Chiautla y Tlanichiautla: origen y construcción espiritual. Capítulo 17
- Gildardo Cilia López

- 14 may
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Actualizado: 16 may
Gildardo Cilia López

“El tiempo de la verdad se la damos al pueblo”, Gilberto Bosques Saldívar.
Escombros
El desgobierno en los primeros treinta y cuatro años del México independiente dejó un país mutilado en más de la mitad de su territorio y con una agobiante crisis fiscal. En 1855, la nación, en ruinas, estaba todavía más cerca de su extinción. Esto no sucedió por la significativa contribución de una nueva generación de liberales, quienes afrontaron este contexto sombrío.
Santa Anna quiso erigir en 1853 un gobierno centralista, asimilándose como el dictador que hacía falta para poner orden en la República. Casi sin freno, continuó cercenando a la nación. Mediante el “Tratado de la Mesilla” vendió una extensión de 78 mil 845 metros cuadrados, abarcando partes de lo que ahora es el sur de Arizona y el suroeste de Nuevo México. Los diez millones de dólares de la venta disminuyeron a siete porque el gobierno norteamericano utilizó tres para absorber las reclamaciones de ciudadanos estadounidenses por daños ocasionados en la guerra que les permitió apropiarse de un vasto territorio mexicano. ¡Vaya descaro!
Con la venta de la Mesilla no se corrigió la maltrecha situación fiscal de nuestro Estado. La corrupción, el despilfarro y el continuo enfrentamiento entre fuerzas opositoras impedían toda posibilidad de corrección. Durante el último gobierno de Santa Anna se impusieron impuestos por la posesión de perros, caballos y vehículos (carretas y carruajes), así como por el número de puertas y ventanas en las viviendas; se reestablecieron las alcabalas y se centralizaron las rentas de las entidades federativas, lo que en el contexto de fragmentación territorial pudo haber ampliado la escisión; y se amplió considerablemente la deuda interna, con préstamos a tasas de usura. No podía ser de otra forma, ante un gobierno sin fondos las tasas de interés tenían que ser exorbitantes.
Asimismo, se descuidó la deuda externa, que se abultaba por la acumulación de intereses, en medio de un incumplimiento de pagos creciente. La bancarrota se acentuó, al grado de convertirse en el principal riesgo para la soberanía de la nación al dar inicio la séptima década del siglo XIX.
La Revolución de Ayutla significó liberar a la nación de Santa Anna y de su inexcusable ambición personal, como la de querer imponer una dictadura vitalicia con facultades omnímodas durante su último gobierno, que hubiera durado 23 años, ya que su muerte acaeció el 21 de junio de 1876. El levantamiento de Ayutla puso fin a un largo periodo de insensatez, Santa Anna había ocupado la presidencia de la Republica once veces; siendo desde 1821 un promotor del caos: era una tránsfuga que se arropaba como liberal o como conservador según le convenía.
México - como nación - le debe mucho a Benito Juárez y a la generación liberal. Ante la agobiante presión fiscal era necesario secularizar los bienes de la iglesia; contando, así, con una fuerte natural de recursos para erigir el poder civil y reconstituir el poder del Estado a partir de su naturaleza laica. Ello dio origen a una cruenta guerra civil de tres años, conocida como la Guerra de Reforma.
Con el Plan de Tacubaya, los grupos conservadores desconocieron la Constitución de 1857 y presionaron a Ignacio Comonfort para que la derogara; lo hizo, aunque en un acto de sensatez, de sincero arrepentimiento, liberó a Juárez, quien se encontraba preso en el Palacio Nacional de la Ciudad de México, ostentando el cargo de Presidente de la Suprema Corte de Justicia. Tras salir de prisión, Juárez se dirigió a Querétaro y el 19 de enero de 1858, en Guanajuato, asumió la presidencia de la República, haciendo cumplir con lo que constitucionalmente estaba establecido:
Artículo 80 de la Constitución política de 1857: “En las faltas temporales del Presidente de la República, y en la absoluta, mientras se presenta el nuevamente electo, entrará a ejercer el poder el presidente de la Suprema Corte de Justicia”.
