Chiautla y Tlanichiautla: origen y construcción espiritual. Capítulo 13
- Gildardo Cilia López

- 31 mar
- 18 min de lectura
Actualizado: 2 abr
Con mi enorme agradecimiento al Doctor Francisco Enríquez Vergara, quien me permitió revisar invaluables textos en su Biblioteca privada,
Gildardo Cilia López

Sobre el Tiempo
Algún día, se disiparán las dudas y nunca más habrá espacios silentes. El viento traerá estrofas sonoras, repicarán las campanas en el templo, faro de espejos, rosa de los vientos, de tu pueblo santo: ¡Chiautla!
Y en el paisaje granítico, tan férreo como tú carácter, tu voluntad y tus huesos, crecerán árboles sabinos, eternos ancianos de raíces inquebrantables, manantiales de savia y agua.
Y el paisaje se moldeará de tus sueños y de tus luminosas quimeras; único ser mío, creador de mis mitos y de mis palabras.
Y convergerán de nuevo nuestros destinos y sobre nuestras cenizas, algún orador peregrino declamará, nostálgico, versos sobre héroes esforzados, rimas de poetas taciturnos y le dirá una elegía a la tierra amada.
…
Algún día (Padre) retrocederán las manecillas del universo.
(“Sobre el tiempo”, estrofas, Gildardo Cilia López)
El poema
Hago un alto en la narración del recorrido histórico de Chiautla para reproducir el poema añorado. Más allá de la métrica, su contenido es reconfortante: evoca un pasado heroico, la espiritualidad del paisaje y la nostalgia que genera la ausencia del terruño. El ritmo del poema oscila a favor del recuerdo y en contra de los años y el ingrato olvido.
El poema fue publicado en el libro “Mi patria chica. Curso elemental de geografía del Estado de Puebla”, en 1910, siendo su autor el profesor Luis Casarrubias Ibarra. En él se reafirma el carácter dialéctico del tiempo: a partir de su lectura nos damos cuenta de lo que todavía existe y de lo que se ha ido. Todo se transforma, sí, pero hay que acotar esta verdad que parece irrefutable: en oposición al tiempo permanece la espiritualidad y el carácter de los hombres, que le dan destino histórico a los pueblos. Nuestra gente ha sabido adaptarse al medio, también ha enfrentado con entereza condiciones y circunstancias adversas, buscando mejores perspectivas de vida. Ese esfuerzo contra la adversidad, ese mejor destino que busca cada uno, es lo que ha forjado y consolidado la existencia del pueblo amado: Chiautla.
La memoria es corta y el poema corre el riesgo de perderse en el proceso natural de la vida, es decir, en el tránsito de las generaciones. Sé bien que algunos guardan el poema en su memoria o lo resguardan de manera diversa (muy joven, alguna vez lo vi en un espléndido rótulo en la fachada de la casa de un querido familiar, actualmente derruida), sin que se garantice su permanencia y sobre todo, su divulgación. Para su salvaguarda y promoción resulta importante reproducirlo cada vez que se pueda.
Se alcanzaría un propósito superlativo si con la lectura del poema se enaltece el orgullo de formar parte de esta tierra y si se remueve la nostalgia de aquellos que con su trabajo, talento y esfuerzo, le han dado vida a la historia de nuestra comunidad ejemplar.
A Chiautla de Tapia
(Luis Casarrubias Ibarra)
De un bravo cura insurgente
honras el recuerdo, Chiautla;
y dando a su nombre gloria,
te nombras Chiautla de Tapia.
¡Oh región ardiente y rica
que embelesas las miradas!
Hermoso dosel te forman
las majestuosas montañas.
Y el Atoyac imponente
que en su cristal te retrata,
con su rumor te saluda
y te riega con sus aguas.
Del árbol de Lináloe
ofreces la esencia grata,
que se estiman en los mercados
de las naciones extrañas.
Ostentas hermosas huertas
donde frutas mil regalas,
y olorosos cafetales,
y extensos campos de caña.
Más para mi fiel recuerdo
mayores encantos guardas,
en ti, se meció mi cuna
y pasé mi dulce infancia.
