Chiautla y Tlanichiautla: origen y construcción espiritual. Primera parte.
- Gildardo Cilia López

- 6 ene
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Gildardo Cilia López

Parroquia de San Agustín, en Chiautla de TapiaPreámbulo
Debo confesar que escribir este texto ha sido sumamente difícil, sobre todo, porque ciertos hallazgos me llevan a plantear una historiografía distinta sobre el origen y la fundación de Chiautla de Tapia, Puebla. Me preocupa no coincidir con lo que han escrito historiadores y cronistas respetables, pero concibo que existen elementos esenciales para disentir sobre lo que se ha escrito de nuestro pueblo ancestral.
Es importante advertir que aun cuando he realizado una investigación intensiva sobre Chiautla y la región de la Baja Mixteca, la misma ha sido intermitente y, por lo tanto, insuficiente; por lo que surgirán dudas inobjetables y cabos sueltos que se tendrán que resolver con estudios más detallados y profundos.
Homografía
Muchos capítulos históricos sobre el origen y la fundación de Chiautla de Tapia se confunden con los de la población de San Andrés Chiautla, ubicada en la región texcocana del Estado de México. Esa mezcla de datos coincidentes ha llevado a lamentables errores y a no darle la importancia debida a sucesos trascendentes en el desarrollo histórico de ambos pueblos. Todo parte de una homografía.

Una palabra es homógrafa cuando se escribe exactamente igual que otra, pero tiene diferente significado. Aunque parezca un problema semántico, justo de ahí es de donde se debe partir. El náhuatl tiene muchas variantes y una palabra puede escribirse igual a otra, teniendo un significado distinto; o bien hay palabras que han evolucionado, de manera que palabras originalmente distintas convergen ahora en una misma forma escrita.
Es común en la historia prehispánica que se denominara en náhuatl alguna región por sus atributos productivos o por sus características geográficas o toponímicas. La palabra “chiauitl” significa sal en náhuatl, por extensión Chiautla, en una de sus acepciones significa “Lugar Salobre” o “Lugar donde abunda la sal”. Durante el periodo colonial Chiautla de Tapia fue conocida como Chiautla de la Sal, o como San Agustín de Chiautla de la Sal.
No he encontrado evidencia física de que hubiese explotación salina en la cabecera municipal de Chiautla de Tapia, Puebla. Esto lleva a considerar que las estancias o pueblos salineros como Chila de la Sal, Ocotlán y Xicotlán (probablemente también Tlaxcuapan y Tecuautitlán) estaban sujetos al dominio de Chiautla, o que dichos veneros eran propiedad de los tlatoanis o de las familias nobles (pipiltzin) de Chiautla; o que la producción de sal se concentraba en el altépetl o pueblo de Chiautla para distribuirse tributariamente en el altiplano mexicano.
Estamos hablando, en dado caso, de una importante región con un legado cultural y natural milenario, cuya producción de sal satisfizo a diferentes mercados, particularmente, al del altiplano mexicano; siendo Chiautla el altépetl predominante.