Los conservadores, el 22 de enero de 1858, conformaron un gobierno paralelo, encabezado, primero, por Félix María Zuloaga y después por Miguel Miramón. La inestabilidad política se hizo presente, este gobierno hizo caso omiso a la Constitución de 1857 y buscó conformar una república centralista, apoyándose en la tradición conservadora de décadas anteriores. Bajo su visión decimonónica, derogó las Leyes de Reforma, buscando proteger las propiedades y privilegios de la iglesia católica. El lema de Zuloaga habla por sí mismo: “Religión y orden, o muerte”.
La Batalla de Calpulalpan del 22 de diciembre de 1860 culminó con el triunfo de la causa liberal, pero lejos estuvo de terminar con los avatares de México. La reacción del segmento conservador dos años más tarde se hizo aún más visceral, olvidando “que antes de partido se tenía patria”.
México no dejaba de sufrir, con el acuerdo denominado “Convención de Londres”, de octubre de 1861, Inglaterra, España y Francia decidieron intervenir en el territorio nacional para reclamar el pago de deudas. Así, sus tropas desembarcaron en Veracruz en los dos primeros meses de 1862. Con la suscripción del Tratado de la Soledad se logró convencer a los acreedores que la suspensión de pagos era temporal, en tanto se resarcía la economía y las finanzas públicas de la nación. Inglaterra y España retiraron sus tropas, pero Francia ¡no! El régimen monárquico de Napoleón III rompió con el acuerdo y decidió invadir México, fortaleciendo su ejército en abril de 1862 y avanzando hacia el corazón histórico y político del país.
Salvo una importante excepción, los integrantes del bando conservador no sólo no se unieron a los liberales para hacer un frente común contra el ejército francés, sino solazados vieron la oportunidad de hacer realidad un viejo sueño: ponerle la corona a un verdadero monarca, que europeo y de una casa real estuviera más capacitado para dirigir los destinos de la nación. En 1863, una delegación encabezada por José María Gutiérrez Estrada, José Manuel Hidalgo, Ignacio Aguilar y Marocho y Francisco Javier Miranda, entre otros monarquistas recalcitrantes, le ofreció formalmente la corona a Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria, a nombre de una Junta de Notables que se había formado en la Ciudad de México bajo la ocupación francesa.
Visto desde esta perspectiva, tiene razón Daniel Cosío Villegas al afirmar que los conservadores no pueden tener un lugar funcional dentro de la narrativa de la construcción de una nación soberana e independiente. Sus actitudes contrarias a la lealtad con la patria, no les permite tener acomodo positivo alguno: representan los resabios intelectuales de una visión trasnochada que actuó en contra de la formación de un Estado moderno.

Porfirio Díaz
No dejará de ser interesante analizar la característica dual de Porfirio Díaz Mori: por una parte, como un héroe imprescindible a citar en la defensa de la nación; por la otra, como un dictador que se mantuvo en la presidencia por más de 30 años, de 1876 a 1911. No es correcto omitir lo uno ni lo otro, no sólo porque se rompe con la veracidad histórica, sino porque debe recordarse que la finalidad práctica de la historia es analizar aciertos y errores, para tener un futuro más perfectible. Analicemos, la primera parte de su biografía.
Porfirio Díaz abrazó la causa liberal desde 1856, tras la proclamación del Plan de Ayutla. Influyeron en su formación liberal Marcos Pérez y el propio Benito Juárez, quienes fueron sus maestros en la carrera de leyes en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca. No concluyó sus estudios como abogado, justo por dedicarse a la vida militar, en donde se mantuvo firme en sus convicciones: no se dejó seducir por los conservadores y menos por las fuerzas imperiales, quienes le propusieron cambiarse a su bando. Es, sin duda, uno de los pilares fundamentales de la defensa de la República.
