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La batalla del Molino del Rey y sus héroes olvidados

Actualizado: 14 sept 2025

Gildardo Cilia López

Batalla del Molino del Rey, 8 de septiembre de 1847
Batalla del Molino del Rey, 8 de septiembre de 1847
Las desavenencias y las diferencias recurrentes en nuestra historia han hecho mucho daño. Tanto a Santa Anna como a Álvarez, enemigos acérrimos, se les olvidó que estaban peleando por una causa común: ¡qué estaban combatiendo por el destino de la patria!

El 8 de septiembre de 1847, lo mejor del ejército mexicano y un nutrido grupo de ciudadanos se enfrentaron valerosamente a las tropas estadounidenses frente al “Molino del Rey“, una edificación construida en el periodo virreinal, ubicada en los límites de Chapultepec.


El “Molino del Rey" contaba con un acueducto que ofrecía un buen abrigo para los valientes defensores. A un kilómetro más o menos de distancia se encontraba el alcázar de Chapultepec, donde se apostaron los cañones del ejército mexicano.


Al amanecer inició la estridencia, los cañones del ejército invasor realizaron tiros sobre el campamento mexicano. Los cañones y la batería mexicana respondieron ferozmente al temible fuego enemigo.


La respuesta de la infantería mexicana fue sorprendente ante los diferentes avances de las tropas estadounidenses. La contra carga fue cuerpo a cuerpo, con armas de fuego y blancas, logrando alcanzar notables éxitos.


Tras rechazar al ejército enemigo, nuestra infantería embistió de tal forma que estuvo a punto de llegar a las líneas enemigas ubicadas en las lomas de Tacubaya. Sin embargo, retrocedió al no verse secundada por el resto del ejército, particularmente, por la  caballería.


El contraataque intrépido de la infantería nacional obligó al General Winfield Scott a relevar a uno de sus mandos y a reorganizar a su ejército. Las tropas estadounidenses volvieron a cargar pero se encontraron con una defensa férrea; tornándose el combate más intenso y desesperado, terriblemente sangriento. Las tropas de pie repelieron el ataque, obligando al ejército invasor a retirarse, sintiéndose vencido.


Era de esperarse que ante el avance de los cuerpos de infantería se presentara, cerrando la pinza, la división de caballería al mando del General Juan N. Álvarez, misma que se encontraba resguardada en la “Hacienda de los Morales". De su oportuna intervención dependía que se obtuviera una victoria contundente, clave para el interés nacional. La caballería comandada por un general sin suficientes bríos no atacó; tampoco lo hizo el General Santa Anna que detuvo su avance al observar la inacción de Álvarez.


General Juan Álvarez
General Juan Álvarez

Las desavenencias y las diferencias recurrentes en nuestra historia se hicieron presentes, originando un gran daño. Santa Anna y Álvarez eran enemigos acérrimos; se les olvidó que estaban peleando por una causa común: ¡qué estaban combatiendo por el destino de la patria!


Luego llegaron las justificaciones, tratando de evadir su responsabilidad histórica. Santa Anna acusó, por su pasividad, de cobardía a Álvarez y a su vez este criticó la ineptitud del alto mando, por no dar con claridad las órdenes y escoger un terreno poco propicio para el ataque de la caballería.


La infantería mexicana agotada por su monumental esfuerzo fue cediendo terreno y se retiró hacia Chapultepec. Continuó el fuego de los cañones enemigos y uno a uno fueron cayendo los edificios (los molinos) en donde se realizaron las acciones defensivas de la batalla.


Cuando el ejército invasor tomó una de las edificaciones: “La Casa Mata", una bala de cañón dirigida desde Chapultepec estalló en el centro de la estructura, matando a varios de sus oficiales y soldados. El impacto fue del tal magnitud que obligó a las tropas estadounidenses a regresar a su cuartel, ubicado en Tacubaya.


Con el oportunismo que siempre le caracterizó, Santa Anna arribó después de la batalla, ordenando repicar las campanas en la Ciudad de México, en señal de victoria. Sin embargo, el desánimo cundía en las tropas mexicanas porque se había perdido la oportunidad de alcanzar un triunfo que concebían definitorio, como en ciertos momentos pensaban se iba a lograr.

Antonio López de Santa Anna
Antonio López de Santa Anna

El ejército estadounidense tuvo grandes pérdidas: 58 jefes y oficiales y 725 clases de tropas muertos y más de 1100 heridos. Por el lado del bando mexicano se contabilizaron 769 bajas, entre muertos, heridos y prisioneros, incluyendo 51 jefes y oficiales.


La defensa había sido heroica pero la victoria pírrica. Lo mejor de nuestro ejército había sido abatido y habían muerto hombres grandiosos; entre ellos, el General Antonio de León y los coroneles Lucas Balderas y Gregorio Gelati. Su sacrificio permanece casi en el olvido en nuestra memoria histórica; siendo del todo injusto: se trata de hombres que lucharon hasta con su último aliento por la patria. ¡Merecen la inmortalidad!


Coronel Lucas Balderas
Coronel Lucas Balderas

Cinco días después – el 13 de septiembre de 1847 – el ejército estadounidense tomó el Castillo de Chapultepec ante la valerosa pero débil defensa de los cadetes del Colegio Militar. El país invasor había vencido y con gran pesar la patria iba a ser cercenada.


La lectura de la batalla de “Molino del Rey" obliga a pensar que sólo con la unidad se pueden alcanzar objetivos y prerrogativas que nos dignifican; que las divisiones laceran gravemente al país. El ejército invasor era poderoso, empero, nuestras discordias internas fueron la causa que explican la derrota final y la mutilación del suelo patrio.


Hay que recordar el pasado para superar nuestras carencias y necesidades. La unidad nacional es el factor indispensable para que nuestro pueblo alcance una vida digna y para hacer realizables nuestras magníficas utopías: democracia, progreso, justicia y soberanía.

 


Calle de Balderas, 1913, Ciudad de México
Calle de Balderas, 1913, Ciudad de México

 

 

 
 
 

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