Chiautla y Tlanichiautla: origen y construcción espiritual. Cuarta parte.
- Gildardo Cilia López

- 30 ene
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Actualizado: 31 ene
Gildardo Cilia López
Con mi agradecimiento a la Contadora Vicenta Salazar (Vicen Salazar)

La Parroquia de San Agustín
La construcción de la parroquia de San Agustín en la explanada del promontorio fundacional del altépetl significó la manifestación visual, arquitectónica, de un nuevo orden espiritual y material. Se convirtió en expresión fehaciente de una nueva era que ponía en la cima de la jerarquía a las nuevas autoridades civiles y religiosas españolas; significó también predominio y rectoría no sólo sobre los barrios del pueblo original, sino sobre los demás pueblos o estancias existentes en la provincia de Chiautla.
El destinatario final de los tributos para la población nativa ya no era el Huey Tlatoani de Tenochtitlan, sino el capitán marques, aunque tiempo después se dieron cuenta de que encima de él y de cualquier otra autoridad civil estaba el “rey” de España. El dios único, por otra parte, conforme a la nueva doctrina, exigía abandonar a los dioses tutelares; aunque no los desterraron del todo, al final persistió un admirable sincretismo.
En 1535 se había fundado el templo de “Nuestra Señora de la Asunción” en el Barrio de Tlanichiautla con materiales pobres, que fungía como “casa y visita” conforme a los cánones evangelizadores de la orden agustina. La estructura y características actuales de la iglesia advocada a la virgen de la Asunción indican que la fachada y la nave principal fueron erigidas en la segunda mitad del siglo XVIII, de ahí su estilo neoclásico colonial sobrio, con detalles barrocos en su exterior y fina ornamentación en su interior.
La iglesia del Barrio de Tlanichiautla cumplió con un primer propósito; pero estando abajo y en la orilla oriental de la población no hacia evidente la supremacía del Dios cristiano y de la fe concebida como única y verdadera. Era importante destruir o enterrar lo más posible al tecpan, símbolo de poderío del "Señor principal" y del viejo orden.
Entre 1540 y 1550 se decidió construir el monumental templo de San Agustín Obispo, justo en la explanada en donde se sugiere la existencia del tecpan. El poderío espiritual debía hacerse evidente, así, se construyó durante cuarenta años un templo majestuoso que requirió de estructuras abovedadas, arcos, columnas y pilastras, a efecto de soportar una bóveda de 55 varas (46 metros) de largo, del altar mayor a la puerta principal; de 13 varas (11 metros) de ancho y de 18 varas (15 metros) de alto; así como la carga de una extraordinaria cúpula (que parece un faro de espejos desde diferentes puntos de Chiautla, más con el sol candente) y de una admirable torre campanario (1).
Aun cuando inicialmente fue signo de poderío, con el paso de los siglos, “San Agustín” se convirtió en espacio de cohesión social, al cumplir con funciones de templo, monasterio, hospital de indios y cementerio y al derivarse después del atrio, de la arteria central, el mercado (que se ubicó ahí, por siglos) y la plaza pública. Su edificación también elevó a la Villa de Chiautla como un punto obligado de referencia geográfica para avanzar hacia diferentes regiones: el altiplano central; el norte de Puebla; los demás pueblos de la Baja Mixteca y la Alta Mixteca; la montaña de Guerrero; o para tomar la ruta del “Mar del Sur” (Acapulco).

El estilo del templo de San Agustín, sin ornamentos complejos, le sirvió a los arquitectos agustinos para transmitir una sensación de solidez y grandiosidad; dando la impresión, incluso, de haber levantado una fortaleza, tal como la describen los historiadores del siglo XIX (José María Bustamante, José María Luis Mora y Lucas Alamán, entre otros) cuando narran la batalla de Chiautla, acaecida el 4 de diciembre de 1811. Acostumbrados a ver la fachada principal, poco se aprecia la que mira hacia el oriente (hacia el Barrio de Tlanichiautla); y menos admiramos los imponentes contrafuertes que se desprenden del sur de la nave, mismos que han sido vitales para mantener en pie la estructura conventual en una región altamente sísmica.