Cumplía, en forma natural, con todas las características de un estratega militar: era aguerrido, osado y astuto; emprendía, por sí mismo, acciones heroicas. Tardó siete años, de 1856 a 1863, en ascender de Capitán de Infantería de la Guardia Nacional a General de División, el grado más alto al que se podía aspirar en el ejército mexicano. Juárez estuvo presente en todos sus ascensos, tomaba en cuenta su meritoria carretera militar: defendió el Fuerte de Santa Catarina en Oaxaca; triunfó en Ixtepeji y Jalatlaco y ya como General de Brigada combatió heroicamente en la Batalla de Puebla del 5 de mayo de 1862.
El 15 de octubre de 1863, Juárez lo nombró General de División tras su destacada participación en las batallas de Puebla y Oaxaca.
Aun cuando se dice que Ignacio Zaragoza mantuvo una fuerte discrepancia con Diaz, tras su persecución al ejército francés, no se debe demeritar a ninguno de los dos. Zaragoza, como comandante en jefe del Ejército de Oriente, reservó a las tropas de Díaz y las mandó a entrar en batalla en el momento oportuno, lo que permitió una persecución brillante y decisiva. A Zaragoza le importaba fortificar Puebla y no entrar en una batalla a campo abierto, por eso contuvo a Díaz; debe decirse que la ciudad fue tomada un año después, el 17 de mayo de 1863, tras un prolongado sitio de dos meses. Con la sensatez y la humildad que caracterizaban a Zaragoza, más que reprochar el comportamiento de Díaz, lo reconoció en su parte de guerra del 5 de mayo y en una carta posterior como un oficial valiente, notable y con futuro para la República:
Parte oficial de Zaragoza a Benito Juárez, fechado el 9 de mayo de 1862:
"Me es grato recomendar a V.E. muy particularmente al C. General Porfirio Díaz, quien con su brigada se batió con denuedo, sosteniendo los puntos que se le confiaron con bizarría y serenidad". (1)
Carta de Zaragoza a Juárez del 11 de mayo de 1862:
"Díaz se ha portado como un valiente. Es un jefe de porvenir. Merece la confianza del Gobierno". (2)
Las peripecias y logros de Porfirio Díaz a partir de 1863 reafirman una odisea heroica. Tras ser capturado después de la rendición de Puebla, Díaz se escapó el 21 de mayo de 1863, mientras los prisioneros eran trasladados a Veracruz en un descuido de la Guardia francesa. Se presentó ante Juárez, quien le ofreció la Secretaría de Guerra, pero él la rechazó, considerando que era más útil en los campos de batalla. Así, durante 1864 organizó guerrillas y a finales de ese año se atrincheró en Oaxaca para defender este último bastión republicano. Sin municiones y sin víveres, el 9 de febrero de 1865 se rinde, lo toman prisionero y lo trasladan al convento Carolingio en Puebla.
Luchador astuto e incansable, después de seis meses de cautiverio, el 20 de septiembre de 1865, logró escapar de la prisión de Puebla, descendiendo por la esquina oriente del Colegio Carolino, hasta lo que hoy es la avenida Juan Palafox y Mendoza. No todos creen esta versión por parecerles novelesca, muy parecida a las narrativas de Alexandre Dumas.
La escapatoria es espectacular: sin apoyo alguno, utilizó una cuerda para ascender a la azotea del edificio, para luego lanzarla a una distancia aproximada de 16 metros, lazando la escultura de San Ignacio de Loyola para así descender a la calle que le posibilitó su huida. El novelista José López Portillo y Rojas hace el siguiente señalamiento: “A juzgar por lo que afirma el conde de Kératry en su libro elevación y caída de Maximiliano, Porfirio salió paso a paso del Colegio Carolingio, sin que nadie se lo impidiese, porque el Habsburgo había dado la orden de que se le dejase ir” (3).