En ti de mi hogar paterno
vi la bienhechora llama,
que ni el soplo de los años
ni el ingrato olvido apagan.
Vuela, pensamiento, vuela
de mis suspiros en alas,
a mi Chiautla llega, envuelto
en sus brisas perfumadas,
y llévale, como prenda
de ternura sacrosanta,
con mi cariño de hijo,
¡este saludo del alma! (1)
Luis Casarrubias Ibarra es uno de los primeros y más distinguidos maestros del Benemérito Instituto Normal del Estado de Puebla. Nace el 27 de mayo de 1878 en Izúcar de Matamoros; de familia chiauteca, pasó su primera infancia en Chiautla de Tapia; de ahí los siguientes fragmentos de las antepenúltima y penúltima estrofas:
“en ti, se meció mi cuna
y pasé mi dulce infancia”.
“En ti de mi hogar paterno
vi la bienhechora llama”
Casarrubias fue un pedagogo en las áreas de geografía e historia natural, por sus trabajos se hizo miembro de la Sociedad Científica Antonio Álzate y de la Sociedad Astronómica de México. Se trata de un hombre sabio y con conocimiento de causa, da cuenta de que en los albores del siglo XX el Distrito de Chiautla contaba con once municipalidades y que en su territorio de 20 mil 810 kilómetros cuadrados había 39 mil habitantes.
Sobre “las montañas majestuosas” y el “Atoyac imponente” el maestro Casarrubias hace la siguiente referencia en su “Patria chica”:
“Al Sur del Estado, se extiende el distrito de Chiautla, en una región montañosa… Por este distrito, correspondiente á la vertiente del Océano Pacífico corre caudaloso é imponente el río “Atoyac” que, después de recibir el tributo de las aguas de los ríos Mixteco, procedente de las montañas mixtecas por el Sureste, el Tlapaneco por el Sur y el Cohetzala por el Occidente, penetra en El Estado de Guerrero con el nombre de <Mexcala> o <Balsas>”.
En la cuarta estrofa habla del lináloe, el que “ofrece esencia grata” y que se “estima en los mercados de las naciones extrañas”. Casarrubias refiere sobre la existencia de establecimientos industriales que destilaban la rica esencia del árbol del lináloe. Enrique Juan Palacios, siguiendo la misma ruta descriptiva de “Patria chica”, publicó en 1916, en la revista de la “Sociedad Científica “Antonio Álzate”, el ensayo “Puebla, su territorio y sus habitantes”, haciendo las siguientes anotaciones:
“Chiautla, da abundantemente todos los productos de tierra caliente, plantas medicinales y maderas preciosas. Allí…se explota el cascalote, corteza curtiente de clase muy buena …En el Distrito de Chiautla hay alambiques para destilar la preciosa esencia del lináloe…vendiéndose con mucho aprecio al extranjero”.
En el Distrito de Chiautla hay alambiques para destilar la preciosa esencia del linaloé, que se extrae del palo del copallimón, vendiéndose con mucho aprecio al extranjero” (2).
La sobreexplotación y la tala excesiva del árbol de lináloe provocó una crisis ecológica y, naturalmente, una reducción en la producción de la esencia; por cierto, una de las principales familias poseedoras de alambiques fue la de Juan Andreu Almazán. El aceite se produjo en gran cantidad hasta la primera mitad del siglo XX; luego se desaceleró la destilación hasta hacerse insignificante cuando las empresas perfumeras de Europa dejaron de demandarlo, ante la existencia de esencias alternas menos costosas:
“Durante la Segunda Guerra Mundial la extracción del aceite del lináloe representó una importante fuente de ingresos en la región de la mixteca, México fue una de las principales fuentes de derivados del linalool que se emplea en la perfumería fina. Hacia 1945 se llegaron a exportar más de 88 toneladas de aceite de lináloe que se producía en un área que abarcaba a Chiautla y Huehuetlán (Pue), Chaucingo (Gro) y Huautla (Mor), en el alto Balsas (Guenter, 1950)” (3).