Describamos sólo algunos elementos arquitectónicos sobresalientes de la Parroquia de San Agustín:
El atrio que fungió como cementerio aún en los años setenta del siglo XX (esto es, más de 100 años después de la Leyes de Reforma expedidas por Benito Juárez en 1859) cuenta con una dimensión extraordinaria. La parte central de la explanada se desplaza en línea recta entre la puerta principal del recinto arquitectónico y la puerta principal del atrio, separando en forma equidistante lo que fue el cementerio. Todavía se pueden observar algunos túmulos y mausoleos, así como placas funerarias; no así las capillas pozas que probablemente fueron construidas durante el siglo XVI y que se ubicaban en los extremos de la explanada atrial. En forma lateral a la arteria principal del conjunto conventual se encuentran dos monumento de diferentes épocas que sostienen cruces atriales.
La fachada principal se orienta hacia el norte, consecuencia, como ya se dijo del emplazamiento urbano prehispánico. “La portada está compuesta por dos cuerpos, la puerta principal y la torre campanario. La puerta esta flanqueada por dos pilastras que reciben un entablamiento sobre el que descansa el enmarcamiento de la ventana del coro, en el paño superior se encuentra el escudo de la orden de San Agustín” (2).

Fachada principal de la Parroquia de San Agustín Obispo, Chiautla de Tapia, Puebla. Fotografía tomada por Diego de Jesús Aragón Salazar, enero de 2026 La torre es una estructura cuadrada en donde se perciben dos cuerpos de campanario: el primero es de planta cuadrada con un vano en arco en cada frente; y el último es de planta circular y remata con una cúpula.

Torre campanario de la Parroquia de San Agustín, Chiautla, Puebla. Fotografía tomada por Diego de Jesús Aragón Salazar, Enero de 2026 La planta del templo se extiende en brazos de cruz latina y la nave se compone por cinco tramos. Cada tramo está dividido por arcos transversales que llegan a un entablamiento corrido, reforzado con pilastras en ambos lados.
En el primer tramo se ubica, en el segundo nivel, un amplio coro; en tanto que al sotocoro la cubre una bóveda de medio cañón.

Todos los demás tramos presentan en su ornamentación características neoclásicas, reflejadas en su decoración, retablos y estructura. En el quinto tramo destaca la cúpula que recuerda al estilo bizantino, misma que resalta a los lejos cuando se alcanzan las cimas de las veredas y caminos o en las zonas cerriles, sobre todo, desde los flancos sur y oriente de la población.

El presbiterio ocupa la mitad del quinto tramo y de ahí se deriva el ábside que permite configurar el altar mayor. En él, notoriamente, se aprecia un retablo con la escultura de San Agustín; lo que marca el punto focal eucarístico.

Retablo principal de la Parroquia de San Agustín Obispo, Chiautla de Tapia, Puebla
De esta forma, se fusiona en la parroquia de San Agustín: una estructura conventual agustina con un diseño interior con tendencias neoclásicas, expresado en su decoración y en sus retablos; existiendo además una cúpula – reitero – que parece estar inspirada en la arquitectura bizantina. Los elementos neoclásicos fueron introducidos a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, mediante la incansable gestión del párroco secular Francisco Vega; destacando que durante esta misma época se introdujo la escultura de San Agustín Obispo, misma que está montada en el retablo principal
Del edificio conventual de dos plantas, ubicado en el lado poniente de la nave del templo, deben destacarse el claustro, con sus corredores, su patio central y su fuente; las cámaras en la planta alta que correspondían a las celdas de los monjes; y todo lo que ahí se contempla: bóvedas, arquerías, pilares y contrafuertes. Ante los riesgos inminentes de los sismos, se debe insistir en la necesidad de continuar con la restauración y, sobre todo, con el reforzamiento del edificio conventual.