Mito o realidad, lo cierto es que Porfirio Diaz partió hacia un rancho llamado Santa María del Río, que se encontraba entre los límites de Puebla y Guerrero, en donde lo esperaba el coronel Bernardino García con un batallón para emprender de nueva cuenta la lucha contra el Segundo Imperio. Tiempo después visitó al General Juan Álvarez en su hacienda “La providencia”, quien le obsequió 200 fusiles de percusión, municiones y cartas de presentación para que se le proveyera de víveres en las diferentes comunidades y pueblos. Para Díaz este apoyo fue inestimable: era la logística básica que requería para reorganizar al otrora ejército de Oriente.

La compañía de Chiautla
No es difícil de suponer que Porfirio Diaz, entre 1865 y 1866, haya caminado por los senderos de Chiautla para controlar esta zona que se conecta con Guerrero y Oaxaca; ampliar los efectivos de su ejército; y avanzar con mayor seguridad hacia la Alta Mixteca y a los Valles Centrales de Oaxaca. Sobre su paso por los pueblos de la jurisdicción de Chiautla de Tapia, don Gilberto Bosques Saldívar narra lo siguiente:
“En las primeras acciones militares sobre las soleadas tierras del sur de Puebla, empezó a conocer el General Díaz el temple combativo de los chiautecos. Sumados sus efectivos a la infantería de Visoso —unida a la causa de la Patria— formó Don Porfirio dos batallones y puso uno de ellos al mando del teniente Mucio P. Martínez. La guarnición de la Villa de Chiautla se incorporó a la columna republicana en Chila de la Sal."(4)
Abro paréntesis:
En el ensayo “Vida y Obra de Gilberto Bosques, 1892-1995”, su autor, Felipe David Espinoza Rodríguez, cita al historiador Pedro González para señalar que el abuelo paterno de Gilberto Bosques, Antonio Bosques, participó en la guerra de tres años y contra la invasión francesa. Esto pudiera ser cierto. Lo que resulta inexacto es lo que señalan otras fuentes: que su abuelo materno sea Zeferino Saldívar, de quien se dice “enarboló gestas heroicas como la Batalla de la Carbonera”. Conforme a los registros parroquiales de Chiautla su abuelo materno se llamaba José Guadalupe Saldívar Quiroz (5), sin que existan datos adicionales que nos permitan abundar sobre su vida.
El humanismo de Gilberto Bosques Saldívar, por sí mismo, es inconmensurable y no requiere de gestas históricas de familiares reales o ficticios para ensalzar su biografía. Es preferible ajustarse a lo que el mismo narra o a lo que es estrictamente verificable, recuerden que la grandeza de un prohombre radica también en su humildad.
Cierro paréntesis.
Sobre el episodio que narra Gilberto Bosques conviene citar al mismo Porfirio Díaz, infiriendo, conforme a otros datos de sus biógrafos, que pudo haber sido entre mayo y junio de 1866:
“Por tal manera ocupamos á Putla, de donde me dirigí nuevamente a Tlapa, porque el general Álvarez me dio aviso de que amagaba el enemigo otra vez el Estado de Guerrero. Estando allí se me presentó un comisionado de Visoso, quien había sido procesado por el gobierno imperial en virtud de las derrotas que sufrió, ofreciéndome el servicio de aquél, los cuales acepté con la condición de que no viniera solo, sino con alguna fuerza, y haciendo antes alguna clara manifestación que me diera garantías de su buena fe en aquel trance.
A virtud de tal contestación, pocos días después Visoso salió furtivamente de Puebla y se dirigió en la noche a Chiautla, en cuya guarnición tenía simpatías. En la misma noche, previo acuerdo con la gente que formaba esa guarnición se sublevó, matando al jefe político y comandante militar del punto.
