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Venus: la dualidad, el juego de pelota y el mito cósmico del Popol Vuh

10 jul
3 min de lectura

José Enrique Vidal Dzul Tuyub


Cultura Maya- (Clásico Tardío, ca. 600-900 d.C.). Vaso policromo con escena de juego de pelota (K1209). Chrysler Museum, Virginia, Estados Unidos.
Cultura Maya- (Clásico Tardío, ca. 600-900 d.C.). Vaso policromo con escena de juego de pelota (K1209). Chrysler Museum, Virginia, Estados Unidos.

Naturaleza belicosa:

Para los mayas Venus era un augurio de guerra y desgracias. En los códices - especialmente en la famosa Tabla de Venus del Códice de Dresde - se muestra a Venus como un personaje que "lanza dardos" o flechas hacia la Tierra, simbolizando los efectos negativos que su aparición podía traer a los gobernantes y a las ciudades. 

 

Dualidad:

Al igual que en otras culturas mesoamericanas, la capacidad de Venus de ser tanto estrella de la mañana como de la tarde se entendía como un ciclo de vida: muerte, en su paso por el inframundo durante los días de invisibilidad; y renacimiento glorioso cuando el cuerpo iluminado volvía hacerse visible.

 

La "Sincronización" de los Ciclos:

La importancia del ciclo 8:5 radica en la capacidad de una alineación cósmica; dentro de una métrica que los mayas, observadores del universo, habían podido establecer.

 

Ajuste calendárico: 

Después de 8 años solares (2,920 días) y 5 ciclos venusinos (5 x 584 = 2,920 días), los planetas y el Sol regresan a casi la misma posición relativa en el cielo. Para los antiguos astrónomos-sacerdotes, esto era una "prueba" de la armonía divina y del orden del universo.

 

La cancha como instrumento:

Al diseñar las canchas o planear rituales en ellas, no solo se buscaba un espacio deportivo, sino un lugar donde se pudieran "medir" o conmemorar estos encuentros astronómicos. Se cree que ciertos rituales dentro de las canchas estaban programados para coincidir con momentos críticos de Venus (como su aparición como "Lucero del Alba" o su conjunción), utilizando el juego como una manera de "anclar" estos eventos celestes en la realidad terrenal.

 

El mito cósmico

 

La selva respiraba húmeda, con un aliento espeso de musgo y piedra antigua. Hunahpú se detuvo, ajustándose el cinturón de cuero sobre la cadera, y miró a Ixbalanqué. Sus ojos, profundos como cenotes, reflejaban la sombra de los árboles que se cerraban como dientes sobre el camino.


Huele a podredumbre hermano - dijo Hunahpú - con su voz cargada de estática; Xibalbá no está lejos; los Señores de la Muerte ya están escuchando nuestros pasos en la tierra.

 

Que escuchen - respondió Ixbalanqué - que escuchen el rugido de nuestra estirpe. Nuestro padre dejó su cabeza colgada de ese árbol seco, dejando que el fruto amargo se alimentara de su espíritu. Nosotros no seremos frutos del olvido Hunahpú. Nosotros vamos a devolverles el juego, pero esta vez, ellos serán la ofrenda.

 

Hunahpú tomó la pelota y la sintió vibrar. Era una masa de resina oscura, imbuida con el peso de los ciclos.

 

Recuerda el camino que nos enseñó el abuelo, al sol que se hunde tras el cerro -dijo Hunahpú - con tal intensidad, que hizo que las hojas a su alrededor se encresparan. Debemos morir allá abajo. Debemos dejar que el cuchillo de pedernal nos abra el pecho, dejar que nuestros huesos sean molidos como el maíz para que el río nos lleve. Si no hay sacrificio, no hay sol que suba mañana.

 

Es trato, hermano - respondió Ixbalanqué - acercándose tanto que su aliento mezclado con copal enturbió el aire. Ellos creen que nos llevan al matadero, pero no saben que somos el mismo ciclo. Cuando nos vean convertidos en harina en el fondo del río, pensarán que han vencido. Y entonces, cuando crean que la oscuridad es eterna, resurgiremos como los peces que saltan bajo la luna. Seremos la luz que ciega a los Señores.

 

Hunahpú lanzó la pelota al aire, atrapándola en la curva de su cadera con un chasquido violento.

 

¿Sientes eso? —preguntó Hunahpú - señalando al cielo donde Venus empezaba a perfilarse como un diamante afilado sobre el crepúsculo. Ya está ahí, la estrella de la tarde. Nuestra hermana nos guía. Cuando entremos a la Casa de las Navajas, no temas al filo que busca tu carne; teme a la duda. La duda es el único infierno que nos puede apagar.

 

No hay duda en mi sangre —dijo Ixbalanqué - tomando su bastón de madera sagrada. Somos los Héroes que vienen de las entrañas de la tierra. Si hay que bajar a Xibalbá, lo haremos danzando, aunque el suelo se abra bajo nuestros pies. Que los Señores preparen sus tronos, porque al amanecer, solo uno de nosotros será el Sol, y el otro, la Luna que vigila su sombra.


Se miraron dos mitades de una misma voluntad, y sin decir una palabra más, se adentraron en la boca de la caverna, donde el aire ya no era de este mundo, sino el aliento frío de los ancestros que esperaban, hambrientos de juego y de final, dentro de un perpetuo rito cósmico de sombra y luz.


Los gemelos héroes del Popol Vuh (Ilustración). UNAM. Portal académico
Los gemelos héroes del Popol Vuh (Ilustración). UNAM. Portal académico

Autor del texto: José Enrique Vidal Dzul Tuyub
Autor del texto: José Enrique Vidal Dzul Tuyub

 
 
 

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