Llama la atención la quinta estrofa del poema, en la que se hace referencia a “olorosos cafetales”. Casarrubias lo explica: La municipalidad de Chietla está “rodeada de huertas de sabrosas frutas, de cafetales y de campos de caña, con agua abundante, es un oasis en medios de los yermos y ardientes soledades propias de esta región”. La publicación de Palacios en la Sociedad Científica “Antonio Álzate” confirma lo anterior:
“El Distrito se halla regado por el Atoyac y varios de los afluentes de este río. Sus producciones agrícolas son abundantes en extremo, pudiendo citarse el maíz, el arroz, el chile, el ajonjolí, el café, la caña de azúcar… Sus frutales son riquísimos, sobresaliendo la sandía y el melón”.

Se cuenta también con una estadística que señala textualmente que en 1889, Chiautla produjo “1,610.863” kilogramos de café; cifra que, en efecto, es poco comparable, por ejemplo, con la de Teziutlán “182,317.200” kilogramos (4). Esto lleva a la hipótesis de que algunas “quintas” contaban con café producido en Chietla para atender la demanda de algunos pobladores y sobre todo, de los arrieros (algunos más adictos al café que al chocolate) que arribaban al distrito de Chiautla como un punto de enlace para trasladarse al Centro de México, a los pueblos de la Baja y Alta Mixtecas, a Tlapa y demás pueblos ubicados en los valles y en la Sierra de Guerrero, a Acapulco y al Golfo de México.
Sobre los “extensos campos de caña”, se está refiriendo a los sembradíos existentes en el Distrito de Chiautla, entre el pueblo de Huehuetlán y los del valle de Izúcar, cuya producción data del siglo XVII. En la región se producía también aguardiente, “el chínguere” o “el chinguirito”, muy cotizado en Puebla, Guerrero y Morelos y hasta en la Ciudad de México, aun cuando la España, sumamente restrictiva, prohibió su exportación por hacerle competencia a sus destilados durante el siglo XVIII.

Devoto de sus ancestros, el maestro Luis Casarrubias Ibarra hace referencia a la forma de ser de la gente de Chiautla; afirma que es franca, sencilla, hospitalaria y respetuosa. Cierto, pero en el paisaje resiliente también se percibe un clamor de justicia y libertad; ese eco surgió en 1811, cuando hombres indómitos y nobles emprendieron una lucha histórica pueblo por pueblo, recorriendo los innumerables caminos reales que se extienden a lo largo de los relieves de las sierras, entre cañadas y barrancas.

El cura Tapia
Con fecha 26 de octubre de 1811, el cura Mariano Antonio Tapia, vicario de Tlapa, le remite una misiva a su párroco, que por ser un testimonio histórico fehaciente - además de inédito - resulta invaluable:
“Señor cura don Mariano Garnelo.
Tlapa, octubre 26 de 1811.
Amadísimo amigo y señor:
Con prontitud sólo digo a usted que no tenga miedo ninguno; estese en su cuarto sin sobresalto; y si acaso pudiere venir mañana, bien, y si no, lo que importa es que vea usted cómo anima (convence) a sus parientes y amigos dejen de seguir a los gachupines, porque de lo contrario perecerán. Sepa usted que sólo se trata de quitarle el gobierno a los tiranos y déspotas europeos; no se atropella en nada nuestra santa religión ni a los derechos de nuestro suspirado Fernando; ni menos se le tira a la patria; pues antes, tratamos de defenderla de los extranjeros. En fin, todo lo que se dice por el gobierno de México contra los que llama insurgentes es falso, falsísimo. Si viniere usted mañana, se impondrá (enterará) a fondo de todo.
Soy de usted como siempre su querido que su mano besa.
Mariano de Tapia”(5).
Una copia de esta carta fue remitida al Virrey Venegas por don Juan Recacho, oficial del bando realista, con la siguiente advertencia:
“Excelentísimo señor:
Anoche despaché a vuestra excelencia un extraordinario con el resultado de mis investigaciones y ahora que se proporciona correo para Puebla le acompaño la adjunta copia que acabo de recibir, que confirmará lo que tengo dicho a vuestra excelencia en punto al estado de los pueblos y lo mucho que con la tardanza en contenerlos se arriesga. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.
