Zapata: El Plan de Ayala y la Memoria de los Pueblos Heroicos de la Mixteca Poblana

Actualizado: 22 de nov de 2020

Gildardo Cilia López


Las palabras no se dicen, se sienten, se viven, reflejan el espíritu y el carácter de los hombres. Las pronunciadas por Zapata al lanzar la proclama histórica calaron a los humildes y siempre valerosos hombres de la Baja Mixteca. Por eso nunca las olvidaron, por eso forman parte de su memoria histórica: “Los que no tengan miedo, que pasen a firmar”.


Las palabras de Zapata también reproducen una forma de ser, una actitud frente al peligro; una manera de enfrentar la vida: “No los quiero muy hombres, nomás que se paren bien”.


Decepción y Ruptura


Existía desde mediados de 1911, en Zapata, una amarga decepción provocada por la posición moderada y conciliadora de Madero con los porfiristas. Mientras éste conciliaba o trataba de contener a las fuerzas federales, el Ejército del Sur y los pueblos que lo cobijaban y protegían eran víctimas de un ataque atroz comandado y planeado por Victoriano Huerta, un hombre taimado, delirante de poder.


Es difícil entender a Madero, su fortaleza moral había encauzado al país contra un régimen que se había perpetuado por más de 30 años, cuyos soportes habían sido la injusticia, la desigualdad y la opresión. En su buena fe, no quiso comprender que a quien trataba de contener era un fiel adherente al antiguo régimen, que con las prácticas habituales quería imponer la pacificación de la región, haciendo un uso indiscriminado de la fuerza, sembrando el terror y la desolación. Esa fe de Madero lo hacía perdonar hasta el desacato y la mentira, ante la evidencia no quiso entender cabalmente que lo que se estaba gestando era la traición: el desarrollo embrionario de su propia inmolación.


En octubre 26 de 1911, Francisco I. Madero hace la siguiente declaración:


“Si las fuerzas federales no han podido obrar contra Zapata es, en primer lugar, porque es muy difícil que las tropas de línea persigan a partidas como las de Zapata y en segundo, porque el jefe que estuvo la mayor parte del tiempo al frente de las fuerzas federales lo era el general Huerta, quien observó una conducta verdaderamente inexplicable por cuyo motivo, desde un principio, propuse yo que fueran dichas fuerzas dirigidas por otro jefe; pero tampoco se tuvo en cuenta mi indicación”.


En octubre 31 de 1911, Madero en respuesta a una misiva remitida por Victoriano Huerta, reitera:


“…cuando estaba yo en Cuautla, en los arreglos con Zapata, siguió usted avanzando a Yautepec y acercándose a Cuautla sin recibir órdenes expresas del Presidente de la República, ni del Sub- Secretario de Guerra, con lo cual entorpeció usted mis gestiones y al fin se rompieron las hostilidades haciendo infructuosos mis esfuerzos y hasta habiendo puesto en peligro mi vida, pues Zapata muy bien hubiera podido creer que yo lo engañaba, porque de Cuernavaca le telegrafié que usted no avanzaba sobre Yautepec…y después le dije que las tropas de usted no se acercarían a Cuautla y habiendo sido lo contrario…”


Madero tenía razón, en agosto de 1911, la actitud desleal de Huerta lo había hecho padecer la justa indignación de Zapata: “acuérdese usted, señor Madero, que al pueblo no se le engaña y si usted no cumple sus compromisos, con las mismas armas que lo elevamos, lo derrocaremos>”1.


Zapata con gran juicio, le advierte también a Madero que está siendo copado por fuerzas conservadoras y que él mismo se estaba exponiendo a la abyección:


“Se me hace que no va a haber más leyes que las muelles -respondió Zapata, mostrándole su 30-30; mientras se siga desarmando a los elementos revolucionarios y se les dé apoyo a las fuerzas federales, la revolución y usted mismo están en peligro. Claro vemos que cada día se entrega usted más en manos de los enemigos de la revolución.”2.


Arremeter contra el ejército del sur y los pueblos de Morelos, cuando Madero personalmente trataba con Zapata los términos de la pacificación, develaba la felonía de Huerta. La maquinación perversa era deshacerse del hombre que había encabezado el derrocamiento de Díaz y propiciar que los porfiristas recuperaran el país que habían perdido; es decir, se quería engendrar el caos que daba opción al retroceso, caos que por cierto tiempo después Huerta engendró.


