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Tlahuicole (Asa de barro)

Actualizado: 9 ago 2022

José Enrique Vidal Dzul TUYUB


Tlahuicole, obra de Mirka Bertozzi

No nos favorece las lluvias, las nubes no cargan el vital líquido que le permite tener alimento a nuestras naciones y gentes. La tierra llora cuarteada y el Xóchitl no da vida ni alimentos, y el maíz se extraña; esto nos dice y anuncia de manera certera, que habrá pronto guerras floridas, para nutrir de ofrendas a los dioses con el sacrificio de los guerreros capturados en combate. Los rituales nos permitirán ofrecer víctimas y pedirle favores a los seres supremos. Siempre nos hemos destacado por capturar grandes guerreros mexicas, aunque también padecemos bajas por tan gloriosas batallas.


Me encuentro atorado, en medio del fango, yo “asa de barro” no puedo más y sucumbo, víctima de mi propio ímpetu y valentía. Me capturan en una guerra florida y soy trasladado de manera pronta como un cautivo para mi propio sacrifico.


Moctezuma, el gran emperador de los mexicas, me ofrece libertad que no acepto, por ser esto deshonroso, por lo que me piden capitanear otras batallas encabezando grandes batallones de mexicas. Sirviendo a Moctezuma, busqué la muerte, arrojándome en contra de otros valientes guerreros. Mi macuahuitl - hecho sólo para mí - logró darme más gloria ante mis contrarios.


Estoy de regreso de la guerra contra los purépechas, he recogido grandes cantidades de oro y plata para el gran Tlatoani. Todos me admiran, mi fama ha crecido de boca en boca. El señorío mexica, con cierta algarabía, honra a los batallones y aun siendo extranjero, me aclaman.


Me proponen regresar a mi nación de Tlaxcallan, lo que niego de nuevo y solicito una muerte digna de mi jerarquía; me dan un banquete de puchero que me nutre por última vez. Inesperadamente siento en mí a la mujer que me acompañaba cuando en Tlaxcallan me encontraba, y que seguramente al igual que yo me extraña por las noches: ¡me hace falta! El banquete que se me ofrece me fortalece, es muy digno de mi ser.

Me enfrento a varios guerreros mexicas ataviados de sus divisas y trajes, blandiendo sus mejores armas ante tanta gente que desea observar una gran batalla; que no es desigual porque valgo más de lo que se ve en mí. Atado a la gran roca circular mi destreza no queda a la suerte, no me ofrecen ventaja, pero luciré mi técnica guerrera, la que sorprendía a mis ejércitos, hasta sucumbir después de derrotar a un puñado de caballeros guerreros y ser derribado de manera gloriosa.


Siendo el año de 1515, he caído de varias heridas y golpes que forjan mi espíritu, mi piel molida a golpes y mis carnes abiertas sangran, listo para acompañar al sol en su camino eterno de día y noche. En medio de los rituales de la resurrección, Xipe Tótec me espera honrando mi fuerza y la gloria de mi tierra, Tlaxcallan. lugar de tortillas.


No hay forma de escapar de mi realidad, mi piel vestirá por algunos soles a algún guerrero, le dará mi ser y gloria, hasta tensar su propia carne al transitar más cerca del sol. Mi mente absorbe los rayos del cielo, cerca de no mirar nada, mi respiración se escapa colapsando mi todo y me fundo en la danza perpetua de la vida y la muerte. Mi corazón, la fuerza de mi vida y de mi fiereza, alimentará a los dioses y sin huir de nada, encuentro la razón de mi sacrificio: darle vitalidad con mi fortaleza a los dioses, para gloria de todos mis hermanos guerreros y de mi tierra amada, Tlaxcallan.


Texto basado en el Libro de Diego Muñoz Camargo: "Historia de Tlaxcala".



José Enrique Vidal Dzul TUYUB



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