto del mundo, porque estamos en una carrera contra el virus. Entre más nos tardemos en vacunar a todos (con la vacuna que sea), más probabilidad hay de que surjan variantes peligrosas, como la que se disemina por Brasil y Chile ahora, y eso nos pone en riesgo a todos.

Por último, me gustaría destacar que el esfuerzo que se ha hecho en México para conseguir vacunas es sencillamente espectacular. El día de hoy tenemos contratos con más de 5 empresas y los aviones con miles y a veces millones de vacunas llegan de forma regular a nuestro país (cosa que hace algunos meses se veía lejano). Y no sólo eso, también se ha levantado la voz en foros internacionales para evitar el acaparamiento y buscar la equidad en la distribución y que las vacunas lleguen a los países pobres, cosa que nos tiene que hacer sentir orgullosos. La organización que ha tenido la Ciudad de México para la aplicación de vacunas ha sido también ejemplar, y estamos a días de que todos los mayores de 60 años en la ciudad hayan recibido al menos una dosis. Creo que todos nos hemos emocionado con los vídeos y fotos que han compartido millones de mexicanos, donde vemos a personas de la tercera edad, bien cubiertos y con su identificación oficial en mano, listos para vacunarse.


Se ve la luz al final del túnel, y si queremos llegar a ella tenemos que vacunar masivamente (con el biológico que tengamos). Vale la pena vacunar y la Sinovac no deja de ser una buena alternativa.


Sobre la estupidez


Los actos de estulticia se repiten en México y en el mundo, entre las más sorprendentes se encuentra la del Sacerdote Rolando Peña en Honduras, que les arranca los cubrebocas a los feligreses; pero también es tonto no protegernos cuando tenemos los medios en la mano.


La imbecilid