El sacrificio de Madero en manos de los zapatistas, además hubiera permitido contar con la excusa perfecta para arremeter contra la fuerza opositora del Sur que había acelerado la renuncia de Díaz. Sólo la conciencia de Zapata, posibilitó no caer en semejante ardid, la reflexión se impuso a la indignación:


“Eufemio Zapata sugirió la conveniencia de aprehender a Madero (y que)… sería bueno quebrarlo>. Emiliano respondió: <No, Eufemio, sería una grave responsabilidad para nosotros y no debemos cargar con ella>. Entonces se dirigió a Madero diciéndole que se fuera a México. “y déjenos aquí, nosotros nos entenderemos con los federales, ya veremos cómo cumple usted cuando suba al poder…”3.


La desconfianza sembrada en agosto de 1911 echó raíces. La correspondencia durante noviembre de ese año, demuestra un impasse en las negociaciones: Madero se había tornado inflexible y Zapata sumamente desconfiado, no creía en los ofrecimientos; sabía que la prioridad no era cambiar el orden de las cosas. De modo, que no creyó en el ofrecimiento del mediador (Gabriel Robles Domínguez) que había designado Madero para logar su rendición:


“Usted y con usted el pueblo de Morelos, tiene derecho a exigir el cumplimiento de las promesas de la revolución, sobre todo en lo que se refiere a la repartición de tierras…por lo que hace al cumplimiento de los ofrecimientos de la revolución, seguramente que el señor Madero los cumplirá…Además prometo solemnemente bajo mi palabra de honor, de que antes de tres meses se hará el reparto de tierras a los agricultores pobres”.


El Plan de Ayala


La ruptura era definitiva. Bajo esta circunstancia había que darse tiempo para aclarar el contenido y sentido de las causas que explicaban la lucha, con un lenguaje sencillo y directo, que resultara comprensible para los prosélitos y la gente humilde de los pueblos e informar con esas mismas palabras a la opinión pública. Sobre todo, se tenía que aclarar el nuevo derrotero que se seguía, porque el movimiento zapatista se rebelaba ahora contra la revolución que había encabezado Madero, tal como lo habían hecho contra el régimen autocrático de Díaz.


Era importante plasmar en un documento las causas que explicaban lo que ahora sí podían concebir como su propia revolución; más que democracia, lo que perseguían era la anhelada justicia, que se les había negado durante casi cuatro siglos de explotación, oprobio y marginación. La inequidad – es más – se había acentuado en el siglo XIX, particularmente durante el régimen porfirista; por eso la proclama reivindicativa firmada por los zapatistas en Ayoxuxtla privilegia a la justicia sobre cualquier otro principio. Ese es su valor inapreciable, tal vez por eso la proclama sea la más auténtica de la Revolución Mexicana.


Zapata, encarna la máxima aspiración de los pueblos; sus hombres confían plenamente en él: lo procuran y lo protegen. Esa pausa para pensar y poner en claro las ideas, no la podía hacer en los pueblos de Morelos, siempre asediados; tenía que encontrar el lugar idóneo en otra región, que estratégicamente le proporcionara la seguridad requerida. De modo que se traslada a los pueblos del Sur de Puebla y son los hombres de esta región: de la Baja Mixteca, los que salvaguardan su vida.


En el excelente texto de Rosalind Rosoff y Anita Aguila, “Así Firmaron el Plan de Ayala”, Don Francisco Mercado un ilustre hombre de Chiautla, narra lo siguiente:


(En) “los ratos que platicaba el profesor Montaño con el jefe Zapata, éste quería que hubiera un Plan porque nos tenían por puros bandidos y comevacas y asesinos y que no peleábamos por una bandera, y ya don Emiliano quiso que se hiciera este Plan de Ayala para que fuera nuestra bandera. <Pero no podemos aquí, compadre -le decía Montaño-. Cuatro o cinco veces nos atacan en el día.> Zapata dijo: <Pues, nos iremos para otro Estado donde podamos>”.