Mandó poner en mi conocimiento este suceso, y yo protegía su incorporación con una marcha hasta el pueblo de Chila de la Sal. Visoso llevaba cerca de doscientos hombres y un obús de montaña” (6)

Sobre el General o comandante Jesús María Visoso es importante reiterar que hasta 1866 actuó a favor del ejército imperial: “a finales de 1865 se hablaba de que comandaba una fuerza “austro-Visoso”, y aún a mediados de 1866 se (mencionaba) que estaba bajo las órdenes de Bazaine” (7); de modo que la guarnición de Chiautla a la que se refiere Díaz y que se pasó al bando republicano pudo inicialmente formar parte de las fuerzas del Segundo Imperio.
En “México a través de los siglos” se aclara que la segunda derrota de Visoso fue en la Mixteca poblana (probablemente en Tulcingo del Valle, Puebla), de donde Díaz tomó un número importante de prisioneros e incautó armas y un cofre de dinero, para luego añadir:
“Esta segunda derrota de Visoso le acarreó una acusación ante la corte militar en Puebla. Aquí cayó bajo la influencia de un liberal que lo animó á dejar á un soberano ingrato, y redimir su reputación volviéndose patriota. La recomendación vino oportunamente…porque (su persona) se había deslustrado en el círculo que se había afiliado…Se fugó a Chiautla y allí indujo á una guarnición amiga á pronunciarse con él á favor de la causa republicana, á la cual continuó desde entonces leal, y adicto á su nuevo jefe”. (8)
Llama la atención que cuatro meses después, en la Batalla de Miahuatlán, no se mencione a Visoso a cargo de la Compañía de Chiautla y que se hable de que estaba compuesta por ochenta efectivos y no por doscientos. La Compañía la dirigía el capitán Félix Rivera, quien se presume nació en la Baja Mixteca, cerca de Chiautla de Tapia. Rivera tuvo un comportamiento heroico en Miahuatlán y cayó gravemente herido.
Es altamente probable que la Compañía de Chiautla la haya formado el propio Porfirio Díaz, en enero de 1866, en su paso por Chiautla, tras Tlapa y antes de Silacayoapan; es decir, que no estuviera integrada por la gente de la guarnición imperial que le llevó Visoso cuatro o cinco meses más tarde. Reportes del Archivo de la Secretaria de la Defensa Nacional de enero a marzo de 1866 confirman que Porfirio Díaz reorganizó fuerzas y sumó gente a su columna en Chiautla.
Díaz amplió la base social de su incipiente ejército en su recorrido por la Montaña de Guerrero y la Baja Mixteca, adoptando diferentes medidas: eliminó y disminuyó impuestos (el de capitación) y dictó otras disposiciones a favor de los pueblos. A los reclutados les ofrecía: sueldos y paga inmediata; botines de guerra legalizados; tierras y fueros; protección contra levas forzadas y contra otros abusos imperiales; y les aseguraba que las tropas iban a ser relevadas a los cuatro meses para que pudieran atender sus negocios o actividades productivas,
A las tropas que combatieron en Miahuatlán, Díaz las denominaba “Fuerzas Republicanas de la Línea de Oriente” y hacía especial énfasis que las había juntado por su cuenta. En suma, las "Fuerzas" contaban con alrededor de mil hombres y estaban integradas de la siguiente forma:
Cuerpo | Origen | Jefe |
Batallón Fieles de Oaxaca | Tropas regulares oaxaqueñas | Manuel González |
Batallón Patria | Oaxaca | Luis Pérez Figueroa |
Batallón Chiautla | 80 hombres de Chiautla y su jurisdicción | Félix Rivera |
Batallón Morelos | 100 hombres de Tlapa | Juan José Cano |
Batallón de la Montaña | Mixtecos de Tlaxiaco | José Guillermo Echegaray |
Lanceros de Puebla | Caballería | Pedro Ojeda |
Artillería | Dos piezas de montaña | Felipe Cruz |
Después de las victorias de las batallas de Miahuatlán y Carbonera, Juárez le dio el nombramiento a Porfirio Díaz de General en Jefe del Ejército de Oriente. Esto aconteció el 28 de octubre de 1866.