Campo de Sochilguagüitlán (Xochihuehuetlán), 29 de octubre de 1811, a las nueve de la mañana.
Juan Josef Recacho” (6)
La ruta más directa de Tlapa a Chiautla tocaba los siguientes puntos: Huamuxtitlán, Xochihuehuetlán, Acaxtlahuacán, Xicotlán, Chila de la Sal, San Pedro Ocotlán y San Juan de los Ríos, de modo que se debe suponer que el Párroco Garnelo se encontraba en algún punto de la provincia de Chiautla, lo que explicaría la remisión de la carta desde Tlapa. De la misiva sobresalen varios puntos que hay que resaltar para comprender la trascendencia histórica del cura Tapia:
Primero. La carta fue con fecha 26 de octubre de 1811 y fue dirigida desde Tlapa, como se sabe esta población fue tomada por Morelos hasta el 22 de noviembre del mismo año. El cura Tapia pudo haber hecho contacto con Morelos antes de su llegada a Tlapa, en Chilapa o en algún pueblo o estancia intermedia. Es decir, existía en él una adhesión natural al movimiento insurgente: ¡era un convencido natural de la causa y ansiaba participar en ella!
Segundo. La forma y el tono de la carta dirigida a Garnelo son indicio de un hombre vital y firme en sus convicciones y decisiones (en 1811, al encontrarse con Morelos tenía 33 años de edad) que efectúa actividades proselitistas y que anima a la población a sumarse a la causa insurgente; que es capaz de advertirle a su superior jerárquico sobre la necesidad de que sus familiares y amigos calmen sus ímpetus a favor del régimen virreinal o atenerse a las consecuencias. Sobre la efervescente actividad del cura Tapia, el historiador oficialista español, Mariano Torrente, escribe lo siguiente:
“También en Tlapa (los insurgentes) se habían fortificado contando con el apoyo de la provincia que había sido seducida por el cura Tapia” (7). Debe decirse que esta nota la extrae Torrente de una de las partes de guerra que se reciben en la Ciudad de México y que está suscrita con fecha 30 de noviembre de 1811.
Tercero. El activismo político del cura Tapia era conocido por las autoridades virreinales y por los jefes realistas desde antes de que llegará Morelos a la intendencia de Puebla; de modo que en Tlapa se convirtió en el primer sacerdote de la diócesis de Puebla que se unió abiertamente a la causa rebelde, contraviniendo las órdenes del obispo de Puebla, Manuel Ignacio González del Campillo.
El párroco Mariano Garnelo - superior jerárquico del cura Tapia - por el estado que guardaban las cosas, se adhirió convenientemente a la causa insurgente, sin participar activamente en la lucha armada. Para abundar en su biografía, habría que señalar que fue integrante de la Primera Legislatura del Honorable Congreso del Estado de Puebla, instalada en 1825.
El cura Tapia, luchador infatigable, organizó y armó a grupos de naturales de Tlapa y Chiautla que se unieron a la causa insurgente; participó en la segunda y tercera campaña de Morelos, en las batallas de Chiautla; en el sitio de Cuautla, proveyendo de víveres y de alimentos; en Huajuapan; en Azoyú; y en San José Chiapa (Ojo del Agua), en donde perdió la vida. Combatió no siempre con el éxito deseado, él no tenía el genio militar de Morelos, pero era un hombre entregado a la causa. Carlos María de Bustamante refiere que el cura Tapia “no tenía disposiciones para manejar la espada”; es decir, fue un intelectual que tomó las armas por convicción; de ahí su carácter valiente y arrojado y sus acciones temerarias.
Las ideas políticas del cura Tapia son claras y precisas, conviene en este sentido reproducir de nueva cuenta la parte sustantiva de su carta: “Se trata de quitarle el gobierno a los tiranos y déspotas europeos”. Está imbuido, por lo tanto, por las ideas del nacionalismo criollo: concibe como ilegitima la tiranía y como natural el fin del gobierno virreinal; rompe así con su propia genética, se siente más un hijo de la tierra que un heredero de lo que le queda de su sangre española. Como tal, como americano, se siente con el derecho de promover la emancipación y forjar un mejor destino para la patria. En su nacionalismo, lo podemos imaginar repitiendo con orgullo: “Yo no soy español, soy americano”.