(Y continúa) “Bajamos al Salado, y del Salado a Jolalpa. Y llegamos a Jolalpa que allí quería el jefe que se hiciera el Plan, pero Manuel Vergara dijo: <No, jefe, aquí nos embotellan, y puede usted morir, y lo debemos de cuidar. ¡Nosotros qué, pero usted no! No hay otro Emiliano…Debemos de cuidarlo. Mi rancho está campo abierto, por dondequiera les jugamos.> <No, aquí nomás nos ponemos…No, jefe, se duermen o hay algún trastorno y nos acaban, y a usted principalmente. Allí lo salvamos>”


El Plan de Ayala fue elaborado en Miquetzingo. Zapata dio la instrucción de reunir a su gente en Ayoxuxtla para firmarlo el 28 de noviembre de 1911: “Ahora sí, compadre (Montaño). Ahora sí me gustó, está bueno. Entonces que se vayan seis, ocho a avisarles. Que se rieguen para que inviten a todos los compañeros para que el día 28 sea la firma en Ayoxuxtla. Ya le había gustado (el Plan de Ayala) al jefe”.


Don Francisco Mercado, relata que se juntaron tres mil o cuatro mil hombres en la región que rodea Ayoxuxtla, la mayoría de ellos subían por diferentes rancherías o estancias, como la de Tempomaxtla. Como es de suponer algunas partidas se ubicaron estratégicamente para evitar cualquier sorpresa y dar la voz de alerta sobre el avance hacia Ayoxuxtla de fuerzas contrarias: al sur en Cohetzala y al norte en Jolalpa y los Linderos. Desde esta última población, de menos de 50 habitantes, en la altitud de la Baja Mixteca, se puede observar Chiautla, en donde había un contingente de fuerzas federales; así como el valle que la rodea, entre cerros que evocan el sacrificio, el esfuerzo y la resistencia.


En efecto, Montaño le dio lectura al Plan de Ayala en Ayoxuxtla, Puebla, el día 28 de noviembre. De acuerdo con el relato de los veteranos testigos de este hecho histórico, entrevistados en los primeros años de los setentas, Zapata interrumpía la lectura preguntando: “¿Están conforme señores?” Cuando terminó la lectura Zapata les dijo: “Todos los jefes pasen a firmar. ¡Los que no tengan miedo!”


Los que firmaron eran en su gran mayoría del Pueblo de Anenecuilco y de la Mixteca Poblana. Don Cristóbal Domínguez, otro zapatista de la región entrevistado por Rosalind Rosoff y Anita Díaz señala:


“Nosotros estábamos allí, cerca, nosotros firmamos. Nosotros somos del Estado de Puebla, y nosotros somos los que defendíamos legítimamente al general Zapata, nuestro general…”


El Capitán - en aquel entonces - Francisco Mercado, rememora con orgullo el valor de él y de los hombres que defendían la causa de Zapata:


“La vida estaba de un hilo, pues andábamos en eso. No porque dijeran: <Este firmó, fusílenlo. Si nos tocaba… teníamos que morir>”.


La convocatoria en Ayoxuxtla para Zapata tuvo un gran significado histórico, logró aglutinar a su gente en torno al principio inalienable de la justicia; a partir de ese momento el movimiento tenía pendón y bandera. Sólo quedaba construir la nueva patria que se quería: “Reforma, Libertad, Justicia y Ley”, es decir: “Tierra y Libertad”.


La Baja Mixteca Poblana


La Baja Mixteca Poblana es una región de cerros y de hondonadas profundas, de múltiples cañadas y barrancas; el sol da a plomo y parece que nunca se va, porque aún en las noches el calor es intenso, febril. Ese hábitat ha moldeado el carácter y la templanza de los hombres; prevalece en ellos los principios de lealtad y de solidaridad y los sentimientos de arraigo y de nostalgia. Todos estos elementos han propiciado la sobrevivencia de los pueblos a pesar de su lamentable adversidad; porque los sueños de los hombres de la Revolución Zapatista distan mucho de haberse cumplido.


En ese paisaje de murmullos de la naturaleza: en donde el espacio silente se conjuga con una sonoridad diáfana; en donde las palabras que se pronuncian adquieren la dimensión del eco; en donde si uno es atento, con la acústica se puede escuchar hasta los latidos del alma, Zapata encontró el remanso que necesitaba para darle a la lucha el contenido histórico que requería: ¡justicia para los pueblos!


En esa tierra que evoca a la eternidad, se dio un salto mayúsculo: la rebelión de los pueblos del sur se transformó fehacientemente en una revolución.


1 Valentín López Gonzáles. Biografía de Emiliano Zapata, en documentos sobre Emiliano Zapata (Internet).

2 Ibidem.

3 Ibidem.







214 vistas1 comentario