Sobre las fuerzas que enfrentaron a las fuerzas imperiales en Miahuatlán, citó algunos párrafos del artículo de Javier Bautista Espinosa, “Resistencia Popular contra la Invasión Francesa, la Batalla de Miahuatlán, Oaxaca, en 1866”:
“Para vencer a la columna de un ejército que, además de su superioridad numérica y en armamentos, contaba con el apoyo de sus aliados mexicanos adeptos al imperio de Maximiliano de Habsburgo, Díaz se apoyó en una base social con el fin de formar su milicia desde al menos un año antes. Eran hombres de las montañas de la Mixteca oaxaqueña, poblana y guerrerense, así como de la propia villa de Miahuatlán y otros lugares; principalmente rancheros, campesinos, indígenas y líderes locales y regionales, curtidos en la lucha de resistencia en las serranías bajo condiciones extremas”. (9)
(En febrero de 1866, Porfirio Díaz le había escrito al presidente Benito Juárez):
“Usted debe suponer cómo estoy en cuanto a recursos y lo mucho que podría hacer teniéndolos; pero si la situación de usted también es mala en ese ramo, no pido, sólo quiero que usted sepa para la primera oportunidad que necesito mucho y entretanto yo veré lo que hago con mis escopetas viejas y mis hombres desnudos”. (10)
Referente a la participación de la Compañía de Chiautla en la Batalla de Miahuatlán, recurro a lo que el mismo Porfirio Díaz narra vívidamente:
“Nuestros tiradores sostuvieron valientemente el primer impulso del enemigo, que contenido en su avance, se vio obligado a detenerse, aprovechando los accidentes del terreno para continuar el combate.
Visto el gran número de tiradores del enemigo, reforcé los de mi línea con el resto de la compañía de Chiautla, de la cual una parte estaba ya en combate, 20 hombres del batallón Morelos, de Tlapa y mandé tomase el mando de todos ellos el jefe de mi Estado Mayor el ciudadano coronel Juan Espinosa y Gorostiza.
El combate se hizo general en toda la línea, y nuestras municiones se iban agotando rápidamente, lo que me decidió a dar una carga sobre las posiciones del enemigo, y terminar a nuestro favor, por el valor de nuestros soldados, un hecho de armas que de otra manera nos hubiera sido adverso, por la escasez completa de municiones”. (11).
Este valor a toda prueba de la Compañía de Chiautla coincide con lo que señaló el Congreso del Estado de Oaxaca, en Sesión Solemne, cuando, en 2013, conmemoró el 147 aniversario de la Batalla de Miahuatlán:
“Las compañías de Tlaxiaco y Chiautla que, a las órdenes, la primera del comandante Ciudadano Isaac Narváez y la segunda a la de su capitán Ciudadano Félix Rivera, que fue herido gravemente, se batieron constantemente (contra) tiradores con fuerzas triples, no volteando ni una sola vez la espalda a sus enemigos y sí obligándoles a retroceder”.
Para terminar de documentar el comportamiento heroico de la Compañía de Chiautla, vale la pena mencionar el parte militar que dio el Coronel Manuel González, Jefe de la Primera Brigada de Infantería de la Primera División, al Ciudadano General Porfirio Díaz. En su informe González refiere que la Compañía de Chiautla estaba al centro de la línea de batalla, junto al batallón de Morelos de Tlapa. (12)
La siguiente relación de muertos y heridos probablemente la elaboró el subteniente José María Robledo, ya que el capitán de la Compañía, Félix Rivera, estaba herido.