Después de cinco siglos, muchos elementos del Templo, Monasterio, Hospital de indios y Cementerio de San Agustín se han perdido o permanecen ocultos. Victima del temblor de “San Roque”, acaecido en agosto de 1711, fue dejado a la deriva durante 40 años, hasta la salida definitiva de la orden agustina; así, el clérigo Gabriel de Jesús Cerdeña entre 1772 y 1779 escribió: “en vez de reparar sus ruinas…(dejaron) perder por su desidia o mezquindad una tan hermosa fabrica”.
En un excelente artículo (3), Rutilia Amigón nos aclara varios misterios, entre ellas, que en el sector poniente por las irregularidad del terreno hubo necesidad de “recurrir a estructuras abovedadas, que dieron lugar a los espacios que por generaciones se han denominado como cuevas”; que muy probablemente en las esquinas del atrio se levantaron capillas procesales (capillas pozas) y que en el claustro aún existen reminiscencias de ornamentación pictórica, ya que en el siglo XVI los murales “tuvieron un rol primordial en la conversión católica de la población indígena”
¿En donde quedaron las reminiscencias del probable tecpan y de los teocallis de los barrios? Tal vez, sean material inerte que se encuentran en las bóvedas, muros, arcos, pilastras y contrafuertes del magnífico templo. Debe recordarse que la arquitectura agustina reutilizaba los materiales que tenían a la mano, construyendo estructuras magnificas que afianzaban la visión de un dios supremo.
La sal
Antes de abordar la importancia que tenía la sal en el periodo prehispánico y durante el periodo novohispano, conviene volver hacer referencia al significado semántico del topónimo “Chiautla” no para generar dudas, sino para provocar interés que lleve a un análisis más profundo, sobre todo, cuando se hace referencia a Chiautla de Tapia.
El Plan de Desarrollo Municipal, 2025-2027, de Chiautla (San Andrés Chiautla), Estado de México, hace una buena síntesis sobre la etimología y la toponimia de Chiautla, haciendo referencia a cuatro posibles acepciones:
Chiautla se deriva de Chiahuc: “grasa” y Tla: “abundancia”, lo que se traduce en “abundancia de piedras grasosas”, según Francisco Olaguibel.
El nombre de Chiautla viene del mexicano Chiautl: “pulgón” que roe las viñas y Tla: “abundancia”, lo que significa “lugar donde abunda el pulgón”, conforme a Agustín Róbelo.
Francisco Macazaga, al hacer referencia al glifo de Chiautla (San Andrés, Chiautla), le da la misma raíz que Chiapa, es decir, “chía”; por lo que significaría, “lugar donde abunda o se cultiva la chía”.
Finalmente, Juan Bautista de Pomar, en su relación de Texcoco, escrita en 1582, dice “Chiautla…quiere decir Cienegado, llamado así por la Ciénegas que en él hay”.
A mi parecer, si se hace referencia, estrictamente, a Chiautla de Tapia, “cabecera”, ninguna de las cuatro acepciones resulta convincente: primero, porque no se ubica en una región lacustre; y segundo, porque no predominan los suelos arcillosos, sino los suelos “Regosoles” y “Feosems”, que son suelos delgados que renacen con las lluvias, siendo lodosos sólo temporalmente; es decir, son suelos con drenaje rápido o moderado, que muy lejos están de generar, espacialmente, grandes depósitos de arcilla densa.
La toponimia en náhuatl es fundamental: permite conocer registros históricos y culturales, establecer identidad y patrimonio, reconocer el pasado, describir el entorno físico y natural, da señales esenciales para establecer el quehacer o las actividades de las diferentes comunidades nativas y detalla la importancia o características de una localidad o de una región. Sobre esta base me voy a permitir señalar otras posibles connotaciones del topónimo “Chiautla”, aplicables para Chiautla de Tapia:
Que más que referirse a un altepetl cabecera, se hace referencia a una provincia en donde existían (existen) condiciones ecosistémicas favorables para la producción de sal; ello incluye todos sus elementos distintivos: ojos, pozos, manantiales y otros veneros, así como cieneguillas o ciénegas, de donde emana o se extrae sal; de modo, que el topónimo de Chiautla (Chiautla de Tapia) se utilizó para indicar la existencia de una provincia con salinas tierra adentro.