La cercanía del padre Tapia, hasta su muerte, con Morelos también lleva a la hipótesis de una sólida coincidencia intelectual. Tal como se concibe en un escrito de la época, en el que junto a Hidalgo y a Morelos, lo condenan por su actitud desleal hacia la religión y hacia la corona española:
“Esta insurrección es obra de Napoleón, que tira a exterminar de América la religión católica y la fidelidad al trono español, (quien) ha creído conseguirlo haciendo a los americanos el desastroso mal de la guerra civil para privar de sus socorros a la España…Y como los malos sacerdotes Hidalgo, Mercado, Tapia, Morelos y otros pocos caudillos de los insurgentes de este América…conspiran contra la religión… y contra el trono que les allanó las sendas para obtenerlo…Cuando vemos esos sacerdotes desdichados sanguinarios ministros de la guerra…no es posible olvidar el texto sagrado de Isaías…Oíd a Dios: <Yo le enviaré profetas falsos, le enviaré pastores que con sus ejemplos le seducirán y escandalizarán>¿Lo oísteis miserables seducidos por esos sacerdotes impostores? (8)
El obispo de Puebla, Campillo. era un hombre ilustrado, de manera que primero intentó dialogar con los insurgentes para convencerlos de que depusieran las armas y aceptaran un indulto. Al igual que a Morelos, le remitió una carta al cura Tapia (por desgracia, no se conserva la correspondencia entre ambos) y ante la negativa a esta misiva y a sus diferentes exhortaciones se vio obligado a excomulgarlo con fecha, 10 de julio de 1812, por ser un “traidor a Dios, al rey y a la patria”. La siguiente cita que reproduce la excomunión de Tapia y de nueve sacerdotes más es de gran interés:
“Campillo los acusó de <apóstatas, perjuros, traidores, perturbadores del orden y reos de otros delitos atrocísimos, públicos y notorios> Y para impedir que otros siguieran su ejemplo hizo extensivo el mismo castigo a <todo eclesiástico secular o regular que abrace el partido de la insurrección, o de cualquier modo proteja y fomente, ya con exhortaciones y escritos, o ya con hechos activos o de cooperación> Al mismo tiempo, impuso la misma pena a los sacerdotes pertenecientes a otras diócesis que se encontraran en la de Puebla sin su permiso” (9); así sumó el cura Morelos una excomunión más.
La conducta del cura Tapia no deja lugar a dudas de que su ideario estaba vinculado a las prerrogativas de un cambio profundo en la estructura social, tanto de los privilegios como de la propiedad. No se tiene mucha información sobre él, se sabe que don Mariano Antonio Tapia nació en Chiautla el 2 de septiembre de 1778 y que probablemente estudió en el Seminario Palafoxiano de la ciudad de Puebla. Es presumible pensar que el cura Tapia estuvo imbuido por la ideología ilustrada y por los planteamientos revolucionarios de los jesuitas. Debe decirse que el acervo de la Biblioteca Palafoxiana fue enriquecido durante el siglo XVIII por obispos como Francisco Fabián y Fuero, quienes integraron títulos que dejaron los jesuitas, tras su expulsión en 1767, así como textos de la ilustración.

Se puede inferir también que estaba imbuido por los ideales de Morelos, que luchaba - entre otras causas - por:
Alcanzar la igualdad entre los hombres y abolir la esclavitud y el régimen de castas. Tal como lo señala Morelos: “no se nombrará a los moradores de esta América como indios, mulatos ni otras castas, sino como americanos”.