San Andrés Chiautla, ubicada en la porción lacustre de la cuenca hidrológica del Valle de México, cerca del antiguo Lago de Texcoco, seguramente presentaba las características geográficas y naturales que perduraron durante siglos y que sugieren su descripción toponímica en náhuatl: “lugar donde abunda el cieno o lodo espeso y hediondo”. El vocablo está integrado por chiahuitl (lodo grasiento o cenagosos) y uhtla o tla (sufijo que indica abundancia).
El doble significado de Chiautla lleva a las siguientes connotaciones: “lugar donde abunda la sal”, que sería la de la Chiautla de la Baja Mixteca; o “lugar donde abunda el lodo”, que se referiría a la Chiautla lacustre del Valle de México (San Andrés Chiautla).
Origen histórico
Cuando se hace referencia a Chiautla de Tapia se suele señalar que era tributaria de Texcoco y que incluso le daba como tributo a Netzahualcóyotl 2000 guerreros para que contendieran en las guerras floridas. La narrativa sería correcta si se estuviera hablando de San Andrés de Chiautla; esto es, de nueva cuenta se mezclan eventos confusos.
La historia remota de Chiautla de Tapia data de hace 3000 años, con la presencia de grupos olmecas. Es posible que investigaciones arqueológicas lleven a encontrar estos vestigios; muchos de estos grupos vivían cerca de los cerros o en las laderas, como se puede apreciar en Chalcatzingo, Morelos y en Teopantecuanitlán, Guerrero. Resulta casi imposible desentrañar la continuidad histórica de épocas notablemente antiguas; es decir, la de encontrar alguna secuencia que haga referencia al surgimiento, desaparición y fusión de culturas, que se ubicarían en el tiemplo, incluso, antes del preclásico de Mesoamérica.
Las referencias históricas aisladas nos hacen afirmar que muchos siglos después hubo en la región asentamientos nahuas, así como la influencia de señoríos mixtecos. Según Paul Kirchhoff la frontera norte de la Mixteca quedo fijada cuando en 1174 los señoríos mixtecos reciben de los cholultecas una serie de terrenos entre cuyos linderos meridionales se nombran los pueblos de Acatlán, Chiautla, Petlalcingo, Chila y Sosola. La cita es relevante y confirma la existencia previa de Chiautla, así como de sus pueblos y de sus estancias; también confirmaría la presencia de grupos nahuas desde el año 1000 de nuestra era, tal como se narra en la versión de Torquemada:
“(…) y visto estas gentes que en Tulla no se podían sustentar…fueron a poblar Cholulla…Llevaron consigo a Quetzalcóatl, quien salió de Tullan, donde habitó muchos años con sus gentes: de las cuales envió desde allá…a poblar toda la mixteca baja y alta…”
La referencia de Kirchhoff permite entrever la importancia de los pueblos salineros, quienes abastecían a las metrópolis dominantes del Valle de México. La sal, además de que era un ingrediente indispensable en la dieta y en la conservación de alimentos, tenía un uso ritual; de modo que era uno de los tributos indispensables que exigían los señoríos y pueblos dominantes. Esta etapa culminó en el periodo prehispánico con el ascenso del imperio mexica.
Durante el periodo colonial español la exigencia tributaria continuó, ya que la sal de los pueblos de Chiautla y de la Mixteca Baja se convirtió en un insumo indispensable en el beneficio de la plata, mediante el sistema de patio.
La cita de Torquemada, por su parte, nos hace concebir que fueron los toltecas los que difundieron el náhuatl como una lengua franca en Mesoamérica, siendo básico para el intercambio político, económico y cultural; extendiéndose en un considerable espacio geográfico, desde el Valle de México hasta Centroamérica. El náhuatl fue incluso una lengua predominante en algunos señoríos de la alta mixteca; además de que la influencia o predominio de los señoríos mixtecos no fue a grado tal, como para que en lo general las poblaciones de la Baja Mixteca adoptaran el Tu’un Savi.
La prevalencia del náhuatl en la región fue significativa, a finales del siglo XVII y durante el primer cuarto del siglo XVIII el religioso, catedrático y gramático novohispano, Manuel Pérez escribió “El arte del idioma mexicano”. Pérez se instaló y vivió en el convento de San Agustín de Chiautla de la Sal durante cinco años, a partir de 1696, donde perfeccionó su náhuatl y se familiarizó con el náhuatl local. La obra gramática del religioso es sobresaliente, su particularidad es que no se sustenta en el idioma mexicano que se hablaba en Texcoco o en Tenochtitlán o en las localidades colindantes del Valle de México, sino en la variante náhuatl que se hablaba en la Baja Mixteca y en los pueblos que hoy forman parte de los Estados de Morelos, Guerrero, así como en los pueblos del Suroeste del Estado de México. Casi todo este territorio lingüístico estuvo sujeto a la evangelización agustina.