Que no sólo se hace referencia al lodo, sino a productos o semillas oleaginosas, como la chía, o a terrenos con apariencia lustrosa o aceitosa como son los salitrosos.
Que el término chiautli utilizado todavía en algunas regiones para denominar a la sal, servía para indicar un tipo de sal, su calidad o su procedencia; aún ahora la sal artesanal es cotizada en algunas mesas exigentes porque contiene oligoelementos como el calcio, el magnesio y el potasio, los cuales aportan un sabor sutil y características nutricionales únicas.
En el periodo prehispánico, la sal tuvo un uso diverso:
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Permitía la conservación de alimentos (pescados, mariscos y carnes) que era esencial para el almacenamiento y el traslado a largas distancias.
Se utilizaba como condimento, además, servía para fijar colores en las actividades textiles y para curtir pieles.
Tenía un uso medicinal: se empleaba para el dolor de oídos, garganta, la tos y problemas de encías; la sal mezclada con maguey se utilizaba para acelerar la cicatrización de las heridas.
Servía para la purificación ritual, cabe señalar que la sal que se sigue cosechando en la Baja Mixteca en forma artesanal y ancestral es extremadamente blanca y con matices brillantes o cristalinos. Huixtocihuatl o Huistochiuatl, era la diosa de la sal o de las tierras saladas y estaba asociada a la pureza y a la fertilidad.
Funcionaba como tributo o para el trueque, sin dejar de señalar que los panes o “piloncillos” de sal funcionaban como moneda de cambio.
Como resulta obvio, la sal era un producto de gran estima para los pueblos del Centro de México y, particularmente, para los mexicas; seguramente, esto es lo que explica su expansión hacia la provincia de Chiautla. No deja de ser interesante señalar que en la Matrícula de Tributos, no se menciona a Chiautla, ni a sus pueblos o estancias como tributarios de Tenochtitlan o de la Triple Alianza; en su caso Cohetzala y Santa Mónica fueron incorporadas en la época colonial. Esto hace suponer que sobre la sal los mexicas imponían un control directo, evitando su comercio o traslado hacia otros pueblos o regiones con los que mantenían conflicto o relaciones adversas. Así, Muñoz Camargo, señala que el cerco impuesto a Tlaxcala era tan efectivo, que “no tenían ni sal para comer” (4).
Muñoz Camargo (5) señala que tras la huida de los españoles de Tenochtitlan (la Noche Triste) Cuitláhuac le ofreció a los tlaxcaltecas algodón, cacao, oro y especialmente, sal para configurar una alianza entre ellos y combatir a los españoles. Los tlaxcaltecas, considerando los agravios de muchos años y las penalidades sufridas y bajo la influencia de Maxixcatzin, no aceptaron la propuesta y decidieron mantener su alianza con Cortés.
Se concibe que los métodos para producir sal han sobrevivido durante más de dos mil años, de forma tal que es una herencia que se ha transmitido en la región central del país de cultura a cultura. En el caso de Chiautla y de sus pueblos salineros, con mayor precisión, se sabe que la producción de sal artesanal data de hace cinco siglos, cuando menos. Los cronistas españoles del siglo XVI, admirados, nos dejaron sus relatos. Fray Toribio de Benavente, “Motolinía”, al referirse a los manantiales señalaba:
“Hay también fuentes de sal viva, que es cosa muy de ver los manantiales blancos que están siempre haciendo unas venas muy blancas, que sacada el agua y echada en unas eras pequeñas encaladas y dándoles el sol, en breve se vuelven sal”.
Fray Bernardino de Sahagún, al referirse al proceso productivo, hizo la siguiente referencia:
“(El salinero) junta la tierra salitrosa, y juntada remójala muy bien, y destílala, o cuélala en una tinaja, e hace formas para hacer panes de sal” (6).