Contener los abusos y moderar la riqueza. Esta causa impulsada por Morelos ha sido una aspiración a lo largo de nuestra historia independiente. Escribe Pedro de Alba en los años veinte del siglo pasado: “parece como si algunas ideas relativas a la mejoría del jornal, a la dignificación del obrero, y a la redención del campesino, concebidas y expresadas por Morelos… hubiese dormido el sueño de los siglos para resurgir mucho más tarde, cuando fueron recogidas por algunos constituyentes en la Carta de Querétaro que, entre todos sus defectos y contradicciones, tiene la cualidad primigenia de haber dado cabida en sus artículos a medidas que, en muchos términos, corresponden al ideal socialista del cura Morelos (10).
Promulgar leyes suaves y justas, en beneficio de todos los americanos. “Nuestra causa (en palabras de Morelos) no se dirige a otra cosa, sino a representar la América por nosotros mismos en una Junta de personas escogidas de todas las provincias, que… depositen la soberanía, que dicten leyes suaves y acomodadas para nuestro gobierno, y que fomentando y protegiendo la religión cristiana en que vivimos, nos conserven los derechos de hombres libres…,” (11).
Mayor justicia en el uso de las tierras a los pueblos para su cultivo. En un documento abandonado por los insurgentes después del sitio de Cuautla se hacen el siguiente señalamiento sobre la propiedad agrícola: “sin que pueda arrendarse porque su goce debe ser de los naturales en los respectivos pueblos”. Asimismo, se limita la propiedad agrícola, como una forma de posibilitar un distribución más equitativa de la riqueza: “Deben inutilizarse todas las haciendas grandes, cuyos terrenos laboriosos pasen de dos leguas cuando mucho, porque el beneficio mayor de la agricultura consiste en que muchos se dediquen a beneficiar con separación un corto terreno”.
La muerte del cura Tapia.
El cura Mariano Antonio Tapia, muere el 18 de octubre de 1812, a los 34 años de edad. Morelos lo informa de esta manera:
“Excelentísimo señor (Ignacio López Rayón).
En el correo anterior de 3 del corriente dije a vuestra excelencia los ataques y ventajas de este ejército y ahora repito, que en el rancho de la Virgen hubo su ataque, y ya su resultado lo sabe vuestra excelencia.
En San José Chiapa les hice frente mientras pasaba mi convoy de barras de plata hubo de ellos muchos muertos… de nosotros hubo poca pérdida y en ella se incluyó nuestro coronel don Mariano de Tapia de bala de cañón…
Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.
Cuartel general en Tehuacán, noviembre 7 de 1812” (12).
Cuando se refiere al cura Tapia, Morelos utiliza el posesivo “nuestro”, lo que hace alusión a alguien a quien se estima; o, a alguien con el que se está agradecido por tener un compromiso a una causa, compartiendo ideas y convicciones. ¿Cómo murió el cura Tapia? Reproduzco esta cita, con la aclaración de que en general todos los biógrafos de la independencia y de Morelos coinciden en la narración de este episodio histórico, salvo en algunos aspectos u omisiones:
“De las cien barras de plata que tomó el coronel D. Miguel Serrano en el real de Pachuca se destinaron algunas para el ejército del general Morelos, quien mandó por ellas para acuñarlas en Oaxaca … temiendo que se las interceptasen en el camino los enemigos, o las partidas de bandoleros, que ya abundaban … se propuso salir a recibirlas; … a la sazón… salía de Puebla para Veracruz un convoy en el que se trasladaba a España el brigadier Porlier.