Debe señalarse que Chiautla de la Sal si estuvo integrado al sistema tributario de la Triple Alianza (Tenochtitlán, Tlacopan y Texcoco). Históricamente no formó parte de la provincia tributaria de Quiauhteopan, a la cual si estuvo integrada Coetzala. El Códice de Coetzala que data del siglo XVI se utilizó en 1748 para resolver un litigio entre este pueblo y el de Santa Mónica, fijando los límites y la posesión del territorio del pueblo de “Nuestra Señora de la Limpia Concepción de Coetzala” establecidos por un señor local llamado Quetzaltototl. En el mismo código queda también claro que Coetzala se incluía dentro de provincia tributaria de Quiauhteopan que abarcaba una extensa región de Guerrero y Puebla y que se caracterizaba por su riqueza minera.
Durante el periodo mexica, entonces, la Chiautla de la Baja Mixteca formaba parte de los dominios de la Triple Alianza; sin embargo, por su posición estratégica como paso comercial entre el Balsas y la Sierra Mixteca y siendo la sal un producto de primera importancia en la región, sí estaba obligada a dar tributo. La hipótesis sería que al no existir un registro que aclare su pertenencia a una provincia tributaria, lo más probable es que estuviera bajo la influencia y control directo mexica.
San Andrés Chiautla en el periodo prehispánico fue señorío de Texcoco y la corta distancia entre los dos pueblos indican una relación histórica estrecha y entrelazada. La narrativa prehispánica no sólo habla de una relación tributaria, sino de una convivencia histórica trascendente. Ahí, en 1413, Netzahualcóyotl es escondido por su padre Ixtlilxóchitl Ometochtli antes de ser asesinado por Tezozómoc, gobernante de Azcapotzalco.
Chiautla de Tapia, en consecuencia, es una población con asentamientos de grupos nahuas que datan cuando menos del año 1000 d.C., que estuvo bajo la influencia de los señoríos mixtecos, pero que conservó su identidad cultural y lingüística. En efecto, formó parte de la Triple Alianza y de su sistema tributario, siendo un corredor comercial importante y un proveedor de la sal que se producía en los pueblos de su jurisdicción. Es posible, inclusive, que se concentrara en ese Altépetl la sal de otros pueblos aún más distantes. Debe quedar claro que no fue un señorío texcocano y desecharse que estaba sometido directamente al régimen tributario de Texcoco.
La encomienda y Alonso de Grado
La encomienda fue una institución colonial, mediante a la cual se asignaban grupos indígenas a un español encomendero. Este teóricamente tenía la obligación de protegerlos y evangelizarlos a cambio de recibir tributos y servicios personales. En la realidad, la encomienda se convirtió en un esquema de explotación humana llena de expoliaciones y de abusos. En esa confusión histórica entre la Chiautla de la Baja Mixteca y la Chiautla texcocana, se menciona a Alonso de Grado, en forma indistinta, como primer encomendero de una y otra población.
Debe decirse que Alonso de Grado participó activamente en la conquista de México con Hernán Cortés; formando parte del séquito de conquistadores desde 1519. Fue regidor en Veracruz y por sus roces continuos con otros conquistadores fue enviado preso a España en 1523. Regresó a México (a la Nueva España) entre 1524 y 1525 y participó en la expedición de las Hibueras (Honduras). En 1525 se casó con Isabel de Moctezuma, hija del Huey Tlatoani Motecuhzoma Xocoyotzin. Poco después Cortés lo nombró visitador de la Nueva España, muriendo en 1527.
Otras crónicas describen a Alonso de Grado como un hombre pendenciero y problemático, con conflictos reiterados con otros españoles y con el propio Cortés. Su carácter conflictivo es expuesto por Bernal Diaz de Castillo, quien lo califica como un hombre frívolo y ligero de cascos. Pese a su carácter bravucón, sus excesos y sus enfrentamientos, muere por causas naturales en la Nueva España.

Las referencias históricas de Alonso de Grado datan de la primera etapa de la conquista y de la colonización española, por lo que lo más probable es que la encomienda otorgada por Cortés esté más bien relacionada con la Chiautla texcocana. Pudo haber existido algún contacto con la Chiautla de la Baja Mixteca durante esta fase aciaga inicial, pero los anales históricos, sobre todo, el Código de Tzicatlán, refieren que la presencia efectiva y generalizada de los españoles en la región limítrofe de la Baja Mixteca se dio entre 1525 y 1527, misma que se profundizó a partir de 1533 o 1535 con la evangelización agustina.
No es de dudarse que en Chiautla de Tapia (la Chiautla de la Sal de la Baja Mixteca) se hubiese implantado el sistema de encomiendas, pero existe un claro vacío en el señalamiento de quien fue el primer encomendero. En dado caso interesa más hablar sobre la existencia del altépetl de Chiautla en la época inmediata anterior a la colonización española, así como de la narrativa del contacto con los españoles y con los frailes agustinos y de la configuración consecuente de una república de indios. Temas que se tocarán en el siguiente capítulo.
Sólo me anticipo a comentar que la historia de Chiautla de Tapia es grandiosa.
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(1) Dahigren, Barbro, La Mixteca su Cultura e Historias Prehispánicas. Universidad Nacional Autónoma de México, p.95
(2) Ibidem,p.61.

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