En septiembre de 1528 y ante una merced concedida a don Francisco de los Cobos, Hernán Cortés hace una relación de los lugares que producían sal, enumerando a Chiautla: “En Chiautla, de pozos se hace sal”. En 1529, se confirmó esta información: “En el lugar de Chiautla, ay sal donde sale un ojo de sal (7).
Debo confesar que he buscado esos pozos y ese ojo de sal durante años en la cabecera municipal de Chiautla de Tapia sin éxito alguno (tal vez, la exploración ha sido insuficiente). Pienso que los pozos son los que se encuentran en los pueblos salineros de San Pedro Ocotlán, Chila de la Sal y Xicotlán; y que cuando se hace referencia al ojo de sal, en singular, se está hablando del magnífico venero de San Pedro Ocotlán.

La rendición incondicional del tlatoani de Chiautla, de los grandes señores de los pueblos y estancias y, en general, de los pipiltzin, les permitió conservar su más preciada riqueza: los manantiales y los pozos de sal, en medio de la extrema pobreza de la gente común y de los macehuales. El Padre Prior del templo de San Agustín, Bartolomé de la Vera Cruz, en 1571, escribió:
(En) “La tierra de Chiauhtlan y povincia, scilicet (a saber), cabecera y estancias…dase poco pan en ella... Granjerías hay pocas, si no es sal, y de estas carecen el común y maceguales, porque es toda la sal de los principales: es gente pobre y miserable toda en común”.
La distribución de la sal “de Chiautla” en el periodo virreinal se extendió hacia diferentes puntos y regiones, sobre todo, se dirigió a los reales mineros. Quedémonos, por lo pronto, sólo con estas dos citas que hacen referencia a la provisión de sal en Cuernavaca y en pueblos del centro-norte de Puebla:
1553: Relación de descarga y data de don Tristán de Arellano como persona que tuvo en gobernación el estado del marqués del Valle:
“…dio en data 25 pesos de oro común por tanto se dieron a los indios de Acapistla (Yecapixtla) por paga de 100 tamemes que han de traer sal de Chautla con dos principales para la huerta de Yautepeque (Yautepec)”
“…dio en data 37 pesos y cuatro tomines de Tepuzque que se dieron a Diego de Baena para comprar 100 cargas de sal en Chiautla para salar las conservas que se hacen en el ingenio de Caonovaca (Cuernavaca” (8)
En la Relación de Huatlatlauca y Huehuetlan (Huehuetlan, El Grande), fechada en 1579, se hacen las siguientes menciones:
(En cuanto a Huatlatlauca) “Provéese el dicho distrito de sal, de un pueblo llamado Chiautla: Habrá 15 leguas, de aquí, a allá donde se coge”.
(En cuanto a Huehuetlán) “A diez leguas de aquí, están unas salinas del pueblo de que se llama Chiautla, de donde se proveen los indios de este pueblo de sal”.
En el próximo apartado se hablará de la sal y su relación con la explotación de la plata en los Reales de Minas, así como de la explotación forzosa o coatequitl, siendo el contexto que generó diferentes disputas entre los naturales de Chiautla de Tapia con las diferentes entidades civiles y religiosas españolas y entre los mismos pobladores.
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(1) “Inventario del archivo parroquial de San Agustín Obispo”, Chiautla, Puebla, documento en internet.
(2) “San Agustín, Estudios Monográficos”, Gobierno de México, documento en internet.
(3) Rutilia Amigón Amigón. “Excovento agustino de Chiautla de Tapia, arquitectura, leyenda y sismo”, enero 6, 2024, en Mundo Nuestro, documento en internet.
(4) Rodolfo Rosas Salinas. “El aro de juego de pelota de San Pedro Ocotlán, suroeste de Puebla, México: ¿un culto al Sol?”, documento en Internet.
(5) Diego Muñoz Camargo. Historia de Tlaxcala. Universidad Autónoma de Tlaxcala y CIESAS, 2013.
(6) Beatriz Zúñiga Bárcenas. “La sal en la época prehispánica”. Centro INAH, Estado de México, documento en internet.
(7) María del Carmen Martínez Martínez. “Las salinas de la Nueva España: Francisco de los Cobos y Hernán Cortés”, documento en Internet.
(8) Catálogo de protocolos del Archivo General de Notarías de la Ciudad de México. Siglo XVI.
(9) Hortensia Carmen Rosquillas Quiles. “La apropiación de la tierra en los señoríos de Hautlatlauca y Huehuetlan en el Estado de Puebla (1520-1650)”. UNAM.

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