… al llegar el 18 de octubre a la hacienda de Ozumba supo que el enemigo estaba inmediato, es decir, en Nopalucan. Morelos mandó que Galeana ocupase el punto de Ojo de Agua… Se dijo que el coronel español Águila había hecho alto enfrente de Ozumba… Morelos previno a D. Hermenegildo Galeana que tomase la retaguardia de Águila con una partida de caballería, y se dio la vanguardia a D. Pablo y D. José Antonio Galeana, el flanco derecho al coronel Tapia y el izquierdo al coronel Sánchez…
Avistados ambos ejércitos, luego que comenzó el fuego de cañón y de fusilería que rompió la compañía de jóvenes emulantes, murió en la primera descarga el padre Tapia, y por esta causa la caballería de la derecha se puso en fuga…
El cadáver del padre Tapia fue sepultado militarmente en Ozumba. En este eclesiástico - expresa Bustamante - tuvo Morelos un soldado, un jefe digno de memoria por su amor a la libertad, en cuyo obsequio murió” (13)
El historiador oficialista español, Mariano Torrente, mostrando su actitud condenatoria a la insurgencia, narra así la muerte del cura Tapia:
“Pero las tropas realista desplegaron en esta ocasión tanto valor, serenidad e inteligencia, que dispersaron aquella horda de forajidos, tomándoles tres cañones, dos carros de municiones i una gran porción de armas; i matándoles muchas gente, entre cuya turba se halló el rebelde cura Tapia (14)
Los más eminentes historiadores de la independencia, sin importar su tendencia liberal, conservadora o monarquista, hacen referencia a la muerte del cura Tapia; reconociéndolo como un destacado jefe insurgente. Sin embargo, la narrativa del coronel Antonio Carrión al referirse a las exequias del coronel cura Mariano Antonio de Tapia, toca el dolor de la pérdida de un ser valioso: “En Ozumba donde durmió (Morelos) la noche del combate mandó dar sepultura al cadáver del Padre Tapia con honores militares, manifestando que había sentido muchísimo su muerte”15
…
Al revisar las diferentes fuentes bibliográficas, me llamo la atención que el regimiento o cuerpo organizado por el cura Tapia, estaba compuesto básicamente por pobladores naturales de Tlapa y Chiautla, cuya arma principal era la honda; contando con una extraordinaria habilidad para lanzar con ese instrumento las piedras.
Así era el arrojo de nuestra gente: ¡participaron en la guerra con armas rudimentarias!

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(1) Luis Casarrubias Ibarra. “Mi patria chica. Curso elemental de Geografía del Estado de Puebla”. Librería de la Vda. de Ch. Bouret. Paris y México. 1910.
(2) Enrique Juan Palacios. “Puebla su territorio y sus habitantes”. Memorias de la revista de la Sociedad Científica Antonio Álzate, Tomo 36 (1916-1917). (Documento en Internet).
(3) Cita tomada del Informe final del “Proyecto BS001 Taxonomía y prospección del hábitat de las poblaciones de Bursera sect. Bullockia con especial énfasis en las especies afines al linaloe”, B. aloexylon (Schiede ex Schlecht.) (Documento en Internet).
(4) Gabriel Gómez. “El beneficio del café”. Oficina de la Secretaría de Fomento, México, 1894.
(5) Carlos Herrejón Peredo. “Morelos: documentos inéditos de vida revolucionaria”. El Colegio de Michoacán, pp. 158 y 159.
(6) Ibidem. p. 159
(7) Mariano Torrente. “Historia de la revolución hispanoamericana” (Documento en Internet) p. 247
(8) Agustín Pomposo Fernández de San Salvador. “Desengaños que a los insurgentes de Nueva España seducidos por los francmasones agente”, en 500 años de la historia de México en documentos.
(9) Cristina Gómez Álvarez. “El alto clero poblano y la revolución de independencia, 1808-1821”. UNAM. Facultad de Filosofía y Letras, pp. 110 y 111.
(10) Pedro de Alba. “Morelos y la Constitución de Apatzingán”, en Antología de Lecturas, Historia de México, Conmemoración 200 años. INHERM. p. 45
(11) “Revolucionaria proclama expedida por José María Morelos en la que justifica ante el pueblo mexicano la necesidad de alcanzar la independencia política”. Cuautla, 8 de febrero de 1812, en 500 años de la Historia de México en documentos.
(12) “Ataques en Rancho de la Virgen y Orizaba; incautación de tabaco”. Morelos a Ignacio Rayón. Tehuacán, noviembre 7 de 1812, en 500 años de la Historia de México en documentos.
(13) Carlos María Bustamante. “Cuadro histórico de la revolución de la América Mexicana, 1810. Segunda Época, Carta Quince. p. 12”
(14) Mariano Torrente. Op. Cit. p 335.
(15) Antonio Carrión. “Historia de la Ciudad de Puebla de los Ángeles (Puebla de Zaragoza)”. Colección Digital. UANL, Tomo II p 162.

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