Batallón de Chiautla
Muertos
Sargento 2° | Trinidad Tacachi |
Soldado | Lucas García |
Heridos
Capitán | C. Félix Rivera |
Subteniente | C. José María Robledo |
Sargentos 2° | Jacinto Espinosa |
| Paulino García |
Cabo | José Huertero |
Soldados | Zeferino Grageda |
| Lorenzo Guevara |
| Néstor Guadalupe |
| José Morán |
| Andrés Agustín |
| Martín Palmar |

Sobre la batalla de Miahuatlán Porfirio Díaz escribió: “Consideró la victoria de Miahuatlán como la batalla más estratégica de las que sostuve durante la guerra de intervención y la más fructuosa en sus resultados, pues ella me abrió las puertas de las ciudades de Oaxaca, Puebla y México” (13). Lo que aquí dice es incuestionable: venció con mil combatientes a un ejército con dos mil efectivos; en plena batalla se apropió de armas y municiones, lo que posibilitó el triunfo; además, mientras el Comandante imperial Carlos Oronoz le hacía frente en Miahuatlán, su hermano Félix Díaz, en una estrategia previamente convenida, aprovechó para entrar a la ciudad de Oaxaca, sitiando diferentes puntos en donde se encontraba el ejército del Segundo Imperio, lo que facilitó su posterior toma.
El Batallón de Chiautla, conformado inicialmente por ochenta hombres, continuó marchando victorioso con el Ejército de Oriente, sepultando al imperio de Maximiliano. Citemos las batallas en las que participaron nuestros aguerridos héroes: Miahuatlán, 3 de octubre de 1866; Carbonera, 18 de Octubre de 1866; Sitio y Toma de la Ciudad de Oaxaca, del 21 al 31 de octubre de 1866; y Toma de Puebla o batalla del 2 de abril de 1867.
Démosle todo el mérito a la gente de nuestro pueblo. ¡Esta es la verdad prístina de este episodio histórico!

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(1) Manuel Santibáñez. “Reseña histórica del Cuerpo de Ejército de Oriente. Tomo I" Compilador Irineo Paz. Casa editorial Tipografía de la Oficina Impresora, 1892-1893, pp. 45 y 46.
(2) "Benito Juárez: Documentos, Discursos y Correspondencia, editado por Jorge L. Tamayo, Tomo 6", Editorial Libros de México, 1972, p.312.
(3) F. Humberto Sotelo M. “La evasión de Porfirio Díaz del Carolino: ¿Mito o historia”. BUAP, Tiempo universitario, año 2, número 20, Puebla de Zaragoza a 11 de noviembre de 1999 (en Internet).
(4) Felipe David Espinosa Rodríguez. “Vida y obra de Gilberto Bosques Saldívar”. Honorable Congreso del Estado Libre y Soberano de Puebla, LVIII Legislatura, p. 14
(5) Página “Geneanet” de Cornelio Bosques Saldívar. Incluye Árbol Genealógico, elaborado por el Seminario de Genealogía Mexicana de la UNAM.
(6) Bernardo Reyes. “El general Porfirio Díaz”. Casa editorial J. Bailescá y Compañía, sucesores, 1903, p. 176.
(7) Carlos Barreto Zamudio. “Rebeldes y bandoleros en el Morelos del siglo XIX (1856-1876)”. Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales y Estudios Regionales, 2019, p.331.
(8) Juan de Dios Arias y Enrique de Olavarría y Ferrari. “México a través de los siglos. Tomo V: La Reforma”. Dirección Vicente Riva Palacio. Colección digital UANL, p. 410.
(9) Javier Bautista Espinosa. “Resistencia popular contra la invasión Francesa. La Batalla de Miahuatlán, Oaxaca, en 1866”, en Relatos, Historias de México, Arqueología Mexicana, 14 de mayo de 2026 (Artículo en Internet).
(10) Ibidem.
(11) “Archivo del general Porfirio Díaz. Memorias y documentos. Tomo II”. Alberto María Carreño (Prólogo y notas). UNAM, 1947, p. 157.
(12) Manuel Santibáñez. “Reseña histórica del Cuerpo de Ejército Oriente. Tomo I" Compilador Irineo Paz. Casa editorial Tipografía de la Oficina Impresora, 1892-1893, p. 319.
(13) Javier Bautista Espinosa. Op. Cit.

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